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Acuíferos desplomándose, sumideros de carbono saturándose y el dengue avanzando hacia nuevas latitudes: un informe con 70 investigadores y más de 150 especialistas advierte que el clima y la biodiversidad han entrado en un ciclo de destrucción mutua que amenaza la energía, el agua, la salud y el trabajo a escala global.

Escrito por Valdemar Medeiros
Publicado el 01/05/2026 a las 11:50
Actualizado el 01/05/2026 a las 11:53
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Informe Ten New Insights in Climate Science 2025/2026 muestra cómo el calor extremo, acuíferos, dengue, biodiversidad y economía forman una crisis climática sistémica.

Según Global Sustainability, el informe Ten New Insights in Climate Science 2025/2026, publicado en febrero de 2026 por Cambridge University Press, es la edición más completa de la síntesis anual que, desde 2019, identifica los avances científicos más relevantes para políticas climáticas. El documento fue producido por 70 investigadores, con contribuciones de más de 150 especialistas de instituciones de todos los continentes, y cubre investigaciones publicadas entre enero de 2024 y junio de 2025.

Lo que distingue la edición de 2025/2026 no es solo la severidad de los diagnósticos individuales, sino la convergencia de múltiples sistemas en deterioro simultáneo. Los diez insights documentan problemas que podrían parecer independientes en una lectura superficial: temperatura oceánica, acuíferos subterráneos, dengue, productividad económica, biodiversidad, sumideros de carbono y políticas de remoción de CO₂.

El informe muestra, con precisión creciente, que estos problemas no son independientes. Son manifestaciones conectadas de la misma crisis sistémica, vistas desde diferentes ángulos. Y las políticas climáticas diseñadas para resolver cada una por separado están, de forma recurrente, dejando escapar la interacción entre los sistemas.

Calor récord en 2023 y 2024 dejó una herencia climática que va más allá de la temperatura media global

El primer insight del informe establece el contexto para todos los demás: 2023 y 2024 fueron los dos años más cálidos jamás registrados en la historia instrumental, rompiendo récords con márgenes que sorprendieron incluso a modelos climáticos considerados pesimistas. Pero el punto central identificado por los investigadores va más allá del número de la temperatura media global.

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El desequilibrio energético de la Tierra, diferencia entre la energía solar que entra y la energía infrarroja que sale, está en un nivel elevado y creciente. Esto significa que el planeta está acumulando calor a una velocidad que la temperatura de superficie por sí sola no puede mostrar.

Gran parte de este calor excedente va a los océanos, que han absorbido más del 90% del calentamiento global adicional de las últimas décadas. El resto contribuye a derretir hielo, calentar la atmósfera y elevar la temperatura de los continentes.

La implicación de este desequilibrio energético elevado es directa: incluso si las emisiones de gases de efecto invernadero fueran reducidas a cero inmediatamente, el planeta continuaría calentándose durante décadas debido a la inercia del calor ya acumulado en los océanos. El sistema climático tiene un retraso de respuesta, y 2023 y 2024 indicaron que este retraso se está acortando, con el calor acumulado apareciendo en la superficie a una velocidad mayor de la que algunos modelos proyectaban.

Sumideros terrestres de carbono muestran señales de estrés y ponen en duda metas climáticas basadas en la absorción natural de CO₂

El tercer insight documenta un proceso que amenaza una de las suposiciones centrales de los acuerdos climáticos internacionales: los sumideros terrestres de carbono, como bosques, suelos y vegetación continental, están mostrando señales de estrés creciente. Estos sistemas absorben CO₂ de la atmósfera y funcionan como parte esencial del equilibrio climático global.

Datos de satélite de la ESA que rastrean el almacenamiento de carbono en ecosistemas del hemisferio norte muestran caída en la biomasa a partir de 2016, lo que puede señalar mayor liberación de carbono de la vegetación a la atmósfera.

La selva amazónica se convirtió en emisora neta de carbono

La selva amazónica se convirtió en emisora neta de carbono en 2023 por estrés hídrico y térmico, sin aumento de los incendios más allá del promedio histórico. Los bosques boreales en Siberia y Canadá, que habían sido sumideros consistentes durante décadas, están siendo revertidos por incendios de mayor intensidad asociados al calentamiento.

El problema sistémico es que los compromisos climáticos nacionales, las NDCs presentadas por los países al Acuerdo de París, se calculan con base en estimaciones de absorción por sumideros naturales que pueden estar volviéndose menos confiables.

Si los sumideros absorben menos de lo que los modelos asumen, las metas de emisiones necesitan ser más ambiciosas para alcanzar el mismo resultado climático. Es como un fondo de ahorro que pasa a rendir menos de lo esperado: el depósito es el mismo, pero el retorno climático disminuye.

