En Manchester, en Inglaterra, la Embassy Village transformó 22 arcos de una antigua vía férrea en 40 casas amuebladas para la población sin hogar, cada una con puerta propia. Más que vivienda, la villa ofrece salón comunitario, lavandería, huerto y cancha, además de apoyo y entrenamiento para que los residentes puedan recomenzar.
Un espacio olvidado debajo de las vías se convirtió en un barrio entero. En Manchester, en Inglaterra, el proyecto Embassy Village ocupó 22 arcos de una antigua vía férrea y los transformó en 40 casas amuebladas para la población sin hogar. El caso fue divulgado por el sitio Good Good Good.
La diferencia está en tratar la vivienda como punto de partida, no de llegada. Cada una de las 40 unidades está amueblada y tiene puerta propia, cocina, baño y cama, devolviendo privacidad y dignidad a quienes venían durmiendo en la calle. Los residentes alquilan sus casas, en lugar de ocupar un refugio temporal.
La villa va mucho más allá de las paredes bajo los arcos. El conjunto incluye salón comunitario, lavandería, huerto y cancha, además de un programa de apoyo que enseña desde cocinar hasta manejar el dinero. La idea es dar estructura para que cada persona pueda reconstruir su propia vida. Vea a continuación cómo funciona el proyecto.
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Cómo funciona la Embassy Village, en Manchester

El proyecto nació como una respuesta práctica a un problema creciente. Embassy es una institución de caridad de Manchester, creada en 2019, que decidió enfrentar el aumento del número de personas durmiendo en las calles. El resultado más ambicioso de este trabajo es Embassy Village, descrita como la mayor aldea de este tipo jamás construida en el Reino Unido para la población sin hogar.
La dirección elegida fue un tramo infrautilizado de la ciudad. Las casas están en Castlefield, en el centro de Manchester, bajo 22 arcos de una ferrovia, cerca de canales y del río. Donde antes había solo un espacio ocioso debajo de las vías, surgió una comunidad planificada, con casas, áreas verdes y espacios colectivos.
La obra solo fue posible gracias a una gran red de apoyo. Según Good Good Good, el proyecto reunió a Embassy, desarrolladores inmobiliarios y más de un centenar de empresas que donaron materiales, mano de obra o servicios. La construcción se llevó a cabo sin fines de lucro, y la financiación provino de fundaciones y de recursos públicos destinados a terrenos urbanos degradados.
La inauguración tuvo lugar a principios de 2026. Después de años de planificación, la aldea quedó lista y comenzó a recibir residentes, marcando una nueva fase en la lucha contra la población sin hogar en la ciudad. Para el cofundador de Embassy, Sid Williams, el objetivo nunca fue solo proporcionar un techo. «No estamos solo dando casa a personas. Estamos ofreciendo la oportunidad de reconstruir sus vidas», afirmó.
Casas bajo los arcos de una ferrovia: la idea detrás

Aprovechar los arcos de una ferrovia es lo que hace que el proyecto sea tan original. Los viaductos ferroviarios antiguos suelen dejar debajo de sí grandes espacios de ladrillo, muchas veces vacíos o usados como depósito. En lugar de construir un edificio desde cero, Embassy vio en estos espacios la estructura lista para albergar casas.
La elección tiene ventajas prácticas evidentes. Los arcos ya ofrecen paredes robustas y cobertura, están en un área central y bien localizada de Manchester y cuestan menos para reutilizar de lo que un terreno nuevo exigiría. Es un ejemplo de reutilización inteligente de infraestructura urbana, transformando un punto muerto de la ciudad en vivienda.
La propia historia de Embassy muestra esta vena creativa. Antes de la aldea, la institución llegó a operar un autobús de dos pisos adaptado como refugio móvil, con colchones, cortinas para dar privacidad e incluso un pequeño espacio de cine y cocina. La aldea bajo los arcos es la evolución natural de aquella idea, ahora a una escala mucho mayor y permanente.
El resultado es un vecindario de verdad, y no un almacén colectivo. Bajo la antigua ferrovia, las casas se organizan como una pequeña calle, con puertas individuales, jardines y áreas comunes. La arquitectura buscó precisamente romper la lógica fría del refugio tradicional, creando algo que se parezca a un hogar.
Cada residente con su propia puerta amueblada

El detalle de la puerta propia es más simbólico de lo que parece. En lugar de compartir un salón lleno de camas, cada residente de Embassy Village tiene su vivienda individual, con puerta que abre y cierra, llave y privacidad. Es la diferencia entre estar de paso y, finalmente, tener una dirección.
