Conozca las ciudades brasileñas que celebran la flor de cerezo y entienda por qué los samuráis veían en esos pétalos un símbolo de su propia existencia.
La presencia de la flor de cerezo en suelo brasileño es un legado directo del flujo migratorio japonés iniciado en el siglo XX, motivado por acuerdos entre Japón, que enfrentaba desempleo, y Brasil, que expandía su industria cafetera.
Hoy, estos árboles —que alcanzan entre 6 y 10 metros de altura— se transforman en polos turísticos durante el invierno, especialmente en julio y agosto.
Ciudades como Garça, en el interior de São Paulo, llegan a atraer a 130 mil visitantes para admirar la floración, un número que triplica la población local.
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El evento no solo dinamiza la economía, sino que sirve como un «(…) símbolo de resistencia de un pueblo que fue atacado y sufrió prejuicios», según define la geógrafa Vitória Alves de Morais.

Dónde encontrar la flor de cerezo en Brasil
A diferencia del hemisferio norte, donde la floración ocurre en marzo, en Brasil las «sakuras» dependen del clima frío de las regiones Sur y Sudeste para despertar.
La especie Prunus serrulata es la más adaptada a nuestro territorio, tiñendo parques y plazas con tonos de blanco y rosa.
A continuación, enumeramos los principales destinos para quienes deseen apreciar el fenómeno:
- São Paulo (SP): Destacan el Parque do Carmo y el Parque Ibirapuera. En el Parque do Carmo, las fiestas se celebran tradicionalmente entre finales de julio y principios de agosto.
- Campos do Jordão (SP): El Parque das Cerejeiras realiza celebraciones en fines de semana específicos de julio y agosto.
- Curitiba (PR): La Plaza Tsunessaburo Makiguti es uno de los puntos icónicos de la capital paranaense.
- São Roque (SP): El Parque Bunkyo Kokushikan ofrece un ambiente inmersivo en la cultura nipona.
- Garça (SP): Realiza uno de los festivales más expresivos del estado, celebrando la conexión histórica con la caficultura.

El Hanami y la visión de los samuráis
La práctica de contemplar la flor de cerezo se llama hanami. Aunque la costumbre se ha vuelto democrática y festiva en los tiempos actuales, su origen en el siglo IX, durante el período Heian, estaba restringido a la aristocracia.
Lilian Mitsuko Yamamoto, especialista de la USP, relata que los nobles plantaban los árboles para «contemplarlos y hacer referencia a la planta en poemas y pinturas. Antes de eso, el hábito se hacía con los ciruelos, pero estos eran típicos de China».
Con el paso de los siglos, la fragilidad de la flor pasó a ser asociada al código de honor de los guerreros. El hecho de que la floración durara solo 15 días antes de caer servía de lección espiritual.
“Es un símbolo de la efimeridad de la vida, que no sería un desperdicio morir en la flor de la edad, como podría suceder a los guerreros”, explica Lilian Yamamoto.

Renovación y cultura a través de la flor de cerezo
Además del aspecto histórico y militar, la planta conlleva una connotación de vitalidad para las nuevas generaciones. Al florecer al inicio de la primavera en Japón, es un signo de nuevos comienzos y abundancia.
Según Janie Garcia da Silva, máster en Botánica por la UFF, esta conexión es visual y emocional: «Por ser coloridas y breves, representan la vida para los japoneses».
Además, los festivales en Brasil ofrecen una inmersión cultural completa que incluye:
- Presentaciones de Taiko (tambores tradicionales japoneses);
- Gastronomía típica con platos de temporada;
- Música y danzas que remiten a las provincias de los inmigrantes;
- Comercialización de productos artesanales inspirados en la flor.

El desafío de la naturaleza y el clima
A pesar de ser un evento anual, predecir el momento exacto en que la flor de cerezo se abrirá es una tarea difícil.
Vitória Alves de Morais observa que, en Garça, las fechas se basan en estimaciones, pero la naturaleza no siempre colabora, haciendo que las flores aparezcan antes o después de los festivales.
Por lo tanto, para el brasileño que desea ver las sakuras, el secreto es seguir de cerca el pronóstico del tiempo en invierno y estar listo para el breve e inolvidable espectáculo de la naturaleza.

Con información de la Revista Casa e Jardim

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