En España, carreteras con energía geotérmica pasiva usan cobre bajo el asfalto, sensores IoT vía LoRaWAN y calor del suelo para reducir hielo y disminuir dependencia de sal, bombas y electricidad externa. La prueba en Ávila elevó el pavimento en 1,5°C a 2°C en las noches frías del invierno.
Las carreteras pueden ganar una nueva solución contra el hielo en invierno: energía geotérmica pasiva bajo el asfalto, monitoreada por sensores IoT y pensada para reducir el uso de sal. Investigadores probaron el sistema en España, sin bombas, electricidad externa o productos químicos convencionales.
El experimento se realizó en Ávila, una de las regiones frías del interior español, en un ambiente externo controlado. La propuesta no es derretir nieve como un calentador tradicional, sino elevar la temperatura del asfalto en pocos grados, lo suficiente para disminuir la posibilidad de formación de hielo negro en condiciones cercanas a 0°C.
Cómo el asfalto usa calor del suelo sin electricidad externa
La tecnología funciona con un principio simple: el subsuelo mantiene una temperatura más estable que la superficie durante el invierno. El sistema utiliza ese calor natural para transferir energía hasta la parte inferior del pavimento.
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En el prototipo, los investigadores instalaron intercambiadores verticales de cobre a cerca de 1 metro de profundidad, conectados a una rejilla de difusión térmica posicionada justo debajo de la capa de asfalto. El cobre fue elegido por su alta capacidad de conducción de calor.
La gran diferencia en comparación con otros sistemas calefactados es que no hay bombeo activo. El calor sube por conducción, aprovechando el gradiente natural entre el suelo y la superficie de la pista.
Esto hace que la solución sea interesante para tramos críticos de carreteras, como puentes, áreas sombreadas, curvas peligrosas y puntos donde el hielo suele aparecer antes de que los conductores se den cuenta.
Prueba comparó dos tramos de pavimento lado a lado

Para medir el desempeño, los investigadores construyeron dos secciones de prueba, cada una con aproximadamente 2 metros por 1 metro. Una de ellas fue hecha como pavimento convencional, sin refuerzo térmico. La otra recibió el sistema geotérmico pasivo.
Las dos secciones quedaron lado a lado, expuestas a las mismas condiciones de frío, viento, humedad y variación de temperatura. Esto permitió comparar el comportamiento de cada una con mayor precisión.
El objetivo era entender si la sección calentada por el suelo podría mantener temperaturas más altas que el tramo común, especialmente en las noches frías, cuando el riesgo de hielo es mayor.
El estudio deja claro que se trata de un prototipo a escala piloto, aún sin tráfico real sobre el pavimento. Por lo tanto, la tecnología necesita avanzar para pruebas mayores antes de ser aplicada en carreteras en operación.
Sensores IoT monitorearon la pista en tiempo real,

Además de la parte física, el sistema fue equipado con sensores de temperatura a diferentes profundidades. La red usó tecnología LoRaWAN, común en aplicaciones IoT de bajo consumo, para transmitir datos en tiempo real.
Los sensores midieron la temperatura cerca de la superficie, en capa intermedia y en profundidad mayor. También hubo medición de la temperatura ambiente, permitiendo cruzar el comportamiento del pavimento con las condiciones externas.
Este monitoreo continuo es una parte importante de la propuesta. En lugar de tratar todas las vías de la misma forma, los gestores podrían seguir tramos específicos y actuar con más precisión en momentos de riesgo.
Los datos también fueron validados con termómetros de contacto e imágenes térmicas, reforzando que el tramo experimental realmente mantuvo áreas más calientes por encima de la rejilla de difusión.
Pavimento subió de 1,5°C a 2°C en las noches frías
Durante el período de monitoreo, el tramo con sistema geotérmico presentó un aumento promedio de 1,5°C a 2°C cerca de la superficie en las noches más frías, en comparación con el tramo de control.
Este aumento puede parecer pequeño, pero es relevante en situaciones cercanas a la congelación. Cuando la superficie está cerca de 0°C, pocos grados pueden separar una pista mojada de una pista con hielo casi invisible.
En eventos de helada a finales de diciembre, el tramo convencional llegó a cerca de -3°C en la superficie, mientras que la sección experimental se mantuvo más cerca de -1°C. La tecnología no eliminó totalmente el frío, pero redujo la probabilidad de formación de hielo.
Para carreteras en regiones de invierno moderado, este tipo de ganancia térmica puede ser suficiente para aumentar la seguridad en puntos críticos, especialmente durante madrugadas y primeras horas de la mañana.
Sistema busca reducir uso de sal en las carreteras

