La misión Euclid reúne imágenes profundas del cielo para investigar estructuras invisibles del cosmos, combinando tecnología espacial, millones de galaxias observadas y datos que ayudarán a los científicos a estudiar la expansión del Universo.
El telescopio espacial Euclid, misión liderada por la Agencia Espacial Europea con participación de la NASA, volvió al centro de atención de la astronomía a medida que la comunidad científica se prepara para nuevas etapas del mapeo del llamado Universo oscuro.
La primera muestra pública de este levantamiento, divulgada por la ESA el 19 de marzo de 2025, identificó 26 millones de galaxias en solo una semana de observaciones de tres regiones profundas del cielo.
El conjunto de datos integra la fase inicial de una misión planeada para formar un amplio mapa tridimensional del Universo, con información sobre galaxias, materia oscura y energía oscura en diferentes períodos de la historia cósmica.
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La misión fue creada para investigar dos temas centrales de la cosmología moderna: la materia oscura y la energía oscura.
La primera no emite ni refleja luz, pero ejerce influencia gravitacional sobre galaxias y cúmulos.
La segunda es el nombre usado por astrónomos para referirse a la causa aún desconocida de la expansión acelerada del Universo.
Según la ESA, el Euclid busca medir estos efectos mediante la observación de miles de millones de galaxias a diferentes distancias.
Como la luz lleva tiempo para atravesar el espacio, cada objeto distante observado por el telescopio muestra una etapa anterior de la historia cósmica.
Los datos divulgados cubren 63 grados cuadrados del cielo, área equivalente a más de 300 lunas llenas vistas desde la Tierra.
Aunque representa solo una parte del levantamiento planeado, el material reúne galaxias, cúmulos, núcleos galácticos activos y candidatas a lentes gravitacionales, fenómenos usados para estimar la distribución de masa en el cosmos.
Entre las galaxias registradas en esta primera muestra, las más distantes están a hasta 10,5 mil millones de años luz.
Esto significa que la luz captada por el Euclid partió de estos objetos cuando el Universo era mucho más joven.
En la práctica, observar estructuras tan alejadas permite reconstruir diferentes fases de la evolución cósmica.
Telescopio Euclid y el mapa 3D del Universo
El Euclid fue lanzado en julio de 2023 e inició sus observaciones científicas de rutina el 14 de febrero de 2024.
El telescopio opera cerca del punto de Lagrange L2, a unos 1,5 millones de kilómetros de la Tierra, una región utilizada por misiones espaciales que necesitan estabilidad térmica y una amplia visión del cielo.
La misión nominal tiene una duración prevista de seis años, con posibilidad de extensión.
En ese período, la ESA espera observar más de 1,5 mil millones de galaxias y cubrir alrededor de un tercio del cielo, lo equivalente a aproximadamente 14 mil grados cuadrados.
El objetivo científico no se limita al registro de imágenes.
La misión fue planeada para producir un mapa tridimensional de la distribución de galaxias y materia en el Universo.
A partir de este levantamiento, los investigadores pretenden medir cómo se formaron las grandes estructuras cósmicas y cómo la expansión del Universo varió a lo largo del tiempo.
Este mapa usa la distancia como una forma de organizar el pasado cósmico.
Galaxias más cercanas muestran períodos más recientes, mientras que galaxias muy distantes revelan épocas anteriores.
La comparación entre estas capas permite analizar cambios en la expansión del Universo y en la formación de filamentos, cúmulos y vacíos de la llamada red cósmica.
De acuerdo con la ESA, el Euclid fue desarrollado para estudiar el llamado “Universo oscuro”.
La expresión reúne componentes que no pueden ser observados directamente con telescopios convencionales, pero dejan efectos medibles en la luz, la gravedad y la distribución de las galaxias.
Materia oscura y lentes gravitacionales
La materia oscura no se observa directamente porque no emite, absorbe ni refleja luz de forma detectable por los instrumentos actuales.
Su presencia, sin embargo, puede ser inferida por la gravedad ejercida sobre la materia visible y sobre la trayectoria de la luz.
