El productor catarinense Osvaldo Fávaro levantó su primer aviario para 7.500 aves en 1994 y hoy participa de 21 granjas en el segmento de matrices, construyendo un complejo avícola a lo largo de 30 años basado en asociaciones familiares, integración con la industria y la filosofía de que acompañado se va más lejos.
La trayectoria de Osvaldo Fávaro en la avicultura es de esas historias que comienzan con trabajo manual y terminan con la gestión de decenas de unidades productivas. Antes de convertirse en el productor catarinense que dirige 21 granjas, Fávaro conoció la dura labor de cultivos como tabaco y plátano en el Sur de Brasil. En la década de los 90, se dio cuenta de que necesitaba un negocio con más previsibilidad y escala para su familia. En 1994, él y su hermano levantaron el primer aviario, diseñado para solo 7.500 aves. Este comienzo modesto no indicaba el complejo que vendría a liderar.
El punto de inflexión en la trayectoria del productor catarinense fue una percepción simple que cambió todo. Fávaro entendió que en la avicultura el crecimiento real depende de asociaciones: «Quien camina acompañado va más lejos que quien intenta hacer todo de forma individual», resumió el avicultor. Esta filosofía guió cada nueva granja, cada nueva inversión y cada sociedad que firmó a lo largo de tres décadas. El resultado son 21 granjas operando con una estructura que combina gestión familiar, integración con la industria y creciente automatización.
La estrategia de asociaciones que llevó al productor catarinense de 1 aviario a 21 granjas
A lo largo de 30 años, Fávaro buscó socios y familiares para invertir en nuevos proyectos. El productor catarinense no intentó crecer acumulando deudas para construir granjas que operaría de forma individual.
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En cambio, formó sociedades donde cada socio contribuye con capital, trabajo o conocimiento técnico, dividiendo riesgos y compartiendo resultados. Este enfoque permitió multiplicar unidades productivas sin que el peso financiero recayera sobre una sola familia.
El sistema de integración con la industria fue el otro pilar que sustentó el crecimiento del productor catarinense. La integración proporciona tecnología, asistencia técnica y seguridad comercial en cada nuevo paso, porque la industria proporciona los pollitos, el alimento y la garantía de compra de la producción, mientras que el productor catarinense aporta la estructura física y la mano de obra.
Este modelo redujo la incertidumbre que normalmente paraliza a los productores rurales que quieren expandirse pero temen los riesgos de invertir en nuevas unidades.
La transición del pollo de engorde al segmento de matrices que cambió el nivel del productor catarinense
Fávaro no se limitó a la engorda común. El productor catarinense transitó al desafiante segmento de matrices, donde se producen los huevos que darán origen a miles de pollos de engorde.
Operar con matrices implica un nivel de exigencia muy superior al de la engorda convencional, porque cualquier fallo en la higiene, en la recolección o en el control ambiental compromete la fertilidad de los huevos y, en consecuencia, toda la cadena productiva que depende de ellos.
La gestión de las unidades de matrices exige lo que Fávaro llama «mirada clínica». La recolección correcta de los huevos, la higiene rigurosa de los galpones y el control total del ambiente, incluyendo temperatura, humedad y ventilación, definen si el lote dará ganancias o pérdidas.
«El resultado depende de la suma entre tecnología y la dedicación del equipo que está allí dentro», afirma el productor catarinense. Cada granja funciona como un organismo donde cualquier descuido se propaga en cadena.
Cómo el productor catarinense equilibra automatización y trabajo humano en 21 granjas
La operación de 21 granjas exige un modelo de gestión que distribuya responsabilidades de forma clara. El productor catarinense invirtió constantemente en automatización para mantener la competitividad, adoptando sistemas de climatización, alimentación y monitoreo que reducen la dependencia de trabajo manual repetitivo.
Pero la tecnología no reemplazó la presencia humana: el estándar de excelencia de las matrices exige empleados atentos que observen el comportamiento de las aves e identifiquen problemas antes de que se conviertan en crisis.
En el modelo societario que adoptó, la maquinaria funciona con una clara división de responsabilidades entre socios y empleados. Fávaro valora a cada persona involucrada en la operación, considerando la sanidad del lote como una meta colectiva que depende del compromiso de todos.
Esta estructura permitió un crecimiento sostenible a lo largo de tres décadas, manteniendo la esencia del cuidado con la producción incluso a medida que aumentaba el número de granjas.
La sucesión familiar que garantiza el futuro del legado del productor catarinense
Uno de los mayores orgullos de Osvaldo Fávaro no está en los números de aves, sino en la mesa de la cena. Los hijos del productor catarinense crecieron en la actividad y asumieron la primera línea de la operación, trayendo innovación y nuevas herramientas de gestión mientras el padre actúa como mentor estratégico, compartiendo la experiencia acumulada en 30 años de avicultura.
La transición ocurrió de forma natural, sin rupturas que comprometieran la continuidad de los negocios.
Para la familia Fávaro, la sucesión exitosa es la prueba de que el modelo funciona. Cuando los hijos traen nueva tecnología y el padre contribuye con el conocimiento de quien ya ha enfrentado todas las crisis posibles en la avicultura, el resultado es una gestión que combina audacia con prudencia.
El productor catarinense que comenzó con 7.500 aves hoy ve a la próxima generación preparada para llevar las 21 granjas adelante, y posiblemente más allá.
El consejo del productor catarinense para quienes quieren invertir en la avicultura
Aún después de 30 años, Fávaro mantiene la humildad de quien reconoce que la avicultura está en constante cambio.
El productor catarinense aconseja a nuevos inversores comenzar con una planificación sólida y seriedad, entendiendo que el retorno en el campo llega para quienes tienen paciencia y disposición para aprender continuamente. La voluntad de aprender, según él, es más importante que el capital inicial.
El legado que Fávaro deja es claro: con las asociaciones adecuadas y la familia unida, el crecimiento no tiene límites.
De un aviario de 7.500 aves a 21 granjas de matrices, la historia del productor catarinense muestra que el campo brasileño recompensa a quienes combinan trabajo duro con estrategia inteligente y relaciones de confianza construidas a lo largo de décadas.
¿Qué opinas de la estrategia del productor catarinense de crecer a través de asociaciones en lugar de hacer todo de forma individual? ¿Conoces historias similares en el campo? Cuéntalo en los comentarios. Las historias de quienes construyeron algo grande a partir de un comienzo modesto inspiran porque prueban que el crecimiento es posible para quienes tienen método y persistencia.

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