Dos megaproyectos africanos compiten por espacio en una nueva ruta global del gas, en medio de la reducción de la dependencia europea de Rusia y los desafíos de financiación, seguridad y transición energética.
La búsqueda de Europa por nuevas rutas de gas avanzó con dos megaproyectos africanos que prevén conectar reservas de Nigeria al mercado europeo.
El movimiento ganó fuerza tras la invasión de Ucrania por Rusia, en 2022, cuando la Unión Europea aceleró medidas para reducir la dependencia energética de Moscú y amplió el interés por corredores provenientes del norte y del oeste de África.
Antes de la guerra, el gas ruso tenía un peso relevante en el abastecimiento europeo.
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Según la Comisión Europea, la participación de Rusia en las importaciones de gas de la Unión Europea cayó de 45% en 2021 a 12% en 2025, mientras que el volumen importado retrocedió de 152 mil millones a 36 mil millones de metros cúbicos en el mismo período.
El bloque europeo también estableció la eliminación gradual del gas natural licuado ruso hasta el final de 2026 y del gas por gasoducto hasta, como máximo, el 30 de noviembre de 2027.
Este cambio abrió espacio para que gobiernos africanos, empresas estatales de energía e inversores internacionales comenzaran a disputar rutas alternativas de suministro.
En este escenario, dos proyectos concentran atención: el Gasoducto Transahariano, liderado por Nigeria, Níger y Argelia, y el Gasoducto Atlántico Africano, asociado a Nigeria y Marruecos.
Ambos tienen potencial de alterar la logística del gas africano, pero aún dependen de financiación, seguridad regional, acuerdos políticos y adaptación a las metas de transición energética.
Gasoducto Transahariano avanza por el Sahara
El Gasoducto Transahariano entró en una nueva fase el 04 de junio de 2026, cuando Sonatrach, estatal argelina de petróleo y gas, anunció el inicio oficial de las obras del tramo argelino en Aoulef, en la provincia de Adrar.
La ceremonia contó con la participación de representantes de Argelia, Nigeria y Níger, además de la dirección de la propia compañía.
El proyecto prevé conectar el gas nigeriano al centro de Hassi R’Mel, en Argelia, uno de los principales polos de distribución del país.
A partir de esta estructura, el combustible podrá integrarse a la red argelina de transporte y a las rutas de exportación ya existentes, con posibilidad de envío a mercados internacionales, incluyendo Europa.
Según Enerdata, el Transahariano fue diseñado para tener 4.128 kilómetros de extensión y capacidad de transportar hasta 30 mil millones de metros cúbicos de gas por año desde Nigeria, pasando por Níger, hasta la costa mediterránea de Argelia.
El desarrollo involucra a la Nigerian National Petroleum Company, Sonatrach y la Nigerien Oil Products Company, conocida como Sonidep.
El cronograma, sin embargo, no avanza de forma uniforme entre los países involucrados.
Mientras Argelia inició la etapa en su territorio, Níger informó que pretende comenzar la construcción de su tramo de 720 kilómetros a principios de 2027, según declaración atribuida al ministro nigerino de Petróleo, Hamadou Tini, en cobertura de la agencia Anadolu.
Gasoducto Atlántico Africano apunta a ruta por Marruecos
La alternativa marroquí es más larga e involucra un número mayor de países.
El Gasoducto Atlántico Africano, también llamado Gasoducto Nigeria-Marruecos, está planeado para seguir por la costa oeste del continente y atravesar 13 países africanos, combinando tramos terrestres y marítimos.
El objetivo declarado del proyecto es permitir que el gas producido en diferentes puntos de África Occidental abastezca mercados locales y también llegue a España y otros destinos europeos.
La propuesta amplía la dimensión regional de la infraestructura, ya que parte del gas podría ser utilizado en los propios países de tránsito.
Según la publicación African Business, representantes de la Oficina Nacional de Hidrocarburos y Minas de Marruecos estuvieron en Washington, en mayo de 2026, en busca de financiamiento para el proyecto.
El reportaje afirma que la estructura tendría cerca de 6.900 kilómetros y capacidad anual de 30 mil millones de metros cúbicos, con la mitad de ese volumen destinado a mercados domésticos africanos.
Este diseño es relevante para los países involucrados porque la disputa no se limita a la exportación de gas a Europa.
Para los gobiernos africanos, la infraestructura también se presenta como una forma de ampliar la electrificación, abastecer industrias y reducir cuellos de botella históricos de acceso a la energía.
La Agencia Internacional de Energía estima que casi 600 millones de personas en África todavía viven sin acceso a la electricidad.