El clima y la biodiversidad forman un ciclo de retroalimentación que hace ineficaz tratar ambas crisis como problemas separados

La cuarta conclusión es una de las más importantes del informe y también una de las más subestimadas en el debate público: el clima y la biodiversidad no son dos crisis paralelas.

Son dos caras del mismo sistema de retroalimentación. El calentamiento climático altera la distribución de especies, las sincronías fenológicas y los regímenes de perturbación, reduciendo la biodiversidad. La pérdida de biodiversidad, a su vez, debilita los ecosistemas que regulan el clima.

Este mecanismo está cada vez más documentado. Los ecosistemas degradados reducen su capacidad de actuar como sumideros de carbono, alteran el ciclo hídrico y se vuelven más vulnerables a los incendios.

Los ambientes más vulnerables a los incendios liberan más carbono. Más carbono calienta más el planeta. Más calentamiento reduce más la biodiversidad. El ciclo se cierra, y cada vuelta de la retroalimentación aumenta la dificultad de estabilización.

La implicación política es directa. Las tres Convenciones de Río, sobre Cambio Climático, Biodiversidad y Desertificación, fueron negociadas por separado, tienen secretarías separadas, financiaciones separadas y ciclos de revisión separados.

Los países presentan las NDCs climáticas y los NBSAPs de biodiversidad como documentos distintos, generalmente desarrollados por ministerios diferentes y con poca coordinación.

El informe identifica esta fragmentación como un obstáculo central: es imposible interrumpir la retroalimentación entre el clima y la biodiversidad con políticas que traten ambos como problemas independientes.

Los acuíferos subterráneos están disminuyendo más rápido en un mundo con lluvias intensas, sequía prolongada y bombeo creciente

La quinta conclusión destaca un problema que muchos análisis climáticos aún tratan como secundario: el agotamiento de los acuíferos subterráneos se está acelerando globalmente, y el clima es uno de los principales motores de este proceso.

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Los acuíferos proporcionan aproximadamente el 50% de toda el agua doméstica del mundo y más del 40% del agua de riego global, lo que los convierte en una infraestructura natural invisible para ciudades, agricultura y seguridad alimentaria.

La recarga de estos acuíferos depende de la infiltración de la precipitación a través del suelo, un proceso que puede llevar meses o años entre la lluvia que cae y el agua que llega al nivel freático. Cuando el régimen de lluvias cambia, con menos eventos suaves y más lluvias intensas y breves, la tasa de infiltración disminuye incluso si el volumen total de precipitación se mantiene.

Las lluvias intensas escurren antes de infiltrarse. Las lluvias suaves se infiltran progresivamente. El calentamiento también eleva la evapotranspiración, reduciendo aún más la cantidad de agua que llega a los acuíferos.

El informe documenta consecuencias en cadena: pozos secándose, ríos perdiendo flujo base cuando los acuíferos rebajados dejan de alimentarlos, subsidencia del suelo en ciudades donde el bombeo compacta sedimentos e intrusión de agua salada en acuíferos costeros cuando el descenso del nivel freático permite el avance del mar.

El agotamiento de los acuíferos amenaza directamente la seguridad alimentaria, porque compromete el riego que sustenta una parte relevante de la producción agrícola tropical y subtropical, precisamente en las regiones más expuestas al estrés climático.

El dengue se ha convertido en un termómetro del calentamiento global y muestra cómo el clima ya rediseña la salud pública

La sexta conclusión utiliza el dengue como uno de los indicadores más concretos y perceptibles de cómo el calentamiento climático ya está alterando la salud pública global.

En 2024, la Organización Mundial de la Salud reportó 14,2 millones de casos de dengue, el mayor brote global jamás registrado en la serie histórica. El número real probablemente sea mayor, ya que la propia OMS reconoce que los casos reportados representan una subestimación significativa debido a las limitaciones de diagnóstico y notificación en muchos países.

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En 2025, la expansión geográfica del dengue hacia latitudes que antes no registraban transmisión local confirmó el cambio en curso.

Regiones del sur de Europa mediterránea, del sur de los Estados Unidos y áreas de altitud elevada en América Latina comenzaron a estar más expuestas al vector. El Aedes aegypti está colonizando nuevos territorios porque el calentamiento ha hecho que estos ambientes sean más habitables durante más meses del año.

El mecanismo es preciso. El Aedes aegypti tiene una ventana de temperatura ideal para supervivencia, reproducción y transmisión viral. Temperaturas por debajo de 16°C o por encima de 35°C limitan su actividad. El calentamiento desplaza esta ventana hacia altitudes mayores y hacia latitudes más cercanas a los polos.

Al mismo tiempo, acorta el período de incubación extrínseca del virus dentro del mosquito, haciendo que los mosquitos infectados se conviertan en transmisores más rápidamente. Brasil, que ya concentra gran parte de los casos globales de dengue, aparece como estudio de caso detallado en el informe.

