Después de sucesivas sequías y una inundación histórica, los agricultores enfrentan deudas crecientes e incertidumbres. La movilización por la securitización busca solución, mientras el campo lidia con pérdidas económicas e impactos sociales profundos.
Tras cuatro sequías consecutivas y una inundación considerada la más devastadora de la historia reciente de Rio Grande do Sul, los productores rurales del estado enfrentan un escenario crítico de endeudamiento e incertidumbres.
En los últimos cinco años, cerca de 220 mil agricultores de Rio Grande do Sul han visto sus propiedades afectadas por eventos climáticos extremos, lo que resultó en la pérdida de cosechas, compromiso de la producción y dificultad de recuperación financiera.
El drama, que afecta a familias enteras, se agravó con la inundación de mayo de 2024, alcanzando desde pequeñas propiedades hasta grandes productores y poniendo en riesgo el futuro del agronegocio regional. La información fue publicada originalmente por la Revista Oeste.
-
Estudio del río Tietê en Brasil detecta 25 pesticidas en el agua, incluyendo una sustancia vinculada al riesgo de cáncer, generando alarma incluso cerca de su nacimiento.
-
Joven brasileño convierte 50 gallinas en una granja de 1,400 aves, demostrando que las «gallinas felices» pueden ser un negocio real.
-
Pequeña en tamaño, gigante en producción: finca de 11 hectáreas en Brasil sorprende con 403 litros de leche al día y se convierte en ejemplo para productores rurales.
-
Hombre compra criadero de truchas abandonado de los años 1930, aprende desde cero y genera US$ 1,1 millón al año vendiendo pescado a restaurantes con estrella Michelin

Impacto de las pérdidas y aumento del endeudamiento de los productores rurales
La rutina de trabajo en las propiedades, como la de Rafael Herrmann, 43 años, productor rural en Boa Vista do Cadeado, en el noroeste del estado, se ha convertido en un desafío diario para mantener la producción de leche y sustentar a la familia.
Él y su esposa, Indiara Cristiane Paez, administran 29 vacas lecheras, además de novillas y terneras, pero el esfuerzo no ha sido suficiente para garantizar estabilidad financiera.
La situación de Herrmann representa a miles de otras familias del campo que, a pesar del arduo trabajo, acumulan deudas y encuentran obstáculos para renegociar los valores pendientes.
Según la Federación de Agricultura de Rio Grande do Sul (Farsul), las deudas de los productores gauchos ya suman R$ 72 mil millones solo en el sistema financiero formal.
Además del sistema bancario, los productores deben lidiar con compromisos financieros con concesionarios de maquinaria, revendedores de insumos y cooperativas, elevando aún más la presión sobre los presupuestos familiares.
De acuerdo a la investigación de la Revista Oeste, la acumulación de deudas ha sido agravada por la dificultad de acceso a crédito rural en condiciones adecuadas.
Dificultades con el crédito rural y actuación de las cooperativas
El acceso a crédito rural, instrumento fundamental para el funcionamiento de las propiedades, se ha convertido en un desafío adicional ante las exigencias impuestas por cooperativas e instituciones financieras.
Los agricultores reportan dificultades para negociar deudas incluso cuando presentan informes técnicos que demuestran los daños causados por fenómenos climáticos, según lo previsto en el Manual de Crédito Rural (MCR) y la Súmula 298 del Superior Tribunal de Justicia (STJ).
En la práctica, como relató Rafael Herrmann en una entrevista concedida a la Revista Oeste, muchas instituciones no siguen las normas del MCR y ofrecen alternativas de crédito comercial, con tasas de interés que pueden variar del 1,5% al 3% al mes, muy por encima de las condiciones del crédito rural tradicional.

Para muchos agricultores, aceptar estas condiciones termina siendo la única salida para mantener la producción y preservar un buen nombre, indispensable para adquirir insumos y continuar operando.
La consecuencia, según los productores, es la formación de una “bola de nieve” de deudas, que compromete la sostenibilidad del sector y fragiliza la economía local.
Protestas y presión por la securitización de las deudas agrícolas
Ante la situación de calamidad, los productores rurales de diferentes ciudades gauchas se han organizado en protestas desde el 13 de mayo de 2024, reclamando atención de las autoridades y presionando a los parlamentarios para la aprobación de medidas de emergencia.
El principal foco de los movimientos es el proyecto de securitización de las deudas, actualmente en tramitación en el Congreso Nacional.
La securitización consiste en transformar deudas en títulos garantizados por el Tesoro Nacional, permitiendo condiciones especiales de financiamiento y plazos ampliados para el pago.
La experiencia de medidas similares en la década de 1990, que permitió el fraccionamiento de las deudas de los productores gauchos en hasta 25 años, es frecuentemente citada como ejemplo de solución viable ya implementada en el país.
Según detalló la Revista Oeste, la aprobación de este tipo de proyecto es vista por entidades del sector como fundamental para evitar el colapso financiero del agronegocio gaucho.
Arlei Romeiro, director financiero de la Asociación de Productores y Empresarios Rurales (Aper), destaca que la securitización daría un nuevo respiro al productor, permitiendo reorganizar las finanzas sin sacrificar el patrimonio, como sucede actualmente con la ejecución de bienes y garantías.
Consecuencias sociales y familiares en el medio rural de Rio Grande do Sul
Los efectos de la crisis superan las barreras económicas y tienen un impacto directo en la vida cotidiana de las familias rurales.
Mientras parte de los productores se une a las protestas en busca de respuestas, otros reportan casos de depresión, enfermedades e incluso suicidios, agravados por la presión financiera y la falta de perspectivas de mejora inmediata.
Muchos recurren a la venta de bienes, animales y equipos para garantizar la siembra y la cosecha de la próxima cosecha, con la esperanza de que el ciclo de pérdidas se interrumpa.
El periódico también señaló que este escenario de vulnerabilidad social desafía las políticas públicas y moviliza entidades para buscar soluciones efectivas.

