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El Niño traerá temperaturas superiores a 30°C al sureste de Brasil en la segunda quincena de julio, marcando el fin de la ola de frío.

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Escrito por Felipe Alves da Silva Publicado el 26/06/2026 a las 21:51 Actualizado 26/06/2026 a las 21:52
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Nueva masa de aire polar, impulsada por ciclón extratropical entre Argentina, Paraguay y Bolivia, aún debe mantener el frío intenso en el Centro-Sur del país hasta el inicio de julio antes del cambio climático

La ola de frío que ha marcado los últimos días en Brasil aún resistirá por algún tiempo, pero el desenlace de este ciclo helado ya tiene fecha estimada para suceder. Según las previsiones meteorológicas más recientes, el país debe enfrentar una nueva masa de aire polar en los primeros días de julio, manteniendo las temperaturas por debajo de la media en buena parte del Centro-Sur. Sin embargo, a partir de la segunda quincena del mes, el escenario comienza a cambiar de forma significativa, con el retorno gradual del calor.

De acuerdo con los modelos meteorológicos, esta nueva masa de aire frío será impulsada por un ciclón extratropical que comienza a formarse entre Argentina, Paraguay y Bolivia aún este fin de semana. El sistema debe intensificarse a partir de un área de baja presión, dando origen a un frente frío que, a partir del lunes (29), vuelve a empujar el aire helado sobre el Centro-Sur brasileño. La información fue divulgada el 26 de junio de 2026 por el portal ND Mais, en un reportaje firmado por la periodista Deny Campos.

El frío aún debe persistir a inicios de julio, pero pierde fuerza a lo largo del mes

Según las proyecciones, esta nueva configuración atmosférica debe mantener el frío intenso sobre el Centro-Sur del país a lo largo de la próxima semana, prolongando el período de temperaturas negativas en diversas localidades —sobre todo en las regiones Sur y partes del Sudeste, históricamente más sensibles a este tipo de avance de masas polares.

A pesar de ello, los modelos meteorológicos indican que este escenario de frío intenso no debe extenderse por todo el mes de julio. De acuerdo con las previsiones más actualizadas, la tendencia es que, tras el paso de esta nueva masa de aire polar, el patrón atmosférico comience a cambiar de forma gradual, favoreciendo la elevación de las temperaturas justamente en la segunda mitad del mes.

En este sentido, los mapas meteorológicos ya muestran una reducción significativa en las anomalías negativas de temperatura, que prácticamente desaparecen del territorio brasileño en la segunda quincena de julio. Este cambio ocurre, según los especialistas, porque las próximas masas de aire frío que deben alcanzar el país tendrán menor intensidad y capacidad reducida de avanzar sobre el territorio nacional, en comparación con los episodios más extremos registrados en las semanas anteriores.

Ante este nuevo escenario, las estimaciones iniciales apuntan que las temperaturas máximas durante la tarde podrían volver a superar los 30°C en áreas de la Región Sudeste aún a lo largo de la segunda quincena de julio —un cambio expresivo en relación al cuadro de frío intenso que ha caracterizado al país en las últimas semanas.

El Niño comienza a rediseñar el clima brasileño a partir de julio

Por otro lado, el principal factor detrás de esta transición climática más amplia es la creciente influencia de El Niño sobre el territorio brasileño. Según la Meteored, fuente citada por el reportaje, las previsiones indican que el fenómeno debe comenzar a ejercer un impacto más significativo sobre el clima del país ya en los próximos meses.

Pero, ¿qué es exactamente el El Niño? Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el fenómeno integra un patrón climático natural conocido como El Niño-Oscilación del Sur, o ENSO — sigla en inglés para El Niño-Southern Oscillation. Este patrón involucra la variación de las temperaturas oceánicas en las regiones central y este del Océano Pacífico Ecuatorial, combinada con cambios en la atmósfera que cubre esa área. El ENSO posee dos fases opuestas: la fase cálida, llamada El Niño, y la fase fría, conocida como La Niña — existiendo aún un estado intermedio llamado neutro, cuando las temperaturas del océano se mantienen cercanas al promedio histórico.

De acuerdo con la OMM, El Niño se caracteriza por temperaturas de la superficie del océano anormalmente cálidas en las regiones central y este del Pacífico. El fenómeno suele surgir cuando los vientos alisios — corrientes de aire que normalmente soplan de este a oeste a lo largo de la línea del ecuador — pierden fuerza o llegan a invertir de dirección. Sin este viento constante, el intercambio natural entre aguas cálidas de la superficie y aguas más frías y profundas deja de ocurrir de la forma habitual, haciendo que el calor se acumule en la superficie oceánica por un período prolongado.

