Lorena Zabala era madre y ama de casa hasta descubrir la bioconstrucción en Neuquén, Argentina. Con sus propias manos, levantó un domo de superadobe de 24 toneladas de tierra, sin hierro ni vigas, y hoy recorre el país enseñando la técnica, conocida como la «cantera de la tierra».
Una mujer sin formación en obras demostró que se puede levantar una casa solo con tierra. En Argentina, Lorena Zabala cambió la rutina de ama de casa por la bioconstrucción y levantó, con sus propias manos, un domo hecho con la técnica del superadobe. La historia fue contada por el diario argentino Río Negro.
El resultado es una cúpula resistente levantada casi sin material industrial. El domo utilizó cerca de 24 toneladas de tierra, sin hierro, vigas ni estructura metálica, solo sacos llenos de suelo y apilados en capas. Es un ejemplo concreto de cómo el superadobe transforma el suelo bajo los pies en vivienda.
Más que construir su propia obra, Lorena se convirtió en referencia y profesora. Apodada «cantera de la tierra», hoy viaja por diferentes provincias de Argentina dando cursos de bioconstrucción, enseñando a otras personas a levantar sus propios domos. A continuación, vea quién es ella y cómo funciona la técnica.
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Quién es Lorena Zabala, la «cantera de la tierra»

Su trayectoria comenzó lejos del mundo de la construcción. Lorena Deolinda Zabala nació en La Rioja y vive desde hace 22 años en Neuquén, en Argentina. Durante mucho tiempo, se dedicó a ser madre y ama de casa, sin ninguna conexión profesional con obras o arquitectura, hasta que se interesó por la bioconstrucción.
El contacto con el superadobe vino de la curiosidad y de la investigación. A partir de 2018, ella comenzó a buscar información sobre la técnica, aún escasa en Argentina en esa época. En enero de 2020, participó en un curso en la ciudad de Rosario, conducido por especialistas de Colombia, que la introdujeron de lleno al universo de los domos de tierra.
A partir de allí, el aprendizaje se convirtió en un camino sin retorno. Lorena se sumergió en el estudio de la bioconstrucción, juntando teoría y práctica hasta sentirse capaz de levantar su propia obra. El apodo de «cantera de la tierra» resume bien este giro: una mujer que aprendió, por su cuenta, a construir con el material más simple que existe.
Hoy, ella transformó ese conocimiento en oficio y misión. En lugar de guardar lo que aprendió, Lorena comenzó a difundir la técnica del superadobe, llevando la idea a quienes sueñan con tener su propia casa sin depender de ladrillo y cemento. Su historia muestra cómo una habilidad nueva puede cambiar completamente el rumbo de la vida de alguien.
El primer domo de superadobe: 24 toneladas de tierra

La obra que marcó el cambio fue levantada en 2023. Después de años de estudio y de retrasos causados por la pandemia, Lorena finalmente construyó su primer domo de superadobe, no en Neuquén, donde vive, sino en La Rioja, su provincia natal, a cientos de kilómetros de distancia. Fue allí donde la teoría se convirtió en una cúpula de verdad.
Los números de la construcción impresionan por su simplicidad. El domo tiene cerca de 5 metros de diámetro y 20 metros cuadrados de área, levantados con aproximadamente 24 toneladas de tierra. Todo ese peso se sostiene sin el uso de hierro, viga o cualquier estructura metálica, algo impensable en la construcción convencional.
El secreto está en la forma y en la técnica. La cúpula del superadobe distribuye el peso de manera tan eficiente que prescinde de columnas y vigas, apoyándose en la propia geometría. Las paredes gruesas de tierra hacen el resto, garantizando solidez a una obra hecha básicamente de suelo, sacos y trabajo manual.
Levantar sola una estructura de estas tiene un peso simbólico enorme. Probar que una sola persona, sin formación técnica, puede levantar un domo de 24 toneladas de tierra desmonta la idea de que construir siempre requiere grandes equipos y materiales caros. Fue esta prueba viva la que abrió para Lorena el camino de enseñar a los demás.
¿Qué es el superadobe y por qué ella lo eligió?

El superadobe es una técnica de bioconstrucción basada en sacos de tierra. En lugar de ladrillos, se utilizan largos sacos o tubos de tela llenos de suelo húmedo, apilados en capas y asegurados entre sí con alambre de púas. A medida que las filas suben y se cierran, va surgiendo la forma redondeada de un domo.
La técnica tiene un origen reconocido en la arquitectura mundial. Fue desarrollada por el arquitecto iraní Nader Khalili y llegó a ser estudiada por instituciones como la NASA, por unir simplicidad y resistencia. Las estructuras de superadobe son conocidas por soportar bien terremotos, tormentas e incluso fuego, gracias a las gruesas paredes de tierra.
