Edgard Filipe Segantini comenzó en la fábrica de helados de su padre a los trece años y hoy lidera Frosty, marca que alcanzó 145 tiendas, facturación cercana a R$ 300 millones y liderazgo en el consumo doméstico del Nordeste, mientras prepara expansión a nuevos estados con logística refrigerada, con crecimiento regional más sostenible.
A los trece años, Edgard Filipe Segantini trabajaba durante las vacaciones en la fábrica de helados mantenida por su padre, en Ceará, cumpliendo tareas operativas sin ser presentado a los colegas como hijo del propietario. Hoy, a los veinticinco, él dirige Frosty, empresa que amplió su presencia regional y pasó a ocupar una posición destacada en el consumo doméstico de helados en el Nordeste.
Según la Exame, la compañía, fundada en Fortaleza en 1990 y adquirida por su padre en 2006, mantiene una planta industrial en Maracanaú, en la Región Metropolitana de la capital cearense. Según datos divulgados por la empresa, la operación produce aproximadamente 15 mil toneladas de helado, açaí y pulpas por año, emplea a 1.090 personas y cerró 2025 con una facturación cercana a R$ 300 millones.
De la fábrica en las vacaciones al mando de Frosty a los veinticinco años

La entrada de Filipe en el negocio familiar comenzó mucho antes de cualquier cargo de liderazgo. Aún adolescente, él pasó a trabajar en la fábrica como operador durante las vacaciones escolares, en una rutina planeada por su padre para que conociera la operación desde la base y comprendiera el funcionamiento de la industria antes de asumir responsabilidades mayores.
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En ese período, los demás empleados no sabían que el joven era hijo del dueño. La experiencia se convirtió en parte de la formación del actual ejecutivo, que años después asumiría la conducción de una empresa con producción industrial, tiendas propias, distribución refrigerada y competencia directa con marcas nacionales y multinacionales.
La trayectoria llama la atención porque comienza en el suelo de fábrica y llega al mando de una marca que avanzó hacia el liderazgo regional en una categoría disputada. El paso de una generación a otra ocurrió en paralelo a la expansión comercial de Frosty, especialmente a través de unidades propias.
Filipe ejerció la función de director ejecutivo entre 2021 y 2024 y se convirtió en CEO oficialmente en 2025, cuando las tiendas, antes organizadas en una estructura separada, fueron incorporadas a la compañía. El padre, Edgard, pasó a actuar en la presidencia del consejo.
Empresa produce en Maracanaú y se acerca a R$ 300 millones en facturación

Frosty opera una fábrica de casi 15 mil metros cuadrados en Maracanaú, municipio ubicado en la Región Metropolitana de Fortaleza. La planta concentra la fabricación de helados, paletas, açaí y pulpas, artículos que abastecen tanto al comercio minorista alimentario como a la red propia de tiendas.
En 2025, según informó la compañía, la facturación estuvo cerca de R$ 300 millones. El resultado acompaña una expansión construida en diferentes canales: supermercados, panaderías, pequeños comercios, farmacias y unidades propias orientadas a la compra de productos congelados para consumo en casa.
El crecimiento industrial está directamente ligado a la capacidad de mantener productos congelados disponibles en diferentes puntos de venta. En este segmento, producir a escala es solo una parte del desafío; la empresa también necesita controlar almacenamiento, transporte refrigerado y entrega sin comprometer la calidad de los artículos.
La operación emplea a 1.090 personas y fabrica cerca de 15 mil toneladas por año, según los números presentados por la empresa. Estos datos dimensionan el tamaño alcanzado por un negocio que fue comprado por el padre de Filipe cuando aún era menor y pasó por un proceso de ampliación en Ceará.
Helado para consumo doméstico coloca marca en la cima del Nordeste
Frosty fue señalada como la marca de helado para consumo doméstico más vendida del Nordeste, según el ranking de la Asociación Brasileña de Supermercados, la ABRAS, en colaboración con NielsenIQ, citado en la divulgación del desempeño de la empresa. La categoría considera potes y cajas adquiridos por el consumidor para llevar a casa.
En el escenario nacional del comercio minorista alimentario de helados, la compañía aparece en la quinta posición. El resultado coloca a una marca regional en disputa con empresas de alcance amplio, incluyendo multinacionales consolidadas en el mercado brasileño.
El liderazgo regional refuerza un cambio importante: Frosty ha dejado de ser solo una industria local para competir por espacio en las elecciones cotidianas de los consumidores del noreste. El desafío, a partir de ahora, será preservar esa fuerza mientras amplía presencia en estados donde aún no opera.
La identidad de los productos aparece como una de las estrategias utilizadas por la compañía en esta disputa. En lugar de reproducir solo líneas estandarizadas, la marca apuesta por sabores asociados al consumo regional, como cajá, coco, castaña y açaí, buscando mantener proximidad con preferencias locales.
De cinco a 145 tiendas: expansión propia cambió el alcance de la marca
La entrada más fuerte en el comercio propio comenzó en 2018, cuando Frosty abrió dos unidades. En siete años, la compañía pasó de cinco a 145 tiendas propias, presentes en siete estados, ampliando la exposición de la marca y creando un canal directo entre la fábrica y el consumidor.
La expansión ganó ritmo durante la pandemia, período en el que la empresa abrió más de 15 puntos, incluso ante las restricciones al comercio. Parte de estas unidades funcionó con atención adaptada, sin circulación interna de clientes, mientras la compañía aprovechó condiciones comerciales más favorables para negociar inmuebles y nuevas direcciones.
El modelo no reproduce exactamente una heladería tradicional: las tiendas fueron organizadas para vender productos congelados en cantidad, destinados al consumo doméstico. La propuesta es ofrecer una variedad superior a la disponible en congeladores convencionales de supermercados, donde el espacio suele estar reservado a los artículos de mayor rotación.
Además de helados y paletas, las unidades comercializan açaí, pulpas, frutas congeladas, postres, artículos sin azúcar y productos dirigidos a consumidores con restricciones alimentarias. La variedad amplía el ticket potencial de la compra, pero también aumenta la complejidad de inventario y distribución.
Sabores regionales se convierten en respuesta a la disputa con multinacionales
Al competir con empresas de gran escala, Frosty busca diferenciar sus productos por la identificación con el mercado local. La apuesta en sabores reconocidos en el noreste funciona como una estrategia para construir vínculo con consumidores que ya conocen ingredientes y combinaciones presentes en la cultura alimentaria de la región.
La lógica es simple: una empresa regional puede responder más rápidamente a preferencias específicas de su público, mientras marcas más grandes necesitan trabajar con líneas adecuadas a diferentes mercados simultáneamente. Esta proximidad ayuda a explicar por qué la compañía atribuye importancia a sabores como cajá, castaña, coco y açaí.
En la disputa con multinacionales, la empresa intenta transformar la regionalidad en ventaja competitiva. No se trata solo de vender helado, sino de ofrecer productos que el consumidor asocie a la experiencia de consumo del noreste y a la identidad de la marca.
Filipe también comenzó a aparecer con frecuencia en las redes sociales de la compañía, mostrando bastidores, respondiendo a consumidores y vinculando su imagen a la empresa. La estrategia busca dar rostro a Frosty en un sector en el cual algunas competidoras tienen marcas fuertes, pero sus ejecutivos permanecen distantes del público.
El crecimiento se enfrenta al desafío de transportar productos congelados

