Levantamiento hecho con datos de satélite amplió el mapa de lagos activos bajo la Antártida y ayuda a los científicos a observar movimientos de agua que ocurren lejos de la superficie congelada.
Científicos identificaron 85 lagos subglaciales activos bajo la capa de hielo de la Antártida, algunos ubicados a varios kilómetros de la superficie.
El descubrimiento fue hecho a partir de datos del satélite CryoSat-2, de la Agencia Espacial Europea, y elevó de 146 a 231 el número de lagos activos conocidos en el continente, según un estudio publicado en septiembre de 2025 en la revista Nature Communications.
Los lagos no fueron observados directamente.
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El equipo detectó estas formaciones mediante variaciones discretas en la altura de la superficie del hielo, que puede subir o bajar conforme el agua se acumula o escurre en la base de la capa congelada.
Este tipo de medición permite investigar áreas inaccesibles por métodos convencionales, de acuerdo con los investigadores.
El levantamiento analizó información recolectada entre 2010 y 2020 por el CryoSat-2, misión creada para monitorear el grosor del hielo marino polar y los cambios de altitud en grandes masas de hielo, como las de Groenlandia y la Antártida.
El satélite usa un altímetro de radar capaz de registrar pequeñas alteraciones en la elevación de la superficie helada.
Lagos subglaciales activos en la Antártida
Lagos subglaciales se forman cuando agua de deshielo queda acumulada entre el hielo y el lecho rocoso.
Este derretimiento puede ocurrir por la acción del calor geotérmico proveniente del interior de la Tierra y por la fricción generada cuando el hielo se desplaza sobre la roca.
Aunque permanecen ocultos bajo la superficie, estos reservorios forman parte de la dinámica de los glaciares.
Cuando el agua se mueve en la base de la capa de hielo, puede reducir la fricción entre el hielo y el suelo rocoso, favoreciendo el deslizamiento de la masa congelada hacia el océano, según los autores del estudio.
La investigación también identificó cinco redes interconectadas de lagos subglaciales y 25 agrupamientos de lagos.
En algunas áreas, los datos indican drenaje en un punto y llenado en otro, lo que sugiere circulación de agua por caminos aún poco conocidos bajo la capa de hielo antártica.
Cómo satélites identifican lagos bajo el hielo
Para localizar los lagos, el equipo analizó cambios específicos en la altura de la superficie de la Antártida.
Cuando un lago bajo el hielo se llena, la región sobre él puede elevarse; cuando el agua se drena, esa misma área puede hundirse.
La comparación de estos movimientos a lo largo de diez años permitió mapear los lagos y seguir ciclos de llenado y vaciado.
Sally Wilson, investigadora de doctorado de la Universidad de Leeds y autora principal del estudio, afirmó que observar estos eventos es difícil porque ocurren bajo cientos de metros de hielo y pueden llevar meses o años.
Según ella, antes de la investigación, solo 36 ciclos completos de llenado y drenaje habían sido registrados en el mundo; el nuevo estudio añadió 12 ciclos completos más, elevando el total a 48.
Los datos publicados en Nature Communications también registran 37 eventos completos de drenaje y 34 eventos completos de llenado durante el período analizado.
La mediana de duración de un drenaje completo fue de 2,2 años, mientras que el llenado llevó, en mediana, 3,5 años.
Por qué los lagos escondidos importan para la ciencia
El descubrimiento amplía el inventario de lagos activos bajo la Antártida y proporciona nuevos datos sobre el comportamiento del agua en la base de la capa de hielo.
Según los investigadores, este tipo de información ayuda a comprender cómo interactúan el hielo, la roca, el agua y el océano en regiones donde la observación directa es limitada.
Anna Hogg, profesora de la Universidad de Leeds y coautora del estudio, dijo en un comunicado de la Agencia Espacial Europea que las áreas de los lagos pueden cambiar durante diferentes ciclos de llenado o drenaje.
Para ella, el resultado indica que la hidrología subglacial de la Antártida es más dinámica de lo que se conocía anteriormente.
La distribución de los nuevos lagos también fue detallada por los autores.
De los 85 lagos identificados, 73 están en la Antártida Oriental y 12 en la Antártida Occidental.
Este dato amplía el registro de lagos activos en el este del continente, región que aparecía con menor presencia en los estudios anteriores.
Otro punto destacado en el estudio es la ubicación de algunos lagos en relación con la llamada línea de aterrizaje, área donde el glaciar deja de apoyarse en el lecho rocoso y comienza a flotar sobre el océano.
Seis lagos fueron identificados a hasta 8 kilómetros de esta zona, información considerada relevante por los investigadores para el estudio del flujo de hielo y de procesos asociados al derretimiento basal.
Agua bajo el hielo y el comportamiento de los glaciares
Modelos usados para estimar la contribución de las capas de hielo a la elevación del nivel del mar aún no incorporan plenamente la hidrología subglacial, según Sally Wilson.
La investigadora afirmó que mapear dónde y cuándo estos lagos están activos puede ayudar a medir el impacto del agua subterránea en la dinámica de los glaciares.
La presencia de agua bajo el hielo no significa, por sí sola, inestabilidad inmediata.
Lo que el estudio muestra es que parte de este sistema pasa por ciclos de llenado y drenaje capaces de alterar la interacción entre la capa de hielo y el lecho rocoso.
Para los autores, seguir estos procesos a lo largo del tiempo es necesario para mejorar modelos de hielo y proyecciones relacionadas con el nivel del mar.
No todos los lagos subglaciales están clasificados como activos.
Algunos son considerados estables porque no hay registro de ciclos conocidos de llenado y vaciado.
El Lago Vostok, el lago subglacial más grande conocido, se encuentra bajo la capa de hielo de la Antártida Oriental, debajo de cerca de 4 kilómetros de hielo, y tiene un volumen estimado entre 5.000 y 65.000 kilómetros cúbicos de agua, según la Agencia Espacial Europea.
La identificación de los 85 lagos activos añade nueva información a un sistema que permanece en gran parte inaccesible.
Como la superficie de la Antártida puede registrar señales de procesos que ocurren en la base de la capa de hielo, los datos de satélite se convierten en una herramienta central para seguir cambios sin perforación directa.
El levantamiento también refuerza la necesidad de observaciones continuas, de acuerdo con los científicos involucrados en la investigación.
Series largas de datos permiten comparar ciclos, identificar nuevas conexiones entre lagos y verificar si patrones de drenaje se repiten en diferentes regiones del continente.
Aún hay lagunas sobre los factores que inician determinados eventos de drenaje y sobre la frecuencia con que los ciclos se repiten.
El nuevo inventario, sin embargo, ofrece una base mayor para investigar cómo el agua circula bajo la Antártida y de qué forma este movimiento se relaciona con el comportamiento de los glaciares.
En un área donde gran parte de los procesos ocurre fuera del alcance visual, pequeñas variaciones medidas desde el espacio pueden indicar reservorios, canales y flujos de agua escondidos bajo kilómetros de hielo.

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