Para Lorena, la elección tenía todo el sentido. Ella vio en el superadobe una forma accesible y eficiente de construir, usando un material que está literalmente bajo los pies. «Con la tierra, el material más abundante del mundo bajo nuestros pies, podemos construir casas, hogares totalmente eficientes y saludables. Casas vivas», dijo, según el Río Negro.
Esta visión une practicidad y propósito. En lugar de depender de una industria pesada de materiales, el superadobe apuesta por lo que es local, barato y natural. Para una bioconstructora como Lorena, esto significa poner la posibilidad de tener una casa al alcance de mucha más gente, sin renunciar al confort y la seguridad.
¿Por qué construir con tierra? Las ventajas del domo
La primera ventaja es el costo del material. Como la base del domo es la propia tierra del terreno o de la región, se gasta mucho menos que con ladrillo, cemento y acero. Para mucha gente, es precisamente este ahorro lo que hace del superadobe una alternativa real ante los altos precios de la construcción tradicional.
El confort térmico es otro punto fuerte. Las gruesas paredes de tierra mantienen la temperatura, haciendo que el interior del domo sea más fresco en el calor y más cálido en el frío, lo que reduce la necesidad de aparatos de climatización. En regiones de clima extremo, este comportamiento natural hace una gran diferencia en el día a día.
La resistencia impresiona a quien desconoce la técnica. A pesar de parecer frágil, una estructura de superadobe bien hecha es extremadamente sólida y duradera, capaz de enfrentar temblores e inclemencias que derrumbarían construcciones comunes. No es de extrañar que la técnica se estudie para áreas de riesgo y situaciones de emergencia.
Aún está el atractivo ambiental de la bioconstrucción. Usar tierra cruda, sin quema y casi sin material industrial, reduce el impacto ecológico de la obra y aprovecha un recurso renovable y abundante. Para quien busca una casa más sostenible, el dome de superadobe une bajo costo, durabilidad y respeto al medio ambiente.
Construir con tierra, sin embargo, exige técnica y cuidado. Un dome de superadobe necesita una buena fundación, protección contra la humedad y un acabado que selle las paredes, bajo riesgo de grietas e infiltraciones. Cuando se respetan estos detalles, la obra dura décadas; cuando se ignoran, el barro puede convertirse en un dolor de cabeza.
De ama de casa a bioconstructora: el cambio
El cambio de vida de Lorena fue construido paso a paso. No hubo un golpe de suerte, sino años de estudio, cursos e intentos hasta dominar el superadobe. Desde la primera investigación, en 2018, hasta el dome listo, en 2023, fue un recorrido largo, marcado por dedicación y por la paciencia típica de la bioconstrucción.
Ella misma resume el período como una inversión, no como tiempo perdido. «No perdí tiempo; estuve invirtiendo en conocimiento por amor a la tierra», afirmó Lorena al Río Negro. La frase muestra cómo ella encara su propia trayectoria: cada curso y cada intento fueron peldaños hacia el dominio de la técnica.
El resultado práctico fue la creación de un negocio propio. Lorena fundó el «El Campo La Deolinda», su emprendimiento de bioarquitectura, enfocado en la construcción de domos sostenibles y proyectos de glamping con enfoque bioclimático. Fue así que el aprendizaje se convirtió también en una fuente de ingresos y una marca personal.
Este camino transformó a la antigua ama de casa en una profesional solicitada. Hoy, Lorena es buscada por quienes quieren aprender la técnica o construir su propio dome, y su nombre circula en el medio de la bioconstrucción en Argentina. Su cambio profesional es, sobre todo, un ejemplo concreto de reinvención a través del conocimiento.
«El Campo La Deolinda» y el «Paraíso de Domos»
Los proyectos de Lorena muestran que la idea fue mucho más allá de una casa. Además de «El Campo La Deolinda», ella lleva a cabo un emprendimiento llamado «Paraíso de Domos», desarrollado en una propiedad de cerca de 79 hectáreas. La propuesta es crear un conjunto de domos de superadobe en medio de la naturaleza.
Estos espacios combinan vivienda, turismo y demostración de la técnica. Con enfoque bioclimático y uso de energías limpias, los domos sirven tanto para vivir como para recibir visitantes interesados en bioconstrucción y en experiencias de glamping. Es una forma de mostrar, en la práctica, que se puede vivir bien en casas de tierra.
La apuesta por el glamping no es casualidad. Alojamientos sostenibles en medio de la naturaleza están en auge, y los domos de superadobe combinan bien con este público, que valora confort, estética orgánica y bajo impacto. Para Lorena, es una forma de unir ingresos, difusión de la bioconstrucción y el contacto directo del visitante con la casa de tierra.
