La trayectoria de Kleber muestra cómo los brigadeiros vendidos en la calle se convirtieron en una concurrida pastelería, con un fuerte servicio de delivery, tienda física, redes sociales y planes de expansión para 2026
Una trayectoria emprendedora marcada por carisma y persistencia ha ganado protagonismo en São Paulo en los últimos años. En 2014, Kleber Adair Neves da Silva tenía 20 años y vendía brigadeiros en la calle Augusta para complementar sus ingresos, mientras conciliaba su rutina con un empleo en el ayuntamiento. Una década después, dirige la Doces de Ouro, una pastelería instalada en la misma dirección donde comenzó y que hoy factura R$ 2,5 millones al año. El crecimiento llama la atención porque la tienda registra filas en las madrugadas de viernes y sábado, funcionando hasta las 4 de la mañana y atrayendo a clientes que circulan por la región.
La venta en las calles marcó el inicio de la marca
La historia comenzó con brigadeiros vendidos directamente al público de la calle Augusta y, por ello, el enfoque personal tuvo un papel decisivo en la construcción de la marca. Kleber afirma que bailaba, bromeaba y hacía una especie de marketing propio para conquistar compradores. La estrategia, según él, cautivaba a la gente y también hacía la rutina más feliz. Durante el día, el emprendedor vendía pasteles en frasco; por la noche, volvía a las calles con sus brigadeiros, contando con el apoyo de su madre, su hermana y un amigo. Cuando se dio cuenta de que ganaba más con los dulces que en su trabajo fijo, decidió dedicarse totalmente al negocio.
La pandemia abrió camino al delivery
El giro se produjo en 2020, cuando la pandemia cerró bares de la región y redujo el movimiento en las calles. La interrupción de las ventas presenciales podría haber frenado el negocio, pero Kleber migró al delivery y encontró un nuevo camino de crecimiento. En solo 15 días, la operación facturó R$ 14 mil. Cuatro meses después, las ventas mensuales alcanzaron los R$ 100 mil, impulsadas por aplicaciones y redes sociales. Para el emprendedor, el delivery se convirtió en un punto de inflexión, ya que sería imposible vender en las calles el mismo volumen alcanzado por las entregas.
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La tienda física consolidó Doces de Ouro
El avance de las entregas llevó a Kleber a abrir un modelo take-away en Bela Vista, pero la calle Augusta siguió siendo la dirección más simbólica para la marca. En 2022, inauguró la tienda física de la Doces de Ouro en el antiguo punto de venta, transformando el lugar en un referente para quienes buscan dulces durante la madrugada. El espacio pasó a concentrar la mayor parte de la facturación y fortaleció la presencia de la pastelería en la región. El funcionamiento hasta las 4 de la mañana también acercó la marca al público que sale de las discotecas y anima el barrio los fines de semana.
El menú refuerza la identidad de la pastelería
El menú de Doces de Ouro reúne los brigadeiros clásicos y productos que han ganado un fuerte atractivo entre los clientes. Entre los destacados se encuentran la coxinha de brigadeiro con fresa, el pastel de merengue y el famoso pastel Matilda, inspirado en la película. Este año, Kleber afirma que hizo las recetas más ligeras y grandes, defendiendo que el cliente merece comer mejor y sin escatimar en el tamaño de las porciones. Esta elección refuerza la identidad de la pastelería y ayuda a explicar la formación de filas en la puerta de la tienda.
Las redes sociales sustentan el crecimiento
Las redes sociales siguen siendo uno de los principales pilares de la marca, ya que fue en ellas donde Kleber comenzó a contar su historia y a ampliar el alcance de la pastelería. La exposición digital atrajo a influencers, artistas y nuevos clientes a la Doces de Ouro, fortaleciendo la imagen del negocio. Actualmente, la empresa cuenta con 15 empleados y prepara una nueva fase de expansión. Para 2026, el emprendedor planea reformar la tienda, abrir nuevas unidades y duplicar la facturación.
El futuro de Doces de Ouro
La trayectoria de Kleber llama la atención porque el negocio creció en el mismo lugar donde comenzó. Antes, vendía brigadeiros en la calle Augusta para complementar sus ingresos; ahora, ve filas en la puerta de su propia pastelería. Para el emprendedor, volver al mismo punto y encontrar clientes esperando en la acera es surrealista. La historia muestra cómo el carisma, la adaptación y la presencia digital ayudaron a transformar una venta callejera en una marca millonaria.
¿Cuántos negocios logran volver al punto de partida y transformar una acera en símbolo de éxito?

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