Las 40 casas se entregan listas para habitar. Cada unidad viene amueblada y equipada con cocina, baño y cama, de modo que la persona no necesita empezar desde cero. Salir de la calle y encontrar un espacio completo, limpio y solo suyo tiene un peso enorme para quien pasó meses o años sin techo.
Tener una dirección fija cambia todo en la práctica. Con su propia puerta, el residente puede recibir correspondencia, guardar documentos, programar consultas e incluso buscar empleo con una dirección para llamar suya. Pequeños actos del día a día, casi imposibles para quien está en la calle, vuelven a ser viables dentro de una vivienda estable.
Otro punto central es que los residentes alquilan sus casas. En lugar de ocupar una plaza temporal de refugio, se convierten en arrendatarios, con la responsabilidad y el derecho que eso conlleva. Según la Embassy, es este arreglo el que permite, en palabras de la institución, terminar con la situación de población sin hogar desde el primer día.
Este modelo devuelve autonomía a las personas. Tener la propia puerta, pagar por la vivienda y cuidar del espacio ayuda a cada residente a reconstruir una rutina y a prepararse para una vida independiente. La casa deja de ser solo refugio y pasa a ser base para recomenzar, dentro de un ambiente seguro y apoyado.
Salón, lavandería, huerta y cancha: la villa completa
La Embassy Village fue pensada como un barrio, con vida en común. Además de las 40 casas, el conjunto tiene un salón comunitario que funciona como corazón del lugar, reuniendo sala de apoyo, cocina de entrenamiento, lavandería compartida y computadoras para uso de los residentes. Es allí donde buena parte de las actividades ocurre.
Las áreas externas completan la estructura. La villa ganó huerto y parterres donde los residentes pueden plantar y cosechar, además de una cancha para deportes y jardines paisajísticos con más de 1.800 plantas. El verde, raro debajo de una ferrovía, ayuda a transformar el espacio bajo los arcos en un ambiente agradable.
Estos espacios tienen una función que va más allá del ocio. La lavandería, el huerto y el salón fomentan la convivencia y crean una rutina saludable, combatiendo el aislamiento común entre quienes vivieron en las calles. Cuidar de una planta o jugar una partida se convierte en parte del proceso de retomar lazos y autoestima.
La convivencia, de hecho, es parte del tratamiento. Quienes estudian la población de calle suelen señalar que el aislamiento social es tan duro como la falta de techo, y los espacios compartidos ayudan a recrear vínculos perdidos. Al reunir vecinos en el salón, en el huerto o en la cancha, la villa bajo los arcos combate la soledad tanto como el frío.
Todo esto fue montado en un espacio que antes nadie valoraba. Donde había solo el vano oscuro de una ferrovía, surgieron casas, cancha, huerto y jardines. La transformación muestra cómo un poco de planificación puede convertir infraestructura ociosa en vivienda digna y en un sentido real de comunidad.
Más que un techo: el apoyo para recomenzar
La Embassy Village parte de una idea simple: una casa sola no basta. Por eso, cada residente recibe acompañamiento individual, con cerca de seis horas de apoyo personalizado por semana. Este soporte es lo que diferencia a la villa de un simple conjunto de casas para la población de calle.
El entrenamiento es muy práctico y orientado al día a día. Los residentes aprenden a cocinar, a administrar su propio presupuesto y a prepararse para entrevistas de trabajo, habilidades esenciales para quienes van a retomar una vida independiente. La cocina de entrenamiento y las salas del salón comunitario se utilizan justamente para eso.
También hay espacio para el cuidado emocional. El salón tiene una sala de asesoramiento, donde los residentes pueden conversar y recibir apoyo psicológico, parte importante de la recuperación de quienes han pasado por situaciones difíciles en las calles. El enfoque es tratar a la persona en su totalidad, y no solo resolver la falta de vivienda.
El fundador resume bien esta filosofía. «No estamos aquí para hacer las cosas de cualquier manera. Estamos aquí para hacerlas muy bien», afirmó Sid Williams, según la prensa británica. La frase explica por qué la Embassy apuesta en calidad y en apoyo continuo, en lugar de soluciones improvisadas para la población de calle.
Del refugio al empleo: el modelo que da resultado
El gran objetivo de la villa es ayudar a las personas a levantarse de una vez por todas. Para ello, la Embassy montó un puente directo con el mercado laboral, estableciendo asociaciones con cerca de 20 empresas dispuestas a ofrecer puestos de trabajo a los residentes. Conseguir un empleo es clave para dejar la calle atrás definitivamente.
Los resultados de este modelo ya se reflejan en números. Según el Big Issue, entre las personas atendidas por la Embassy que consiguieron empleo, el 75% mantuvo el puesto por al menos un año. Es un indicador fuerte de que el apoyo combinado de vivienda y entrenamiento realmente ayuda a estabilizar la vida de las personas.
