Investigación con ADN extraído de heces indica que los elefantes de Angola conocidos como “fantasmas” pertenecen a una línea genética aún no registrada en secuencias anteriores, ligada a poblaciones de Namibia y observada en una región aislada de altitud elevada.
ADN retirado de heces reveló que los elefantes de Angola conocidos como “fantasmas” forman una línea genética distinta en las tierras altas del este del país, con parentesco más cercano a poblaciones de Namibia, a cientos de kilómetros al sur.
Elefantes de Angola intrigaban a investigadores desde hace más de una década
La búsqueda comenzó con relatos locales sobre gigantes nocturnos en un área remota. Durante más de diez años, el biólogo conservacionista Steve Boyes siguió información sobre estos animales, descritos como raros, grandes y difíciles de observar.
En 2024, una cámara registró a los elefantes en Lisima Ly Mwono, en el este de Angola. A partir de este registro, Boyes buscó a científicos de Stanford para investigar quiénes eran esos animales.
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La región requirió una expedición difícil. El equipo necesitó cruzar ríos cargando motocicletas para alcanzar el área estudiada. La búsqueda y el análisis aparecen en un documental de National Geographic.
ADN de heces permitió investigar a los elefantes sin contacto directo
Boyes llevó muestras de heces al laboratorio de Dmitri Petrov, profesor de la Escuela de Humanidades y Ciencias de Stanford, y de Katie Solari, científica sénior del Petrov Lab y directora asociada del Programa de Genómica de la Conservación.
En el laboratorio, las muestras pasaron por una máquina usada para romper células y liberar ADN. El material extraído fue enviado para secuenciación genómica, permitiendo la lectura del genoma completo de los animales sin capturarlos o verlos de cerca.
Solari explicó que el método es útil cuando el animal es casi invisible para la observación directa. Cuando la muestra fecal está fresca, la capa externa de moco puede funcionar como una muestra de tejido.
El desafío es separar el ADN del animal de otros materiales presentes en las heces, como restos de la dieta, microbioma y parásitos. Aun así, la técnica proporcionó información para examinar ancestralidad, individuos, sexo y parentesco cercano.
Línea sorprende por conexión genética con Namibia
Después de obtener el genoma de los elefantes fantasmas, los científicos compartieron los datos con Carla Hoge, investigadora de posdoctorado de la Universidad de Chicago, en el laboratorio de John Novembre. Ella comparó las secuencias con datos de otros elefantes.
El equipo encontró una limitación importante: había poca información genética disponible sobre elefantes salvajes. Algunos individuos en cautiverio habían sido secuenciados, pero su origen ancestral no siempre era claro, reduciendo la utilidad de la comparación.
Para avanzar, Jordana Meyer y Solari pasaron meses recolectando muestras de sangre y tejido de otros elefantes de la región filmada. Esta base permitió evaluar si los animales de las tierras altas angoleñas estaban ligados a poblaciones conocidas.
El resultado sorprendió a los investigadores. Los elefantes se mostraron genéticamente distintos de cualquier población secuenciada en el estudio y más cercanos a los elefantes de Namibia que a los animales del Delta del Okavango, en Botsuana.
Misterio de Henry permanece sin confirmación genética
Boyes considera posible que los animales sean descendientes vivos de Henry, elefante muerto en Angola en los años 1950 y descrito como el mayor mamífero terrestre vivo jamás registrado. Sus restos están en el Museo Nacional de Historia Natural Smithsonian.
La hipótesis, sin embargo, no ha sido comprobada. Hasta ahora, la evidencia genética de Henry es el ADN mitocondrial, transmitido solo por la línea materna, y ese dato no conecta al animal histórico con los elefantes fantasmas.
Para los científicos, las muestras trajeron avances para la conservación. Petrov destacó que identificar individuos distintos ayuda a estimar el tamaño de la población sin perturbar a animales amenazados. La misma lógica fue aplicada por Solari en Pakistán.
La investigación también dialoga con estudios de ADN ambiental, material genético dejado por organismos en el agua, en el suelo o en el aire. La película registra una etapa de la investigación, pero el origen namibiano de los elefantes de Angola continúa abierta.

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