El modelo también funciona como vitrina viva del superadobe. Quien visita los proyectos de Lorena ve de cerca cómo se comporta una cúpula de tierra, siente el confort térmico y entiende las ventajas de la técnica sin depender solo de teoría. Este contacto directo suele convencer más que cualquier explicación.
Detrás de todo, hay una apuesta económica consciente. Al unir bioconstrucción, turismo y enseñanza, Lorena creó un negocio que sostiene su propio trabajo y aún difunde la técnica. El «Paraíso de Domos» es la prueba de que construir con tierra puede ser, al mismo tiempo, un sueño personal y un emprendimiento viable.
La cantera de tierra que enseña a toda Argentina
La faceta más destacada de Lorena quizás sea la de profesora. En lugar de guardar el conocimiento, ella viaja por diferentes provincias de Argentina dando talleres de superadobe, enseñando desde cero a quienes quieren aprender a levantar su propio domo. Es esta generosidad la que le valió el apodo de «cantera de tierra».
Los cursos ya han alcanzado varias regiones del país. Lorena lleva sus talleres a lugares como San Juan, San Luis y Buenos Aires, formando grupos de personas comunes interesadas en bioconstrucción. Muchos de estos alumnos sueñan con construir una casa barata y sostenible con sus propias manos, como ella hizo.
La demanda de los talleres acompaña la crisis de la vivienda. Con el precio de la construcción tradicional cada vez más alto, mucha gente ve en técnicas como el superadobe una salida accesible para tener la casa propia. Los grupos de Lorena reúnen desde familias enteras hasta jóvenes interesados en bioconstrucción y en un modo de vida más sostenible.
Enseñar la técnica tiene un efecto multiplicador poderoso. Cada persona que aprende a trabajar con superadobe puede transmitir el conocimiento y levantar nuevos domos, difundiendo la bioconstrucción por donde pasa. Así, el trabajo de Lorena va mucho más allá de las obras que ella misma firma.
También hay un mensaje de inclusión en esta historia. Una mujer que era ama de casa hoy dirige obras y da clases en un sector históricamente dominado por hombres, mostrando que la construcción con tierra puede ser realizada por cualquier persona dispuesta a aprender. La «pedrera de la tierra» se convirtió, así, en símbolo de autonomía.
¿Qué tiene que ver esto con Brasil?
Brasil tiene terreno fértil para la bioconstrucción, en todos los sentidos. Técnicas de construcción con tierra, como adobe, tapia y el propio superadobe, ya se utilizan y enseñan en diferentes regiones del país, en cursos, talleres y proyectos de vivienda sostenible. La historia de Lorena dialoga directamente con este movimiento creciente aquí.
Su ejemplo refuerza además el debate sobre mujeres en la construcción. En Brasil, al igual que en Argentina, crece el número de mujeres que asumen obras, obras y técnicas como el superadobe, rompiendo un sector tradicionalmente masculino. Ver a una «pedrera de la tierra» dirigir domos ayuda a inspirar este cambio.
Este movimiento ya tiene rostro aquí. En Brasil, existen colectivos y cursos de bioconstrucción liderados por mujeres, que enseñan adobe, superadobe y techos verdes en talleres. La iniciativa acerca la técnica a comunidades de bajos ingresos y, al mismo tiempo, abre espacio para más mujeres en la obra, repitiendo, en suelo brasileño, la trayectoria de la «pedrera de la tierra».
También está el atractivo de la resistencia a desastres. Como las estructuras de superadobe soportan bien terremotos, inundaciones y vientos fuertes, la técnica despierta interés para áreas de riesgo, algo relevante en un país que sufre con inundaciones y deslizamientos. Casas de tierra bien diseñadas pueden ser parte de la respuesta en regiones vulnerables.
Finalmente, queda la lección sobre acceso a la vivienda. En un Brasil con gran déficit habitacional, técnicas baratas y de bajo impacto, basadas en tierra local, ofrecen un camino posible para quienes no pueden construir de la manera tradicional. El domo de superadobe muestra que el conocimiento, más que el dinero, puede ser la clave para tener un lugar donde vivir.
¿Y tú, vivirías en un domo de tierra?
La trayectoria de Lorena Zabala muestra cómo una técnica simple puede cambiar una vida e inspirar a muchas otras. De ama de casa a bioconstructora, ella levantó sola un domo de superadobe con 24 toneladas de tierra, creó su propio negocio y hoy viaja por Argentina enseñando la «pedrera de la tierra». Todo esto usando el material más abundante que existe: el suelo bajo los pies.
¿Y tú, vivirías en una casa de tierra en forma de domo? Cuéntanos aquí en los comentarios qué opinas de la técnica del superadobe y si crees que la bioconstrucción puede ganar más espacio en las ciudades y en el campo de Brasil.
