Expedición por la peligrosa Dalton Highway cruza Alaska hasta Prudhoe Bay, donde el encuentro con un lobo negro marca el comienzo oficial de la Ruta Panamericana.
Desde que enviaron su furgoneta del Reino Unido a Canadá, Ben y Chesca esperaban ansiosamente el momento de enfrentar una de las carreteras más remotas y peligrosas del mundo. A bordo de un vehículo de camping con tracción solo en las dos ruedas, la pareja decidió desafiar la infame Dalton Highway para alcanzar el extremo norte de Alaska. La ruta es conocida por su clima impredecible, agujeros profundos y la constante presencia de camiones pesados que sirven a los campos petroleros.
El viaje de 400 millas hasta Prudhoe Bay no es solo una prueba de resistencia mecánica, sino el punto de partida de un proyecto mucho más grande.
Al llegar a la cima del continente, el plan es darse la vuelta y no parar hasta alcanzar Ushuaia, en Argentina.
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Sin embargo, para iniciar oficialmente la Ruta Panamericana, necesitarían primero sobrevivir a las condiciones brutales que hicieron célebre a la infame Dalton Highway en programas como «Ice Road Truckers».
Preparación para el aislamiento extremo
La logística para enfrentar este recorrido exigió una planificación meticulosa, ya que los servicios a lo largo de la carretera son casi inexistentes.
Ben y Chesca llevaron un tanque de combustible adicional con 20 litros de diésel, además del tanque lleno, garantizando autonomía para llegar hasta la parada de abastecimiento en Deadhorse.
La escasez de recursos eleva los precios en la región, con el combustible costando casi el doble del valor convencional, llegando a alrededor de 8 dólares por galón.
La seguridad fue reforzada con tecnología y suministros adicionales. Como casi toda la extensión de la carretera no tiene señal de celular, la pareja instaló una antena Starlink para la comunicación de emergencia.
También almacenaron comida para cinco días y aseguraron suministros para los perros, Scout y Rivers, para diez días. El agua adicional fue almacenada dentro de la furgoneta para evitar que se congelara, ya que la previsión indicaba temperaturas bajo cero.
Encuentros con la vida salvaje y peligros de la pista

Justo al inicio del sendero, la pareja fue alertada por una trabajadora local sobre la presencia activa de la fauna. La previsión se confirmó de manera emocionante cuando se encontraron cara a cara con un lobo negro.
El animal se acercó mucho al vehículo y tuvo contacto visual directo, un momento que hizo llorar a Chesca por la belleza y rareza de la escena.
Además del lobo, la región mostró huellas que parecían ser de grandes felinos y rebaños de caribús cruzando la tundra.
La conducción en la infame Dalton Highway exigió atención constante. Aunque algunos tramos de asfalto estaban sorprendentemente lisos, permitiendo velocidades de hasta 50 mph, otros presentaban baches y superficies irregulares.
El riesgo de daños al parabrisas causados por piedras lanzadas por camiones es alto en esta ruta. Para intentar mitigar esto, Chesca adoptó una técnica curiosa, apoyando la mano en el vidrio al cruzar con vehículos pesados, en un intento casi «Jedi» de evitar grietas.
El desafío del Atigun Pass

El punto crítico del viaje fue la travesía del Atigun Pass, el paso carretero más alto de Alaska. Al dejar las montañas Brooks Range, la carretera se volvió más técnica, húmeda y resbaladiza debido al barro y al ángulo de las curvas.
La tensión aumentó con el riesgo de avalanchas, potenciado por el derretimiento de la capa superior de nieve debido al calentamiento gradual de la estación.
Superar esta etapa significó descender hacia la vasta tundra ártica, donde el paisaje se nivela hasta el horizonte.
El oleoducto Trans-Alaska se convirtió en un compañero visual constante, serpenteando por el paisaje como una cicatriz metálica cortando roca, hielo y tundra.
El cambio de escenario fue drástico: el cielo azul claro dio lugar a una neblina densa y misteriosa a medida que se acercaban al destino final, recordando el «escondite de un villano».
Llegada a Deadhorse y celebración helada
Al alcanzar Deadhorse y Prudhoe Bay, el escenario industrial contrastó con la naturaleza salvaje del recorrido.
El frío era intenso, congelando las tuberías de la furgoneta y haciendo que la sensación térmica fuera brutal debido al viento. A pesar de las condiciones adversas y de la visibilidad reducida por la niebla helada, el sentimiento era de triunfo absoluto.
Para celebrar el éxito en la infame Dalton Highway y el inicio oficial del descenso hacia Argentina, la pareja abrió una botella de champán guardada desde Nueva Escocia.
Este hito simboliza el comienzo de la Ruta Panamericana, donde la única dirección posible ahora es hacia el sur. Dejan el invierno ártico atrás, listos para un viaje que cruzará todo el continente americano hasta el fin del mundo.
¿Tendrías el valor de enfrentar una carretera remota en Alaska sin señal de celular y con temperaturas congelantes? Deja tu opinión en los comentarios!


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