Después de la expansión acelerada de los últimos años, Frosty comenzó a tratar el avance hacia nuevos mercados con mayor cautela. La proyección informada por la empresa es llegar a un rango entre 170 y 180 unidades, pero la apertura de tiendas fuera de las regiones ya atendidas exige equilibrio entre alcance comercial y costos operativos.
El principal obstáculo es la logística refrigerada. A diferencia de productos que pueden permanecer a temperatura ambiente, helados, açaí y pulpas dependen de almacenamiento y transporte controlados durante todo el trayecto entre la fábrica, los puntos de venta y los consumidores.
Una tienda nueva puede ampliar ingresos, pero también elevar costos si está lejos de la red refrigerada ya establecida. La compañía posee más de 80 camiones congelados, según las informaciones divulgadas, estructura que necesita acompañar cualquier expansión territorial de manera económicamente sostenible.
Para 2026, el desafío declarado involucra alcanzar Alagoas, Sergipe y Bahía, los tres estados nordestinos donde Frosty aún no ha llegado. El movimiento puede completar la presencia regional de la marca, pero dependerá de una distribución capaz de mantener productos en condiciones adecuadas y entregas financieramente viables.
La historia de la fábrica también pasa por el cambio de São Paulo a Ceará
La relación de la familia con el helado comenzó antes de Frosty. El padre de Filipe, Edgard, tuvo experiencias emprendedoras en el interior de São Paulo y percibió que el segmento podría convertirse en un negocio relevante, pero enfrentaba la estacionalidad del consumo en períodos de temperaturas más bajas.
Con menor demanda en el invierno paulista, la fábrica interrumpía actividades en determinados momentos del año. La búsqueda de un mercado con clima más favorable llevó a Edgard a Ceará, donde compró Frosty en 2006 y comenzó a desarrollar la operación en una región con consumo potencialmente más regular a lo largo de los meses.
El cambio geográfico alteró el camino de la empresa: el padre llevó el negocio a un mercado de clima cálido, y el hijo ahora intenta ampliar esa presencia por todo el Nordeste. La trayectoria conecta decisión familiar, expansión industrial y transformación de una marca local en operación de mayor escala.
La empresa aún tendrá que demostrar cómo sostendrá este avance ante el aumento de tiendas, la necesidad de mantener la cadena de frío y la competencia con marcas regionales y multinacionales. Los números recientes muestran fuerza, pero la continuidad del crecimiento dependerá de la ejecución de los próximos pasos.
Heredero intenta llevar la marca más allá de la fábrica sin perder raíces regionales
La historia de Edgard Filipe Segantini reúne elementos que despiertan curiosidad: el joven que trabajó en la fábrica sin ser reconocido como hijo del propietario ahora lidera una compañía con 145 tiendas, más de mil empleados y una facturación cercana a R$ 300 millones, según los datos divulgados por la propia empresa.
El avance de Frosty también muestra cómo marcas regionales pueden ocupar un espacio relevante al combinar producción industrial, canales propios de venta y productos conectados al gusto local. Al mismo tiempo, la logística congelada surge como límite concreto para una expansión que pretende llegar a nuevos estados.
El próximo capítulo dependerá de que la empresa crezca sin dejar que distancia, costos y distribución reduzcan la fuerza conquistada en el Nordeste. Para Filipe, la misión ahora no es solo ampliar tiendas, sino mantener una marca reconocible en un mercado disputado por compañías mayores.
¿Cree que los sabores regionales y la proximidad con el consumidor pueden hacer que una marca nordestina enfrente a multinacionales durante muchos años, o la escala y la logística terminarán pesando más en esta disputa? Deje su opinión en los comentarios.

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