Gaia descubrió el mayor agujero negro estelar jamás identificado en la Vía Láctea, escondido cerca de la Tierra y prácticamente invisible.
En abril de 2024, científicos de la Agencia Espacial Europea anunciaron uno de los descubrimientos más sorprendentes de la astronomía moderna: un agujero negro gigantesco, prácticamente invisible y localizado relativamente cerca de la Tierra estaba escondido dentro de la Vía Láctea sin haber sido detectado directamente por décadas. Bautizado como Gaia BH3, el objeto posee aproximadamente 33 veces la masa del Sol y se encuentra en la constelación de Águila, a menos de 2 mil años luz del Sistema Solar.
El descubrimiento fue realizado usando datos del telescopio espacial Gaia, misión de la Agencia Espacial Europea creada para mapear la Vía Láctea con precisión sin precedentes. Según la ESA, se trata del mayor agujero negro de origen estelar jamás identificado en nuestra galaxia. Hasta entonces, objetos de este tamaño eran observados principalmente a través de ondas gravitacionales en colisiones ocurridas en galaxias muy distantes.
Lo más impresionante es que el Gaia BH3 no estaba emitiendo explosiones intensas de radiación, ni devorando materia de forma violenta como los agujeros negros normalmente retratados en películas y documentales. Estaba “dormido”, prácticamente invisible, escondido en el espacio profundo mientras una estrella compañera orbitaba a su alrededor. Continúa leyendo abajo para entender cómo el telescopio Gaia logró encontrar un objeto que no emite luz y por qué este descubrimiento puede cambiar el entendimiento sobre la formación de agujeros negros gigantes.
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El telescopio Gaia encontró el agujero negro al percibir que una estrella estaba “oscilando” de forma imposible
El Gaia no detectó el agujero negro directamente. Eso sería extremadamente difícil porque el objeto prácticamente no emite luz visible. En cambio, los científicos percibieron que una estrella en la constelación de Águila presentaba un movimiento extraño, como si estuviera siendo atraída por algo invisible extremadamente masivo.
Según la Agencia Espacial Europea, el Gaia BH3 fue descubierto porque el telescopio identificó una oscilación anormal en la trayectoria de la estrella compañera. Esta “oscilación” gravitacional indicaba que algún objeto invisible estaba orbitando junto a ella.
La misión Gaia está especializada precisamente en este tipo de medición. El telescopio puede rastrear la posición, velocidad y desplazamiento de miles de millones de estrellas con una precisión asombrosa. Pequeños cambios en el movimiento estelar pueden revelar la presencia de planetas, estrellas ocultas e incluso agujeros negros invisibles.
Fue exactamente eso lo que ocurrió. A medida que los científicos analizaban los datos de la futura liberación DR4 de Gaia, se dieron cuenta de que esa estrella estaba siendo influenciada por algo mucho más pesado que cualquier estrella común conocida.
Gaia BH3 posee una masa equivalente a 33 soles y se convirtió en el mayor agujero negro estelar conocido de la Vía Láctea
Tras análisis adicionales realizados con telescopios terrestres, los investigadores confirmaron que el objeto invisible poseía alrededor de 32,7 a 33 masas solares. Esto lo transformó inmediatamente en el mayor agujero negro de origen estelar jamás encontrado dentro de la Vía Láctea.
Según el Observatorio Europeo del Sur (ESO), el valor supera ampliamente la masa de los agujeros negros estelares tradicionales conocidos en la galaxia. Muchos agujeros negros detectados anteriormente poseen masas entre 5 y 15 veces la masa del Sol.