El dato ayuda a contextualizar por qué gasoductos de este tamaño son tratados por autoridades e instituciones del sector como instrumentos de desarrollo regional, además de corredores de exportación.
Financiamiento multimillonario pesa sobre los gasoductos africanos
El costo de los proyectos es uno de los principales factores de incertidumbre.
El Gasoducto Transahariano suele estimarse en el orden de decenas de miles de millones de dólares, mientras que el Gasoducto Atlántico Africano aparece en evaluaciones recientes como un emprendimiento de aproximadamente US$ 25 mil millones.
Por la escala de las obras, los dos proyectos requieren participación de Estados, empresas públicas, inversores privados e instituciones financieras multilaterales.
La necesidad de capital a largo plazo también aumenta la importancia de contratos estables, garantías políticas y reglas claras para la distribución de ingresos.
Un estudio publicado en el Journal of Geo-Energy and Environment describe el Gasoducto Atlántico Africano como una infraestructura transcontinental destinada a conectar reservas de África Occidental a redes del norte de África y a mercados europeos.
La investigación también señala asociaciones público-privadas y modelos de compartición de ingresos entre las estrategias evaluadas para viabilizar seguridad energética, cooperación regional y sostenibilidad.
La competencia entre los dos corredores tiene impacto geopolítico.
Argelia ya posee infraestructura de exportación ligada al Mediterráneo y busca ampliar su papel como proveedora para Europa.
Marruecos, por su parte, apuesta por una ruta atlántica capaz de integrar países de África Occidental y fortalecer su posición en negociaciones energéticas regionales.
Seguridad en el Sahel y transición energética desafían los proyectos
Los obstáculos no están restringidos al financiamiento.
El Gasoducto Transahariano atraviesa áreas sujetas a riesgos de seguridad en el Sahel, inestabilidad política y desafíos logísticos en el desierto.
La región incluye países que han pasado por tensiones institucionales recientes y áreas afectadas por grupos armados.
En el caso de la ruta atlántica, la complejidad se debe al número de países involucrados, la necesidad de acuerdos regulatorios y la combinación de tramos offshore y onshore.
Cuanto mayor sea la extensión de la infraestructura, mayor tiende a ser la exposición a retrasos, cambios políticos, disputas de gobernanza y dificultades de financiamiento.
La transición energética también influye en el análisis sobre la viabilidad a largo plazo.
El gas natural aún es tratado por muchos gobiernos y empresas como combustible de transición, pero políticas climáticas más estrictas en Europa pueden reducir la demanda en las próximas décadas.
Esta evaluación es citada por especialistas como uno de los riesgos para proyectos de infraestructura fósil de gran envergadura.
Para reducir este riesgo, investigadores y analistas del sector defienden que nuevos corredores de gas sean planificados con flexibilidad operativa.
Entre las alternativas discutidas están futuras adaptaciones para gases de bajo carbono, como el hidrógeno verde, aunque esta posibilidad aún depende de tecnología, financiamiento, demanda internacional y marcos regulatorios.
La Agencia Internacional de Energía Renovable ya identifica en el norte de África proyectos relevantes de hidrógeno, pero muchos aún están en fase inicial de viabilidad.
Por eso, la conversión de gasoductos o el uso compartido de infraestructura no debe ser tratado como resultado garantizado, sino como posibilidad condicionada a decisiones técnicas y económicas.
África gana espacio en la disputa global por energía
La reducción de la dependencia europea del gas ruso creó una oportunidad para países africanos productores y de tránsito.
Al mismo tiempo, la viabilidad de estos corredores dependerá de la capacidad de los gobiernos de transformar contratos de exportación en infraestructura, recaudación y abastecimiento interno.
Para que estos proyectos tengan efecto más allá del comercio internacional, será necesario definir reglas de reparto, mecanismos de financiamiento, garantías de seguridad y compromisos con el suministro local.
Sin estos elementos, el impacto en los países atravesados por las obras podría ser limitado.
Con acuerdos consistentes, los gasoductos pueden ampliar el margen de negociación de países africanos en el mercado global de energía.
También pueden reforzar la integración regional, siempre que los beneficios no se concentren solo en los puntos de producción y exportación.
La disputa entre las rutas por el Sahara y por el Atlántico muestra cómo la crisis energética europea pasó a conectarse directamente con la agenda de desarrollo africana.
El resultado dependerá menos del tamaño de las tuberías y más de cómo gobiernos, empresas y financiadores repartirán riesgos, ingresos y acceso a la energía.

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