Uno de los mayores barcos de gas jamás encargados cruzará los océanos izando velas rígidas gigantes, parecidas a alas, que se recogen solas para ahorrar combustible, en un sorprendente regreso de la fuerza del viento a la era de los colosos del mar.
Durante siglos, el viento movió los barcos. Luego vino el motor, y las velas se convirtieron en cosa del pasado, restringidas a barcos de recreo y veleros deportivos. Pero, en un giro inesperado de la historia, las velas están regresando, y a lo grande. La novedad es que están siendo instaladas precisamente en los colosos del mar, los enormes barcos que transportan gas natural por el planeta.
La petrolera Chevron y la japonesa MOL equiparán un gigantesco barco metanero, de cerca de 174 mil metros cúbicos, con un sistema llamado Wind Challenger, hecho de velas rígidas y telescópicas, parecidas a alas. Se elevan para aprovechar el viento y se recogen cuando es necesario, reduciendo el consumo de combustible y las emisiones. Construido en un astillero de Corea del Sur, el barco debe ser entregado en 2026.
El regreso de las velas, ahora en alta tecnología
No pienses en las velas de tela de los barcos antiguos. Las velas rígidas del Wind Challenger son estructuras de alta tecnología, más parecidas a las alas de un avión colocadas en pie sobre la cubierta. Son controladas por computadora, que ajusta su ángulo para captar el viento de la mejor forma posible, y pueden recogerse cuando el barco entra en el puerto o enfrenta tormentas. Es ingeniería de punta al servicio de una idea antigua.
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Confieso que me parece poético ver a la humanidad redescubrir la fuerza del viento después de más de un siglo apostando solo por motores. Es como si la tecnología hubiera dado una vuelta completa para reencontrar una solución que nuestros antepasados ya conocían. La diferencia es que ahora las velas trabajan junto con los motores modernos, sumando lo mejor de ambos mundos en un único barco gigante.

Por qué un barco de gas quiere velas
La respuesta está en dos palabras, combustible y emisiones. Barcos gigantes como los metaneros consumen cantidades enormes de combustible para cruzar océanos, lo que cuesta caro y contamina mucho. Las velas ayudan al viento a empujar el barco, aliviando el trabajo de los motores y reduciendo la cantidad de combustible que se quema. Menos combustible significa menos costo y menos contaminación lanzada al aire.
Para un barco que lleva gas natural, muchas veces vendido como un combustible más limpio, tiene todo el sentido intentar reducir también la contaminación del propio viaje. La presión por un transporte marítimo más sostenible está creciendo en todo el mundo, y tecnologías como el Wind Challenger son una forma de que las empresas muestren que están intentando disminuir la huella ambiental de estos colosos que cruzan los mares día y noche.
Vale la pena recordar el tamaño del problema que representa el transporte marítimo. Los barcos mueven la mayor parte de todo lo que el mundo compra y vende, y la flota global quema cantidades colosales de combustible, representando una porción considerable de la contaminación del planeta. Como son embarcaciones que operan durante décadas, cualquier ahorro de combustible por viaje, multiplicado por miles de barcos y millones de kilómetros, se convierte en un número enorme. Es por eso que soluciones como las velas rígidas despiertan tanto interés: incluso si reducen solo una parte del consumo de cada barco, el efecto sumado en toda la flota mundial puede representar una reducción gigantesca de emisiones y de costo, justamente en un sector que siempre ha sido difícil de hacer más limpio.

La ingeniería de mover un coloso con viento
Hacer que el viento ayude a empujar un barco del tamaño de manzanas es un desafío y tanto. Las velas rígidas necesitan ser lo suficientemente fuertes para soportar vendavales en medio del océano, pero también ajustables y capaces de recogerse para no estorbar cuando no son necesarias. Toda esta operación es coordinada por sistemas automáticos, que calculan todo el tiempo cómo extraer el máximo del viento sin comprometer la seguridad.
Es una combinación fascinante de tradición y modernidad. La idea de usar el viento es tan antigua como la navegación, pero ejecutarla en un barco metanero de 174 mil metros cúbicos exige tecnología que los antiguos marineros jamás soñarían. Cada detalle, desde la forma de las velas hasta los sensores que las controlan, fue pensado para que un gigante del mar moderno pueda, de nuevo, contar con la ayuda del viento para seguir su viaje.

El viento de vuelta al mando
Me imagino la imagen de un barco colosal cruzando el horizonte con sus velas rígidas izadas, mezclando la silueta de los veleros de antaño con la escala de los gigantes modernos. Es una escena que une pasado y futuro, y que muestra cómo, a veces, las mejores soluciones para los problemas de hoy están escondidas en ideas que parecían obsoletas.
El barco de gas con velas es un símbolo de esta búsqueda por un transporte marítimo más limpio e inteligente. Si la tecnología demuestra su valor, es posible que veamos cada vez más colosos del mar levantando velas para ahorrar combustible y contaminar menos. Sería un hermoso reencuentro de la humanidad con la fuerza del viento, la misma que movió a los primeros navegantes y que ahora vuelve a empujar a los gigantes de la era moderna, demostrando que no toda solución del futuro necesita ser inventada desde cero, a veces basta con reinventar lo que ya funcionó en el pasado.
¿Imaginabas que las velas, cosa de los barcos antiguos, volverían a mover los mayores colosos del mar?

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