El Gaia BH3 entra en una categoría muy rara. Su tamaño se aproxima a los agujeros negros detectados por observatorios de ondas gravitacionales como LIGO y Virgo, responsables de registrar colisiones cósmicas gigantescas en galaxias distantes.
La ESA clasificó el objeto como un verdadero “gigante dormido”. El nombre surgió porque estaba relativamente cerca de la Tierra en términos astronómicos, pero permanecía prácticamente escondido debido a la ausencia de emisión intensa de radiación.
El agujero negro está relativamente cerca de la Tierra en escala cósmica y sorprendió a los astrónomos
Aunque 2 mil años luz parezcan una distancia absurda para los estándares humanos, en el contexto astronómico el Gaia BH3 está relativamente cerca. La Vía Láctea posee cerca de 100 mil años luz de diámetro, lo que hace del objeto un vecino cósmico comparativamente cercano.
Según la ESA, nadie esperaba encontrar un agujero negro tan masivo tan cerca del Sistema Solar. El investigador Pasquale Panuzzo, líder del estudio publicado en la revista Astronomy & Astrophysics, afirmó que este es el tipo de descubrimiento que un científico hace solo una vez en la vida.
La sorpresa fue aún mayor porque el agujero negro estaba prácticamente invisible. Muchos agujeros negros conocidos son descubiertos porque están “alimentándose” de estrellas cercanas y emitiendo enormes cantidades de rayos X. El Gaia BH3 no hacía eso.
Estaba en un estado llamado “dormido” o “inactivo”, en el cual prácticamente no existe acreción intensa de materia. Esto significa que no produce el brillo energético normalmente asociado a estos objetos extremos.
El Gaia BH3 probablemente nació de la muerte de una estrella colosal con más de 40 veces la masa del Sol
Los investigadores creen que el agujero negro se formó tras el colapso de una estrella gigantesca, con masa superior a 40 veces la del Sol. Cuando estrellas extremadamente masivas agotan su combustible nuclear, pueden explotar como supernovas y colapsar gravitacionalmente.
Según Reuters y la ESA, la composición química del sistema indica que esta estrella ancestral era extremadamente pobre en elementos pesados, condición conocida como “baja metalicidad”. Esto es importante porque estrellas así pierden menos masa a lo largo de la vida, permitiendo que dejen atrás agujeros negros mucho mayores.
Esta característica ayuda a explicar por qué el Gaia BH3 alcanzó una masa tan extrema. Modelos teóricos ya predecían que estrellas pobres en metales podrían generar agujeros negros gigantes, pero encontrar un ejemplo tan cercano sorprendió a los astrónomos.
El sistema también posee una estrella compañera relativamente antigua, con cerca del 76% de la masa del Sol, orbitando el agujero negro en una trayectoria altamente alargada.
El Gaia BH3 desafía parte de los modelos tradicionales sobre evolución estelar y formación de agujeros negros
El descubrimiento generó enorme interés porque pone presión sobre modelos actuales de evolución estelar. Muchos astrónomos creían que agujeros negros tan masivos serían extremadamente raros en la Vía Láctea moderna.
Según investigadores ligados al estudio, el Gaia BH3 demuestra que estrellas antiguas y pobres en metales pueden formar agujeros negros mucho mayores de lo que se imaginaba anteriormente. Esto acerca a la Vía Láctea a los fenómenos observados en colisiones de agujeros negros detectadas por ondas gravitacionales.
Otro detalle intrigante es el hecho de que el sistema parece pertenecer a una antigua corriente estelar llamada ED-2, probablemente remanente de un cúmulo destruido por la gravedad de la galaxia hace miles de millones de años.
Los investigadores también observaron que el sistema se mueve por la Vía Láctea en dirección opuesta al flujo típico de las estrellas de la galaxia, reforzando la idea de un origen inusual y muy antiguo.
El telescopio Gaia está creando el mayor mapa tridimensional de la Vía Láctea jamás producido por la humanidad
El descubrimiento del Gaia BH3 muestra el poder de la misión Gaia. Lanzado por la Agencia Espacial Europea en 2013, el telescopio espacial fue diseñado para mapear la posición y el movimiento de aproximadamente dos mil millones de estrellas.
El objetivo es construir el mapa tridimensional más preciso jamás hecho de la Vía Láctea. Para ello, el Gaia mide distancias, velocidades, brillo, composición química y desplazamientos minúsculos de objetos esparcidos por la galaxia.

Esa precisión permitió detectar el pequeño “balanceo gravitacional” causado por el Gaia BH3 en la estrella compañera. Sin instrumentos de este nivel, el objeto probablemente continuaría invisible.
La misión también ya ha descubierto ríos estelares, cúmulos antiguos, exoplanetas, estrellas hiperveloces y otros agujeros negros ocultos, como Gaia BH1 y Gaia BH2.
El Gaia BH3 es prácticamente invisible porque no está “devorando” materia como otros agujeros negros famosos
Gran parte de los agujeros negros conocidos fue descubierta a través de la emisión de rayos X extremadamente energéticos. Esto ocurre cuando el objeto atrae materia de una estrella cercana y forma un disco sobrecalentado a su alrededor.
El Gaia BH3 es diferente. Según observaciones realizadas incluso con el observatorio espacial Chandra, presenta actividad extremadamente baja. Esto significa que casi no existe materia cayendo en el agujero negro actualmente.
Por eso, el objeto permaneció escondido por mucho tiempo. Solo fue descubierto gracias a la influencia gravitacional sobre la estrella compañera.
Este detalle llevó a los científicos a plantear otra posibilidad impresionante: la Vía Láctea puede estar llena de agujeros negros gigantes “dormidos” que continúan invisibles porque no están emitiendo radiación intensa.
El descubrimiento sugiere que la galaxia puede esconder muchos otros “monstruos invisibles”
Los investigadores creen que el Gaia BH3 puede ser solo la punta del iceberg. Como la misión Gaia todavía está analizando miles de millones de estrellas, nuevos agujeros negros ocultos pueden aparecer en los próximos años.
Uno de los factores más importantes es que la estrella compañera del Gaia BH3 se volvió detectable justamente porque entró en una fase gigante, aumentando mucho su brillo. Esto facilitó la observación del movimiento causado por el agujero negro.
Según estudios publicados tras el descubrimiento, pueden existir muchos otros sistemas similares escondidos en la Vía Láctea, especialmente involucrando estrellas más débiles que aún no han podido ser analizadas con precisión suficiente. Esto significa que la galaxia puede contener una población entera de “gigantes invisibles” orbitando silenciosamente en el espacio profundo.
El Gaia BH3 mostró que aún existen objetos gigantes escondidos relativamente cerca de la Tierra
El descubrimiento del Gaia BH3 reforzó una de las ideas más fascinantes de la astronomía moderna: incluso dentro de nuestra propia galaxia, aún existen objetos extremos que permanecen prácticamente invisibles.
Un agujero negro con 33 veces la masa del Sol logró permanecer oculto relativamente cerca de la Tierra hasta que un telescopio especializado en mapear movimientos estelares percibió una pequeña oscilación gravitacional en una estrella distante.
El caso también mostró que la Vía Láctea probablemente aún guarda estructuras mucho más extrañas de lo que los científicos imaginaban, especialmente en regiones antiguas y poco exploradas de la galaxia.
Ahora, mientras el telescopio Gaia continúa analizando miles de millones de estrellas, los astrónomos creen que nuevos “monstruos invisibles” pueden surgir en los próximos años, cambiando nuevamente el entendimiento sobre los mayores objetos formados por la muerte de estrellas en el Universo.


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