Dos experimentos de campo intentaron contener el derretimiento del Ártico bombeando agua del mar para crear hielo artificial, y los resultados publicados en revistas científicas muestran que la técnica añadió 30 centímetros de grosor, pero el calentamiento global eliminó las ganancias en semanas, exponiendo los límites de esta estrategia.
La idea detrás del hielo artificial en el Ártico parece simple: perforar agujeros en una placa de hielo, bombear agua del mar a la superficie y dejar que el frío intenso del invierno polar congele todo, añadiendo capas extra de grosor. Si el hielo se vuelve más grueso, refleja más luz solar de vuelta al espacio y retrasa el ciclo de calentamiento global que acelera su propia desaparición. Los primeros resultados de dos pruebas de campo, publicados la semana pasada en el Journal of Geophysical Research: Oceans y aceptados por la revista Earth’s Future, muestran que la técnica funciona, pero solo por un tiempo limitado.
Los 30 centímetros de hielo artificial añadidos equivalen a décadas de afinamiento causado por los cambios climáticos. Sin embargo, el calor del océano y la formación de un lodo oscuro en la superficie eliminaron las capas de protección poco después de su creación. El dato más preocupante es que las áreas con hielo engrosado no duraron más que las áreas sin intervención, planteando dudas sobre la viabilidad de expandir la estrategia a todo el Ártico.
Cómo funcionan los experimentos de fabricación de hielo artificial en el Ártico
La primera prueba fue conducida en abril de 2024 por un equipo formado por la startup holandesa Arctic Reflections y investigadores de la Universidad Técnica de Braunschweig, liderados por el ingeniero costero Tim Hammer. El escenario elegido fue una laguna congelada en Svalbard, archipiélago en la costa de Noruega. El equipo perforó el hielo y usó una bomba de gasolina para lanzar 3.500 litros de agua del mar por minuto sobre la superficie, inundando aproximadamente 1.500 metros cuadrados a lo largo de dos sesiones de dos horas cada una.
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Con temperaturas externas llegando a -30ºC, el agua se congeló rápidamente y depositó 30 centímetros de hielo artificial sobre la capa existente. El resultado inmediato parecía prometedor. Sin embargo, en junio, toda la laguna había derretido, y el hielo engrosado no sobrevivió más que las áreas de control que no recibieron ninguna intervención. La razón principal es que el agua del mar, al congelarse, deja atrás bolsas de sal que funcionan como agentes de derretimiento, exactamente como la sal esparcida en las carreteras antes de las nevadas.
La prueba a gran escala en el Ártico canadiense y sus resultados
En el mismo año, se realizó una operación mucho mayor en la Bahía de Cambridge, a lo largo de la costa sur de la Isla Victoria, en el Ártico canadiense. El equipo reunió a la startup británica Real Ice, el Centro para la Reparación Climática de la Universidad de Cambridge y otros socios. El experimento inundó 250 mil metros cuadrados de hielo marino durante sesiones de cuatro horas, utilizando cuatro bombas conectadas a baterías eléctricas.
Los resultados siguieron el mismo patrón que la prueba en Svalbard: se formaron alrededor de 30 centímetros de hielo artificial, pero todo se deshizo cuando el hielo de la bahía se fracturó en verano. El ingeniero Shaun Fitzgerald, director del Centro para la Reparación Climática, reconoció que los experimentos tendrían que realizarse a una escala mucho mayor para producir efectos duraderos. Aun así, imágenes de drones y satélites mostraron que el hielo engrosado era un 40% más brillante que las áreas circundantes, sugiriendo que el aumento de la reflectividad puede ser la clave para el éxito futuro de la técnica.
Por qué el hielo del Ártico importa para el clima del planeta entero

El hielo marino del Ártico crece cada invierno hasta alcanzar una extensión casi del tamaño de Rusia y retrocede en verano. Este ciclo natural ha estado en declive durante décadas. La pérdida de hielo alimenta un ciclo de retroalimentación climática peligroso: como la superficie blanca refleja la luz solar, su reducción expone el océano oscuro, que absorbe más calor y acelera aún más el calentamiento global. Cuanto menos hielo existe, más rápido se calienta el planeta.
El problema no se limita a los osos polares y la fauna ártica. El derretimiento del hielo marino influye en patrones climáticos a escala planetaria, afectando corrientes oceánicas, regímenes de lluvia y temperaturas en latitudes distantes. La creación de hielo artificial surgió como un intento de interrumpir este ciclo, pero las pruebas muestran que la naturaleza resiste a soluciones simples. La glaciologista Leigh Stearns, de la Universidad de Pensilvania, clasificó la posibilidad de ampliar la técnica a todo el Ártico como inviable, dado el esfuerzo colosal necesario incluso para cubrir áreas pequeñas.
Los desafíos técnicos que impiden que el hielo artificial funcione a gran escala
El principal obstáculo es la sal. Cuando el agua de mar se congela en la superficie, las bolsas de salmuera retenidas dentro del hielo artificial estimulan el derretimiento interno y crean un barro oscuro que reduce la reflectividad, anulando precisamente el beneficio que la técnica pretendía generar. Fitzgerald cree que bombear el agua más temprano en invierno puede resolver parcialmente este problema, dando más tiempo para que la sal percole a través del hielo antes de la llegada de la primavera.
También está la cuestión energética y ecológica. Los investigadores aún necesitan evaluar si el bombeo traerá microbios y fitoplancton a la superficie, perturbando la ecología local. La sustitución de las bombas de gasolina por energía eólica es una posibilidad en estudio, pero añadiría complejidad logística a una operación ya extremadamente difícil de ejecutar en condiciones polares. El glaciólogo Sridhar Anandakrishnan, de la Universidad Estatal de Pensilvania, comparó la iniciativa a intentar contener el océano con una cuchara.
Lo que viene y por qué la batalla por el Ártico aún no ha terminado
A pesar de los resultados limitados, la financiación para la investigación continúa. Fitzgerald aseguró 10 millones de libras de la agencia británica de investigación avanzada para continuar con las pruebas de campo y la modelación sobre el espesor del hielo artificial en colaboración con la Real Ice y Arctic Reflections. El propio investigador reconoce que la técnica no mantendrá la cobertura de hielo en el Ártico indefinidamente, pero cree que puede comprar algunas décadas para la humanidad.
La cuestión de fondo, sin embargo, permanece inalterada. Incluso si se implementaran operaciones de bombeo a gran escala en todo el Ártico, los expertos insisten en que la reducción de las emisiones de combustibles fósiles es la única solución integral para el derretimiento del hielo y el calentamiento global. El hielo artificial puede ser una medida paliativa en áreas confinadas, pero no sustituye la necesidad de atacar la causa raíz del problema. La distancia entre engrosar un estanque en Svalbard y salvar todo el Ártico sigue, por ahora, siendo mayor que cualquier capa de hielo que la ingeniería humana pueda fabricar.
¿Crees que fabricar hielo artificial en el Ártico es un camino válido para ganar tiempo contra el calentamiento global, o este tipo de intervención desvía el enfoque de la verdadera solución? Deja tu opinión en los comentarios, queremos saber qué piensas sobre los límites de la ingeniería climática.

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