Este enfoque en resultados tiene origen en la experiencia de la institución. Antes de la villa, la Embassy percibió lo difícil que era colocar a gente de la población de calle en inmuebles comunes: según Sid Williams, solo uno de cada 25 propietarios aceptaba alquilar a estas personas. Construir su propia villa fue la forma de sortear este prejuicio.
Con casa, entrenamiento y empleo juntos, el ciclo tiende a cerrarse. La persona sale de la calle, gana estabilidad en una vivienda, desarrolla habilidades y entra en el mercado laboral, reduciendo el riesgo de volver a la situación de población de calle. Es este conjunto, y no una medida aislada, lo que sostiene el éxito del proyecto.
Por qué reutilizar arcos de ferrocarril tiene sentido
El caso de Manchester llama la atención sobre un recurso desperdiciado en las ciudades. Viaductos, puentes y arcos de ferrocarril crean, debajo de ellos, enormes áreas que suelen quedar vacías, se convierten en depósitos o simplemente se degradan. Transformar estos espacios en vivienda es una forma creativa de usar lo que ya existe.
La ventaja económica es considerable. Reutilizar una estructura ya existente tiende a costar menos que construir desde cero, y el proyecto contó con un fuerte apoyo: fueron millones de libras provenientes de una fundación y de fondos públicos para áreas degradadas, además de empresas que donaron material y trabajo. Esto ayudó a viabilizar la obra.
El timing también es importante frente a la crisis. En Manchester, se estima que cerca de una de cada 74 personas vive alguna forma de falta de vivienda, y el número de personas durmiendo en las calles ha aumentado en los últimos años. Soluciones rápidas y de bajo costo, como reutilizar los arcos, ganan urgencia en este escenario.
Hay también un beneficio ambiental y urbano. Reutilizar una infraestructura antigua evita demoliciones y desperdicio, devuelve vida a un área olvidada y acerca la vivienda al centro, cerca de empleos y servicios. El modelo de los arcos del ferrocarril muestra cómo las ciudades pueden mirar sus espacios ociosos con otros ojos.
Qué tiene que ver esto con Brasil
Brasil convive con una crisis de población de calle cada vez mayor. Según datos oficiales recientes, más de 300 mil personas en situación de calle están registradas en el país, número que ha crecido mucho en la última década. En grandes ciudades, es común ver gente durmiendo debajo de viaductos, marquesinas y puentes, exactamente el tipo de espacio que Manchester transformó en casa.
El modelo de Embassy Village dialoga con debates de aquí. La idea de ofrecer vivienda primero, y luego apoyo y trabajo, es la base del concepto conocido como Vivienda Primero, que ya ha inspirado proyectos piloto en algunas ciudades brasileñas. La lógica es la misma: sin un techo estable, es casi imposible reconstruir cualquier otra parte de la vida.
El reaprovechamiento de espacios también tiene sentido por aquí. Brasil tiene muchos inmuebles ociosos, edificios vacíos y áreas bajo viaductos que podrían convertirse en vivienda social con planificación, en lugar de albergar solo abandono. Programas habitacionales y asociaciones con la iniciativa privada podrían seguir caminos similares a los de los arcos de Manchester.
Algunas iniciativas brasileñas ya apuntan en esa dirección. Ciudades como São Paulo y Curitiba han probado repúblicas y programas de vivienda para la población de calle, y edificios públicos ociosos en los centros son objetivo recurrente de propuestas de retrofit habitacional. Lo que suele faltar, sin embargo, es la escala y el paquete de apoyo que hacen que el modelo de Manchester funcione de verdad.
Por último, queda la lección sobre dignidad y resultado. Más que sacar a la persona del frío, el ejemplo inglés muestra la importancia de dar puerta propia, apoyo y camino hacia el empleo. Para Brasil, que aún trata muchas veces a la población de calle solo como un caso de refugio de emergencia, es un modelo concreto digno de estudio.
¿Y tú, crees que se puede copiar esta idea en Brasil?
Embassy Village muestra que es posible transformar un espacio olvidado en hogar. Bajo 22 arcos de una ferrovia en Manchester, 40 casas amuebladas con puerta propia, sumadas a salón, lavandería, huerto, cancha y mucho apoyo, se convirtieron en una respuesta concreta a la población de calle. Todo apoyado en entrenamiento, empleo y en la idea de tratar la vivienda como derecho, y no como favor.
¿Y tú, crees que las ciudades brasileñas podrían aprovechar viaductos y espacios ociosos para crear villas así? Cuéntanos aquí en los comentarios qué te pareció el proyecto de Manchester y qué otras soluciones imaginas para enfrentar la situación de la población de calle en Brasil.
