Pensar en estar dentro de un submarino hundiéndose descontroladamente es aterrador. Pero, ¿qué sucede realmente cuando un submarino alcanza su profundidad máxima e implosiona? Vamos a entender este proceso aterrador y explorar el caso del submarino Ara San Juan.
La implosión de un submarino ocurre cuando la presión del agua alrededor supera la capacidad del casco de resistencia, causando su colapso. Este evento es rápido y devastador, dejando pocas posibilidades de supervivencia para la tripulación.
En 2017, el submarino argentino Ara San Juan desapareció a algunas centenas de kilómetros de la costa de Argentina. Su trágico destino fue revelado a través de análisis acústicos que identificaron la profundidad y el momento de su implosión.
Cuando un submarino implosiona, la presión del agua alrededor fuerza al casco a colapsar rápidamente
Este colapso ocurre en milisegundos y es tan rápido que la tripulación no tiene tiempo de sentir dolor. En el caso de Ara San Juan, se estimó que el casco de presión fue destruido en cerca de 40 milisegundos, un tiempo menor que el necesario para que el cerebro humano procese el dolor.
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La profundidad de la implosión puede ser estimada a través de lo que produce. Durante una implosión subacuática, una burbuja de gas dentro del submarino oscila, creando un pulso acústico que puede ser medido. En el caso del Ara San Juan, la frecuencia del pulso fue de aproximadamente 4,4 hertz, disminuyendo a una profundidad de implosión de aproximadamente 388 metros.
La energía liberada por el colapso del casco del Ara San Juan fue equivalente a la explosión de 12.500 libras de TNT.
La presión del agua a esa profundidad era de 570 psi, y el casco hubiera colapsado a una velocidad de más de 2.400 kilómetros por hora. Recuperar cuerpos de submarinos que implosionaron es prácticamente imposible. La fuerza de la implosión y la subsiguiente oscilación de la burbuja de gas destruyen completamente el interior del submarino, dejando pocos o ningún vestigio recuperable.
Aunque existen trajes especiales que permiten la fuga de submarinos hundidos hasta una profundidad de 182 metros, implosiones a profundidades mayores, como la del Ara San Juan, son fatales e instantáneas. Vehículos de rescate sumergibles, como los de la clase Priz, pueden rescatar tripulaciones de hasta 975 metros, pero son inútiles en casos de implosión.
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En la mayoría de los casos, como el del submarino ruso Kursk y el sumergible Titan en 2023, los intentos de rescate fallan debido a la profundidad extrema y a la presión abrumadora. En el caso del sumergible Titan, que visitó los restos del Titanic, la implosión ocurrió a una profundidad casi diez veces mayor que la del Ara San Juan, con presión del agua diez veces más alta en el momento del accidente. Los tripulantes del Titan probablemente no tuvieron tiempo de darse cuenta de lo que estaba sucediendo antes de la implosión.
La implosión de un submarino es un evento devastador e instantáneo. Comprender este aspecto nos ayuda a considerar los risgos involucrados en las operaciones subacuáticas y valorar las medidas de seguridad permitidas para proteger las vidas de los tripulantes.

