Entidades ecológicas accionan tratados globales contra la NASA para exponer los riesgos ocultos de la eliminación de la Estación Espacial Internacional en el Océano Pacífico.
El pasado jueves, 25 de junio de 2026, en una publicación de Space, especialistas en conservación marina y un organismo de fiscalización de Estados Unidos comenzaron a cuestionar públicamente la estrategia de la NASA de descartar los restos de la Estación Espacial Internacional (ISS) en el Océano Pacífico al final de esta década.
El plan de la agencia espacial busca reducir los riesgos de accidentes en áreas habitadas al guiar la reentrada controlada de la estructura en la atmósfera terrestre.
Sin embargo, ambientalistas liderados por la Ocean Foundation critican duramente la medida, señalando que la falta de estudios concluyentes sobre los impactos ecológicos en el ambiente marino y las lagunas en la legislación internacional exigen una revisión inmediata de la operación.
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¿Dónde caerían los restos?
Para garantizar la seguridad de las poblaciones humanas, la planificación logística prevé dirigir los residuos remanentes de la estación hasta el Point Nemo, una coordenada en el Pacífico Sur conocida por ser el punto geográfico más aislado del globo terrestre.
Sin embargo, la elección del lugar ha expuesto una grave deficiencia regulatoria global, según las entidades de conservación marina.

Las fallas en las convenciones internacionales de alta mar fueron detalladas por Mark Spalding, presidente de la Ocean Foundation, en entrevista con Space.com:
- Brecha territorial: Las normas vigentes solo exigen indemnizaciones si los residuos espaciales alcanzan las fronteras terrestres de un país.
- Desamparo legal: No existen sanciones equivalentes u obligaciones de reparación cuando los impactos ocurren en aguas internacionales neutrales.
“La distancia del océano en relación con la infraestructura humana no debe confundirse con ausencia de valor o de vulnerabilidad. El océano y sus habitantes merecen la misma protección que el derecho internacional ofrece a los territorios nacionales”, alertó Mark Spalding.
El cronograma de descenso y la participación de SpaceX
A pesar de las protestas, el plan de desactivación sigue metas temporales rígidas monitorizadas en un informe del Government Accountability Office (GAO), órgano de fiscalización de los Estados Unidos.
El cronograma describe cómo la transición hacia futuras bases privadas en órbita baja ocurrirá al final de la década, siguiendo pasos técnicos coordinados:
- Años 2028 y 2029: Inicio de la pérdida de altitud del complejo orbital, auxiliada por la resistencia natural de las capas de la atmósfera;
- Desaceleración rusa: Actuación del segmento de Rusia acoplado a la ISS para realizar maniobras de frenado espacial;
- Reentrada guiada: Acoplamiento de un Vehículo de Desorbitación de los Estados Unidos, diseñado por la empresa SpaceX para la NASA, responsable de pilotar el descenso final.
El Acuerdo BBNJ y las exigencias ambientales contra la NASA
Ante las incertidumbres sobre las consecuencias ecológicas, los expertos en conservación defienden que el descarte pilotado por la NASA pase por el escrutinio del Acuerdo BBNJ.

Este tratado internacional fue creado específicamente para establecer reglas de protección a la biodiversidad en áreas que están más allá de las jurisdicciones y fronteras nacionales.
Para que la desactivación de la ISS no resulte en un desastre ecológico en alta mar, las organizaciones ambientales exigen la ejecución inmediata de tres medidas integradas:
- Evaluación completa: Realización de una auditoría de impacto ambiental profunda enfocada en la vida marina;
- Transparencia pública: Divulgación detallada de la lista de materiales y componentes que resistirán al fuego y llegarán al fondo del mar;
- Análisis de legalidad: Elaboración de un informe jurídico para verificar si la operación respeta las obligaciones de los acuerdos de preservación de los océanos.
Fuente: Olhar Digital