El estudio parte de un problema conocido: el uso de sal y otros agentes químicos para combatir hielo en las carreteras es eficiente en muchos casos, pero trae costos ambientales y económicos.
Sales de deshielo pueden contribuir a la corrosión de vehículos, estructuras metálicas y concreto armado. También pueden contaminar suelos, aguas superficiales y acuíferos, además de afectar vegetación cercana a las vías.
La propuesta geotérmica intenta reducir esta dependencia química. Al calentar el pavimento de forma pasiva, el sistema podría disminuir la necesidad de aplicaciones frecuentes de sal en tramos sensibles.
Esto no significa sustituir todo el mantenimiento de invierno. La idea es complementar estrategias existentes, principalmente donde el hielo recurrente aumenta el riesgo de accidentes y exige intervenciones constantes.
A pesar de los resultados prometedores, el estudio señala limitaciones. El rendimiento depende de las características del suelo, la humedad, el clima local y la duración de los períodos de frío intenso.
En regiones con inviernos muy severos y temperaturas extremadamente bajas durante largos períodos, el calor disponible en el subsuelo puede no ser suficiente por sí solo. En estos casos, los investigadores indican que futuras soluciones híbridas, combinando calefacción pasiva y sistemas de baja energía, podrían ser evaluadas.
También está el desafío de la escala. Un tramo de 2 metros por 1 metro en un ambiente controlado es muy diferente de una carretera real, con tráfico pesado, cargas repetidas, desgaste, drenaje y mantenimiento operativo.
Por eso, las próximas fases deben involucrar pruebas en áreas más grandes, evaluación de durabilidad, análisis de costo y estudio del comportamiento estructural del pavimento bajo condiciones reales de servicio.
Puentes, curvas y áreas sombreadas pueden ser los primeros objetivos

La aplicación más probable no sería calentar miles de kilómetros de carreteras enteras, sino puntos críticos. Puentes, viaductos, curvas sombreadas y áreas donde el hielo negro aparece con frecuencia son candidatos más realistas.
Estos lugares concentran riesgo porque se enfrían más rápido, reciben menos sol o acumulan humedad. En ellos, una tecnología pasiva que eleva la temperatura del pavimento puede tener un impacto mayor.
El sistema también se alinea con la idea de carreteras inteligentes. Sensores IoT podrían avisar cuando la temperatura se acerca al punto crítico, permitiendo decisiones más rápidas sobre mantenimiento y seguridad.
Con datos en tiempo real, los gestores podrían evitar tratamientos innecesarios en tramos sin riesgo y concentrar recursos donde la condición realmente exige atención.
España prueba camino para mantenimiento de invierno más sostenible
El experimento en Ávila muestra que la ingeniería vial está buscando alternativas más limpias para lidiar con el hielo. En lugar de depender solo de camiones, sal y remoción mecánica, la investigación apuesta por calor almacenado en el propio terreno.
La tecnología aún está en fase inicial, pero los resultados indican que pequeñas ganancias térmicas pueden hacer diferencia en la seguridad vial. El desafío ahora es probar viabilidad económica, durabilidad y eficiencia a mayor escala.
Para países europeos sujetos a heladas, nieve y hielo invisible, soluciones de este tipo pueden convertirse en parte de una nueva generación de infraestructura adaptada al clima. En lugar de reaccionar al hielo después de que aparece, la pista podría reducir el riesgo antes de la formación.
¿Y tú, crees que carreteras con energía geotérmica pasiva podrían sustituir parte de la sal usada en invierno, o este tipo de tecnología aún parece demasiado distante para llegar a las carreteras comunes? Comenta tu opinión.

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