Una de las principales técnicas usadas en este tipo de estudio es la lente gravitacional.
El fenómeno ocurre cuando la masa curva el espacio alrededor de sí y altera el camino recorrido por la luz de objetos más distantes.
Esta curvatura puede distorsionar, ampliar o multiplicar la imagen de una galaxia al fondo.
En casos más intensos, la lente gravitacional forma arcos luminosos o anillos de Einstein.
En situaciones más frecuentes, la deformación es discreta y no puede ser identificada solo por la observación directa de la imagen.
Por eso, los científicos usan software, mediciones estadísticas y grandes conjuntos de galaxias para detectar patrones de distorsión.
El gran volumen de datos del Euclid es una parte importante de este método.
Al comparar millones y, luego, miles de millones de galaxias, los investigadores pueden mapear dónde hay concentración de masa, incluida la masa que no emite luz.
Este proceso ayuda a estimar la distribución de la materia oscura alrededor de galaxias, cúmulos y estructuras mayores.
La primera tanda de datos también incluye la clasificación inicial de más de 380 mil galaxias y cerca de 500 candidatas a lentes gravitacionales.
Según la ESA, este trabajo combina inteligencia artificial, participación de científicos ciudadanos y revisión especializada, con el objetivo de preparar herramientas para análisis futuros.
Campos profundos del Euclid muestran galaxias distantes
La muestra divulgada por la ESA se concentra en tres campos profundos, regiones seleccionadas para recibir observaciones repetidas a lo largo de la misión.
La estrategia consiste en acumular más luz de estas áreas, lo que permite detectar objetos progresivamente más débiles y más distantes.
El principio es similar al de una exposición larga en fotografía.
Cuanto mayor es el tiempo de recolección de luz, mayor es la cantidad de detalles que puede aparecer en regiones muy tenues del cielo.
En el caso del Euclid, esta técnica se aplicará de forma planificada a lo largo de varios años.
Hasta el final de la misión nominal, cada una de estas regiones deberá ser observada varias veces.
Según la agencia europea, los campos profundos servirán tanto para estudiar galaxias distantes como para calibrar los datos del levantamiento más amplio del cielo.
Este tipo de observación tiene antecedentes importantes en la astronomía.
En 1995, el Telescopio Espacial Hubble produjo su primer campo profundo y reveló una gran cantidad de galaxias en una pequeña región aparentemente vacía del cielo.
El Euclid adopta otra escala de observación, combinando áreas profundas con un mapeo extenso.
La diferencia principal está en el diseño de la misión.
Mientras el Hubble tuvo un papel relevante en la observación detallada de regiones específicas, el Euclid fue diseñado para medir patrones estadísticos en grandes áreas del cielo.
Este enfoque permite investigar la distribución de la materia y la expansión cósmica en escala amplia.
Misión Euclid tiene participación de la Nasa
El Euclid es una misión europea construida y operada por la ESA, con contribuciones de la Nasa.
El consorcio científico reúne a más de 2 mil investigadores de cerca de 300 instituciones en 15 países europeos, además de Estados Unidos, Canadá y Japón.
La nave espacial posee un telescopio de 1,2 metros de diámetro y dos instrumentos científicos principales.
El VIS observa el Universo en luz visible, mientras que el NISP actúa en el infrarrojo cercano como cámara y espectrómetro.
La Nasa contribuyó con detectores para el NISP y participa a través de equipos científicos vinculados a instituciones de los Estados Unidos.
Centros asociados al Caltech y al Laboratorio de Propulsión a Chorro también apoyan investigaciones científicas y el archivo de los datos de la misión.
La próxima etapa pública del cronograma incluye nuevas liberaciones de datos.
El centro científico de la Nasa para el Euclid informa que una segunda divulgación rápida está prevista para el 24 de junio de 2026, mientras que la primera gran liberación de datos científicos, llamada DR1, está prevista para el 21 de octubre de 2026.
Hasta entonces, la primera muestra del Euclid ya permite dimensionar el volumen de información que la misión deberá producir.

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