Tecnología híbrida que combina embarcación y aeronave avanza en pruebas militares y apuesta en operaciones discretas sobre el mar, con alta velocidad, bajo rastreo y capacidad logística para escenarios sin infraestructura tradicional.
Los Estados Unidos han avanzado en un frente poco convencional de la carrera tecnológica militar al realizar el primer vuelo de demostración del Squire, dron marítimo-aéreo de REGENT Defense destinado a misiones de inteligencia, vigilancia y reconocimiento, además de apoyo logístico en áreas costeras disputadas.
Dron híbrido Squire y nueva estrategia militar
Al presentar el sistema, crece la evidencia de que el país busca plataformas capaces de operar sin pista, puerto estructurado o gran apoyo en tierra, ampliando la flexibilidad operacional en escenarios complejos.
En este contexto, surge el Squire como alternativa para desplazar sensores, equipos y suministros en rutas cortas sobre el mar, manteniendo un perfil discreto y reduciendo la dependencia de estructuras tradicionales de apoyo.
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Prueba realizada en Rhode Island

Durante la demostración en la bahía de Narragansett, en Rhode Island, un prototipo a escala ejecutó todas las etapas previstas, evidenciando la viabilidad del concepto en condiciones reales de operación.
Inicialmente, el vehículo se comportó como embarcación convencional; a continuación, aceleró con ayuda de hidroalas; por último, realizó la transición a vuelo en efecto suelo, manteniéndose cerca de la superficie del agua.
Cómo funciona el efecto suelo en el Squire
Conocido como wing-in-ground effect, el principio explorado utiliza la capa de aire comprimido entre la estructura y el mar, ampliando la sustentación mientras reduce significativamente la resistencia aerodinámica.
Con esto, se vuelve posible alcanzar desplazamientos rápidos a bajísima altitud, característica que diferencia al Squire de aeronaves tradicionales y amplía su eficiencia en trayectos cortos sobre superficies marítimas.
Clasificado como vehículo no tripulado de superficie y aéreo, el proyecto combina atributos de embarcación y aeronave en una única solución, buscando equilibrar simplicidad operacional con ganancia de rendimiento.
Al mismo tiempo, la propuesta pretende ofrecer velocidades superiores a las de barcos convencionales, manteniendo la capacidad de operar directamente en el agua sin necesidad de infraestructura adicional.
Velocidad, alcance y capacidad de carga
En las pruebas divulgadas, el demostrador alcanzó aproximadamente 40 nudos antes de entrar en vuelo sostenido, confirmando la eficiencia de la transición entre los modos acuático y aéreo.
Imágenes muestran el recogimiento de los hidroalas después del despegue, etapa que simboliza el cambio completo al modo de vuelo y evidencia la adaptación dinámica del sistema durante la operación.

En la versión operativa planeada, el equipo deberá transportar alrededor de 50 libras, equivalentes a 22,7 kilos, alcanzar más de 100 millas náuticas, o más de 185 kilómetros, además de alcanzar velocidades entre 70 y 80 nudos, según datos divulgados.
Uso logístico y operaciones distribuidas
Ante estos números, se hace más claro el interés militar por el proyecto, sobre todo en escenarios que exigen rapidez, autonomía y menor exposición a amenazas directas.
En lugar de depender de pistas o embarcaciones más grandes, el sistema permite transportar artículos críticos como baterías, radios y suministros médicos a unidades posicionadas en islas, costas o regiones remotas.
Además, el rendimiento gana relevancia en entornos con alta densidad de vigilancia electrónica, donde la discreción operativa se convierte en un factor determinante para el éxito de las misiones.
Volando muy cerca de la superficie, el Squire tiende a presentar menor detectabilidad por ciertos radares, aunque la efectividad de esta ventaja depende directamente de las condiciones específicas de cada operación.
Interés de los marines de EE. UU.
Dentro de este escenario, el proyecto dialoga con demandas del Cuerpo de Marines de los Estados Unidos, que mantiene una asociación con REGENT para evaluar aplicaciones orientadas a la logística en áreas disputadas y evacuación médica.
Mientras esta cooperación es pública, no hay confirmación segura de incorporación formal por parte de la Marina, lo que indica que el sistema aún está en fase de evaluación y desarrollo operativo.
Sensores, vigilancia y guerra antisubmarina

Además de la función logística, el Squire también se presenta como una herramienta de apoyo a la conciencia situacional, ampliando la capacidad de monitoreo en entornos marítimos estratégicos.
En este sentido, la plataforma puede transportar sensores, lanzar sonoboyas e integrar redes de vigilancia, contribuyendo a operaciones relacionadas con la guerra antisubmarina y al control de áreas sensibles.
Al distribuir estos recursos en múltiples puntos, se reduce la dependencia de grandes bases, al mismo tiempo que se aumenta la resiliencia operacional frente a amenazas.
Modularidad y adaptación rápida en campo
Otro elemento central del proyecto está en la modularidad, que permite la reconfiguración rápida del compartimento interno según la necesidad de cada misión.
Según la empresa, este proceso puede ser realizado por equipos reducidos, sin exigencia de entrenamiento altamente especializado, favoreciendo operaciones en entornos con infraestructura limitada.
Este enfoque acompaña un cambio más amplio en la estrategia militar de los Estados Unidos, que comienza a valorar sistemas más pequeños, distribuidos y más tolerantes a pérdidas.
Portafolio seaglider y próximas pruebas
Insertado en un portafolio más amplio de soluciones llamadas seaglider, el Squire representa una de las apuestas de REGENT para integrar aplicaciones civiles y militares en una misma base tecnológica.
Paralelamente, nuevas pruebas siguen en curso en Rhode Island, con el objetivo de validar el rendimiento y ampliar la confiabilidad del sistema en diferentes escenarios operacionales.
Aún sin una definición clara sobre su papel definitivo en las fuerzas armadas, el proyecto señala una tendencia de transformación en la forma en que se pueden llevar a cabo operaciones marítimas.
Al invertir en plataformas que combinan velocidad, dispersión y autonomía, los Estados Unidos refuerzan la búsqueda de soluciones capaces de mantener operaciones incluso cuando las estructuras tradicionales dejan de estar disponibles.

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