El ingeniero Elifas Gurgel convirtió un Volkswagen Gol en coche eléctrico, alcanzó 150 km de autonomía y logró regularizar el vehículo en Brasil.
Según el Correio Braziliense, el responsable de uno de los proyectos más simbólicos de la electrificación automotriz artesanal en Brasil es Elifas Chaves Gurgel do Amaral, ingeniero de computación formado por el Instituto Militar de Ingeniería, coronel de la reserva del Ejército e integrante del grupo que desarrolló la urna electrónica utilizada en las elecciones brasileñas desde 1996. Después de actuar también en la presidencia de la Anatel, decidió enfrentar un desafío completamente diferente: convertir un Volkswagen Gol en un coche 100% eléctrico.
El resultado fue un proyecto que llamó la atención no solo por la ingeniería improvisada, sino por la osadía de hacer que la conversión funcionara y, luego, enfrentar el sistema regulatorio brasileño para poner el vehículo en condición legal de circular. En lugar de crear un automóvil desde cero, Gurgel eligió aprovechar la base estructural de un coche popular ya existente y adaptar el conjunto mecánico para la propulsión eléctrica.
Gol eléctrico nació de la decisión de aprovechar la ingeniería lista de un coche popular
Según el Correio Braziliense, Gurgel evaluó que construir un coche eléctrico partiendo de la mesa de diseño sería mucho más difícil que aprovechar la ingeniería ya consolidada de un automóvil de combustión.
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Por eso, el proyecto partió de un Volkswagen Gol, al que se le removieron los sistemas típicos del motor convencional, como escape, refrigeración, inyección y alimentación, manteniendo principalmente la transmisión como parte esencial de la estructura aprovechada.

El gran desafío técnico pasó a ser conectar el nuevo motor eléctrico a esa transmisión. Para ello, fue necesario desarrollar una pieza específica de acoplamiento, producida a medida en un torno en Taguatinga, en el Distrito Federal.
Según el Portal vehículo eléctrico, la conversión utilizó un kit importado de los Estados Unidos, con motor eléctrico, controlador y bomba de vacío, además de un conjunto de 40 baterías de ion-litio traídas de China.
Esta elección de ingeniería fue decisiva porque redujo la complejidad del proyecto y permitió concentrar los esfuerzos en el sistema eléctrico. En lugar de reinventar toda la arquitectura del vehículo, Gurgel adaptó lo que ya existía y transformó el Gol en una plataforma experimental de movilidad eléctrica.
Proyecto fue montado en garaje, galpón y taller con soluciones improvisadas
Según el Correio Braziliense, la construcción del Gol eléctrico ocurrió lejos de cualquier línea de montaje industrial. Gurgel trabajó en espacios cedidos, incluyendo un galpón en la Cidade do Automóvel, el Museo del Automóvil y su propio garaje, siempre tratando el coche como un “laboratorio sobre ruedas”.

El carácter artesanal apareció en prácticamente todas las etapas. Para preparar la caja de baterías instalada en el maletero, que pesa cerca de 224 kg, el ingeniero recurrió a materiales improvisados, como mangueras de gas, abrazaderas de chorro de jardín y gomas de puerta de Fusca.
El acelerador, que inicialmente era electromecánico, fue perfeccionado hasta convertirse en totalmente electrónico.
Este proceso muestra por qué el proyecto ganó tanta atención. No se trataba solo de electrificar un coche, sino de resolver un conjunto de problemas técnicos sin cadena industrial lista, adaptando piezas y creando soluciones a medida en un ambiente de prototipado continuo.
Autonomía de 150 km y costo de R$ 0,07 por km transformaron el proyecto en prueba de viabilidad
Después de rodar por bastante tiempo, el coche dejó de ser solo una curiosidad mecánica y pasó a presentar números concretos de desempeño.
Según el blog Veículo Elétrico, tras más de 200 recargas y más de 15 mil kilómetros recorridos, el VW Gol eléctrico presentaba autonomía de 150 km, tiempo medio de recarga de 8 horas y costo medio de R$ 0,07 por kilómetro recorrido.
De acuerdo con los datos reproducidos por el blog, este costo representaba un ahorro de cerca de 75% en relación al gasto con combustible, y el kilometraje acumulado sin uso de gasolina significaba también la no emisión de aproximadamente 2,5 toneladas de CO2 en la atmósfera.
Según TecMundo, el coche pasó a tener 70 cv de potencia, batería de 24 kWh y autonomía compatible con los 150 km por carga. La transformación costó alrededor de R$ 60 mil, sin incluir el valor del Gol cero kilómetros usado como base, estimado en R$ 25 mil en la época.
La mayor batalla de Elifas Gurgel no fue técnica, sino jurídica
El punto que realmente separa el proyecto de Gurgel de muchas otras conversiones artesanales es la regularización. Según el portal veiculoeletrico, después de hacer que el coche funcionara, el ingeniero enfrentó la etapa más difícil: encuadrar legalmente el vehículo en un sistema que no preveía de forma sencilla la conversión de un coche de combustión en eléctrico.

Tras buscar apoyo político y técnico, su solicitud fue aceptada y publicada en el Diario Oficial de la Unión en abril de 2010. Para cumplir con los requisitos, Gurgel abrió la empresa 4GVE y añadió elementos como airbags y ABS, permitiendo que el vehículo pasara a llamarse oficialmente Volkswagen Gol 4GVE eléctrico EGA.
Este detalle es lo que hace que la historia sea especialmente relevante. Muchas conversiones caseras pueden incluso funcionar técnicamente, pero permanecen fuera de las reglas de circulación.
En el caso de Gurgel, el coche no solo funcionó, sino que también superó la barrera regulatoria y se convirtió en referencia en un tema que Brasil aún discute.
Gol eléctrico de Elifas Gurgel anticipó un debate que hoy está en el centro de la electromovilidad
Aunque es un proyecto antiguo, el Gol eléctrico de Elifas Gurgel sigue siendo importante porque anticipó un debate que solo ganó fuerza años después: la conversión de coches usados en eléctricos como alternativa de entrada en la movilidad eléctrica. En lugar de depender exclusivamente de la compra de vehículos nuevos y caros, la lógica de la conversión reutiliza una estructura automotriz ya existente y reduce el desecho de vehículos aún utilizables.

El proyecto también mostró algo raro para el contexto brasileño de la época. Mucho antes de que la electromovilidad ganara espacio en el mercado y en las noticias, un ingeniero jubilado logró demostrar, en la práctica, que era posible electrificar un coche popular, recorrer miles de kilómetros e incluso buscar un camino legal para mantenerlo en las calles.
Al final, la historia de Elifas Gurgel no es solo la de un inventor obstinado. Es la de un proyecto que llegó antes de su tiempo y mostró, con un Volkswagen Gol convertido en coche eléctrico, que la innovación brasileña también puede nacer en el garaje, siempre que haya suficiente persistencia para vencer tanto al taller como a la burocracia.

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