Según la entidad, un episodio de El Niño suele desarrollarse entre los meses de marzo y junio, alcanzando su intensidad máxima entre noviembre y febrero — aunque la duración total del fenómeno puede variar bastante, llegando a extenderse por hasta 18 meses en algunos casos. La transición entre las fases de El Niño y La Niña, según la OMM, suele ocurrir en ciclos irregulares de dos a siete años, lo que hace que cada nuevo episodio sea relativamente impredecible en términos de intensidad y momento exacto de inicio.

Vale destacar que el fenómeno más reciente de la categoría, registrado entre 2023 y 2024, fue clasificado como uno de los El Niños más intensos ya documentados, contribuyendo, según análisis climáticos internacionales, a que 2024 se convirtiera en el año más cálido ya registrado globalmente hasta ese momento — combinación directa entre el calor adicional generado por el fenómeno y el calentamiento global de origen humano ya en curso. Tras ese episodio, el Océano Pacífico pasó por una fase neutra y, posteriormente, por un nuevo ciclo de La Niña entre finales de 2025 y principios de 2026, antes de volver a señalar la formación de un nuevo El Niño a partir de mediados de 2026.

De acuerdo con los modelos climáticos más recientes, la atmósfera ya está respondiendo al calentamiento de las aguas del Océano Pacífico Ecuatorial — fenómeno que altera el régimen de vientos y, consecuentemente, modifica el comportamiento de las lluvias en diferentes regiones de Brasil. Aún según las proyecciones, este episodio específico de El Niño tiene potencial para alcanzar intensidad histórica, con el promedio de los modelos dinámicos indicando anomalías de hasta 2,7°C por encima de la media en el Océano Pacífico Ecuatorial. Algunas simulaciones más extremas llegan a señalar la posibilidad de anomalías superiores a 3,5°C.

Este escenario debe provocar efectos distintos en cada región del país. En la Región Sur, la expectativa es de lluvias intensas y más frecuentes, además de temperaturas medias más altas — un patrón que, según especialistas en climatología, suele repetirse en prácticamente todos los episodios de El Niño, ya que el fenómeno tiende a represar frentes fríos en la región, impidiendo su avance más rápido hacia el resto del país. Ya en la Región Sudeste, los modelos indican un aumento moderado en las temperaturas medias y una mayor ocurrencia de olas de calor a lo largo de los próximos meses. En el Centro-Oeste, los efectos tienden a ser menos pronunciados, aunque existen proyecciones de lluvias y temperaturas por encima de la media, principalmente en Mato Grosso do Sul.

Sin embargo, no todas las regiones deben sentir los efectos del fenómeno de la misma forma positiva. En el Nordeste, la tendencia es de disminución significativa en las lluvias, con posibilidad de sequías severas, especialmente durante el próximo verano — un patrón climático asociado al desplazamiento de las áreas de mayor humedad hacia el medio del Océano Pacífico durante episodios de El Niño, lo que reduce la formación de nubes cargadas sobre el norte de América del Sur. Ya en la Región Norte, la expectativa también es de reducción en las lluvias, sequías más intensas y aumento del riesgo de incendios forestales — un patrón que suele agravarse en años de El Niño más expresivo, sobre todo en regiones de selva tropical más sensibles a períodos prolongados de sequía.

Ante este panorama, las proyecciones meteorológicas indican que el fenómeno puede favorecer la ocurrencia de olas de calor severas y el registro de nuevos récords de temperatura máxima entre 2026 y 2027 — siguiendo, según climatólogos, un patrón histórico observado en prácticamente todos los grandes episodios de El Niño de las últimas décadas, en que el año siguiente al pico del fenómeno suele registrar temperaturas medias globales más elevadas. Por lo tanto, aunque el frío intenso aún debe marcar los primeros días de julio en Brasil, la tendencia climática para el resto del año apunta a una transición gradual, pero expresiva, hacia un patrón más cálido y, en algunas regiones, más seco — un cambio que debe impactar directamente desde la planificación agrícola hasta la rutina de quienes viven en las grandes ciudades del país.

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Felipe Alves da Silva

Soy Felipe Alves, con experiencia en la producción de contenido sobre seguridad nacional, geopolítica, tecnología y temas estratégicos que impactan directamente el escenario contemporáneo. A lo largo de mi trayectoria, busco ofrecer análisis claros, confiables y actualizados, dirigidos a especialistas, entusiastas y profesionales del área de seguridad y geopolítica. Mi compromiso es contribuir a una comprensión accesible y cualificada de los desafíos y transformaciones en el campo estratégico global. Sugerencias de temas, dudas o contacto institucional: fa06279@gmail.com

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