El estrés térmico reduce la productividad laboral y afecta con más fuerza a los países tropicales que menos contribuyeron al calentamiento

El séptimo insight conecta el diagnóstico ambiental con la economía global de forma directa. El estrés térmico causado por el calentamiento climático está reduciendo la productividad laboral y los ingresos en una escala mensurable. Esta pérdida económica es mayor precisamente en los países que menos contribuyeron al problema y que más necesitan recursos para adaptarse a él.

El mecanismo fisiológico está bien establecido. Cuando la temperatura del aire combinada con la humedad supera los límites que el cuerpo humano puede compensar mediante la transpiración, la capacidad cognitiva y física disminuye, el riesgo de enfermedades relacionadas con el calor aumenta y las horas de trabajo al aire libre o en ambientes no climatizados deben reducirse por seguridad. Trabajadores agrícolas, de la construcción, de la pesca artesanal y de servicios externos, bases importantes de las economías tropicales, están entre los más expuestos.

El informe cuantifica pérdidas significativas de horas de trabajo y producción económica en países tropicales y subtropicales a lo largo del siglo, con impactos directos sobre trabajadores expuestos y efectos indirectos sobre cadenas de suministro y comercio internacional.

La ironía documentada por los autores es estructural: los países más afectados por la pérdida de productividad causada por el calentamiento son, en general, los que tienen menor capacidad fiscal para invertir en adaptación, como aire acondicionado industrial, sistemas de alerta temprana e infraestructura de salud.

La eliminación de CO₂, los créditos de carbono y las políticas climáticas aisladas no resuelven una crisis que funciona como un sistema integrado

El informe cierra con insights sobre soluciones, incluyendo la eliminación de CO₂ de la atmósfera y combinaciones efectivas de políticas de mitigación. El punto común es directo: ninguna tecnología o política funciona aisladamente para revertir el conjunto de problemas documentados por los otros insights. La eliminación de dióxido de carbono por captura directa, forestación o alteración de rocas tiene potencial real, pero enfrenta desafíos de escala, costo y verificación.

Los mercados de crédito de carbono, mecanismo de financiamiento central para muchas estrategias de eliminación, enfrentan desafíos sistémicos de integridad.

Estudios publicados en 2024 y 2025 identificaron que una fracción significativa de los créditos emitidos no representa eliminación real de CO₂, ya sea porque proyectos forestales no alcanzaron las proyecciones, o porque contabilizaron reducciones de deforestación en comparación con escenarios hipotéticos que nunca se concretarían independientemente del crédito.

El insight sobre combinaciones de políticas efectivas es quizás el más pragmático. La investigación acumulada sobre reducción de emisiones muestra que no existe una medida única suficiente.

La fijación de precios del carbono, las regulaciones de eficiencia, los subsidios para tecnologías limpias y los estándares de información interactúan de formas que pueden reforzarse o contradecirse, dependiendo del contexto institucional y económico en el que se apliquen. La conclusión es que las políticas fragmentadas no pueden responder a una crisis sistémica.

Lo que los diez insights climáticos muestran sobre el fracaso de tratar clima, agua, salud, biodiversidad y economía como problemas separados

Lo que unifica los diez insights es la misma conclusión que aparece en informes como el Planetary Health Check 2025 y el State of the Climate Report: los sistemas en deterioro, clima, biodiversidad, acuíferos, salud pública y productividad económica, están interconectados de formas que las políticas actuales aún no capturan adecuadamente. La crisis no se organiza por ministerios, sectores o planillas separadas.

Tratar cada uno de estos temas de forma aislada puede parecer administrativamente más simple, pero es insuficiente dada la naturaleza del problema.

El calentamiento afecta al dengue, el dengue presiona los sistemas de salud, el calor reduce la productividad, la pérdida de productividad disminuye la capacidad de adaptación, los acuíferos en descenso comprometen la irrigación y los ecosistemas degradados reducen la capacidad de absorción de carbono.

El informe no propone una solución única. Propone una condición previa a cualquier solución: reconocer que el problema es sistémico. Respuestas fragmentadas a un problema sistémico son, matemáticamente, insuficientes. La pregunta que queda es si los gobiernos seguirán tratando el clima, el agua, la biodiversidad, la salud y la economía como crisis separadas o como partes de un mismo sistema en deterioro acelerado.

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Valdemar Medeiros

Formado em Jornalismo e Marketing, é autor de mais de 20 mil artigos que já alcançaram milhões de leitores no Brasil e no exterior. Já escreveu para marcas e veículos como 99, Natura, O Boticário, CPG – Click Petróleo e Gás, Agência Raccon e outros. Especialista em Indústria Automotiva, Tecnologia, Carreiras (empregabilidade e cursos), Economia e outros temas. Contato e sugestões de pauta: valdemarmedeiros4@gmail.com. Não aceitamos currículos!

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