La nueva fábrica nace con 2 mil metros cuadrados y puede quintuplicar de tamaño, con obras a partir del segundo semestre de 2026. Detrás de la expansión hay una curiosidad poco conocida: el nombre Akmey fue formado a partir de los nombres japoneses de los tres hijos mayores de los fundadores, que comenzaron solo revendiendo productos textiles.
Un pequeño negocio familiar nacido en Gaspar, en Santa Catarina, se transformó en una de las principales referencias en biotecnología aplicada al sector textil, uno de los más contaminantes del planeta, y ahora prepara un nuevo salto. Akmey Biotecnología Textil anunció, el 22 de mayo de 2026, que abrirá una nueva fábrica en el municipio de Apiúna, en el Valle del Itajaí, con una estructura inicial de cerca de 2 mil metros cuadrados y potencial de expansión gradual hasta alcanzar 10 mil metros cuadrados, conforme al crecimiento de las operaciones.
El anuncio, divulgado por la administración municipal de Apiúna, prevé que las obras comiencen en el segundo semestre de 2026, con un cronograma estimado en cerca de dos años y medio para la conclusión de la nueva unidad industrial. La llegada de la empresa es vista como estratégica para la economía local, por la expectativa de generación de empleos, fortalecimiento del sector productivo y atracción de nuevas inversiones. La trayectoria de Akmey, que salió de un negocio familiar de representación para conquistar mercados dentro y fuera de Brasil, es el corazón de esta historia.
De negocio familiar en Gaspar a referencia en el sector
La historia de Akmey comenzó en 2003, en la ciudad de Gaspar, en Santa Catarina, cuando los fundadores montaron un negocio familiar de representación de productos para la industria textil. Un detalle curioso marca este origen: el nombre Akmey surgió de la unión de los nombres japoneses de los tres hijos mayores de la familia fundadora. La idea de crear la propia empresa nació de la observación de que muchos procesos textiles industriales tenían puntos a mejorar, con grandes desperdicios y uso intenso de productos químicos agresivos al medio ambiente.
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A partir de esta inquietud, la familia comenzó a investigar tecnologías más limpias y encontró en las enzimas una solución poco difundida en Brasil en la época. Lo que era un pequeño negocio familiar de representación se fue transformando en algo mayor. En 2008, la empresa trasladó la sede a Indaial, también en el Valle del Itajaí, y dejó de ser solo representante para convertirse en una industria productora de soluciones biotecnológicas, con laboratorio propio para desarrollar su portafolio de productos.
Cómo la biotecnología limpia una de las industrias más contaminantes
El sector textil es reconocidamente uno de los más contaminantes del mundo, debido al alto consumo de agua, energía y productos químicos en el procesamiento de los tejidos, además de la generación de efluentes. Es precisamente en este punto donde entra la tecnología de Akmey, basada en el uso de enzimas, que son proteínas naturales capaces de acelerar reacciones químicas. Al ser biodegradables y actuar a temperaturas más bajas, reducen la necesidad de calor y de insumos agresivos.
En la práctica, los procesos enzimáticos permiten preparar, blanquear y dar acabado a fibras naturales como el algodón consumiendo menos agua, vapor y energía, y sustituyendo químicos agresivos por alternativas sostenibles. Este fue el diferencial que sacó al negocio familiar del anonimato: al ofrecer beneficios ambientales y, al mismo tiempo, reducción de costos y mejora de calidad para las industrias textiles, Akmey encontró un nicho de mercado prometedor y en expansión en Brasil y en el exterior.
El giro que transformó el negocio familiar en S.A.
El punto de inflexión en la trayectoria del negocio familiar llegó en 2015, cuando Akmey recibió una inversión del fondo de innovación en medio ambiente FIMA, vinculado a la gestora KPTL. La inversión transformó la empresa en una sociedad anónima con diversos inversores y permitió reestructurar todo el parque fabril, consolidándola como referencia en soluciones e innovaciones biotecnológicas para el procesamiento textil.
La expansión también cruzó fronteras. En 2016, la empresa abrió una socia en Honduras, llamada Rethink, por donde parte de los fundadores comenzó a atender clientes de América Central. Akmey también marcó presencia en vitrinas internacionales del sector, como la feria ITMA de 2023, en Milán, Italia, una de las más grandes del mundo en tecnología textil. Así, lo que comenzó como un negocio familiar pasó a operar también fuera de Brasil, con productos orientados a la sostenibilidad de los procesos textiles.
Por qué Apiúna fue la ciudad elegida
La elección de Apiúna para la nueva fábrica refuerza la vocación industrial del Valle del Itajaí, región histórica del sector textil catarinense. Para el municipio, la llegada de la unidad representa una apuesta por el crecimiento sostenible y la atracción de empresas innovadoras, con la expectativa de generar empleos y mover la economía local en los próximos años, a medida que las operaciones se expandan.
El proyecto prevé un crecimiento escalonado, comenzando con cerca de 2 mil metros cuadrados de área construida y pudiendo llegar a 10 mil metros cuadrados, es decir, un potencial de quintuplicar su tamaño conforme a la demanda. Con obras previstas para comenzar en el segundo semestre de 2026 y conclusión estimada en cerca de dos años y medio, la nueva fábrica simboliza la continuidad de la expansión de un negocio familiar que supo unir innovación y sostenibilidad en uno de los sectores más tradicionales de Santa Catarina.
El peso del Valle del Itajaí en el sector textil
La elección de una ciudad del Valle del Itajaí no es coincidencia. La región es uno de los mayores polos textiles y de vestuario de Brasil, con ciudades como Blumenau, Brusque e Indaial concentrando industrias de hilado, tejido, tejido de punto y confección. Esta densidad industrial crea un ambiente fértil para empresas que, como Akmey, ofrecen tecnologías para hacer la producción textil más eficiente y menos contaminante.
Al instalar la nueva fábrica en Apiúna, Akmey se acerca aún más a este ecosistema productivo, lo que puede facilitar asociaciones, logística y atención a los clientes de la región. La presencia de un negocio familiar que se ha convertido en referencia internacional en biotecnología refuerza también la imagen del Valle del Itajaí como un polo no solo de producción textil tradicional, sino de innovación y sostenibilidad aplicadas a este sector estratégico para la economía catarinense.
La trayectoria de Akmey, de un pequeño negocio familiar de representación en Gaspar a una industria de biotecnología con presencia internacional, es un ejemplo de cómo la innovación y la sostenibilidad pueden caminar juntas. La nueva fábrica en Apiúna representa un capítulo más de esta historia de crecimiento, mostrando que es posible transformar uno de los sectores más contaminantes del mundo a partir de soluciones limpias, y que ideas nacidas en pequeñas ciudades de Santa Catarina pueden alcanzar el mercado global.
¿Conocías la historia de Akmey o de otros negocios familiares de Santa Catarina que se convirtieron en referencia internacional? ¿Crees que la biotecnología es el camino para hacer la industria textil más sostenible? Deja tu comentario, cuenta si trabajas en el sector textil del Valle del Itajaí y comparte el artículo con quienes se interesan por innovación, emprendimiento y desarrollo regional.

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