La planta nuclear de Angra 3, en Angra dos Reis, en Río de Janeiro, alcanzó cerca de 66% de obra concluida y se convirtió en una de las decisiones más difíciles del gobierno federal, que necesita definir hasta mediados de 2026 si concluye o abandona definitivamente el emprendimiento. Un estudio del BNDES señala que terminar la planta costaría alrededor de R$ 24 mil millones, valor cercano al estimado para cerrar definitivamente el proyecto, que está en construcción intermitente desde hace décadas.
El dilema es inusual: continuar y abandonar cuestan prácticamente lo mismo. Esta simetría de costos ha transformado Angra 3 en un impasse político y económico que el Consejo Nacional de Política Energética (CNPE), órgano que reúne varios ministerios, tendrá que resolver. La decisión involucra miles de millones de reales públicos y afecta el futuro de la energía nuclear en Brasil.
Una obra que se arrastra desde hace décadas
La historia de Angra 3 comenzó aún en los años 1980, como parte del acuerdo nuclear entre Brasil y Alemania. La construcción fue iniciada, paralizada, retomada y nuevamente interrumpida varias veces a lo largo de más de tres décadas, al sabor de crisis económicas, cambios de gobierno e investigaciones sobre contratos. El resultado es una planta a medio terminar, con equipos comprados y almacenados, algunos de ellos corriendo el riesgo de volverse obsoletos antes incluso de ser instalados.
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La operadora del emprendimiento es Eletronuclear, subsidiaria de Eletrobras responsable de las plantas nucleares brasileñas. La empresa ya operaba Angra 1 y Angra 2, en el mismo complejo, y tenía en Angra 3 la apuesta para ampliar la generación nuclear del país. Sin embargo, los sucesivos retrasos hicieron que el costo del proyecto se disparara y presionaran las cuentas de la estatal.

Los argumentos para concluir la planta
Quienes defienden la conclusión de Angra 3 señalan que más de la mitad de la obra ya está hecha y que abandonarla significaría desperdiciar lo que se ha invertido, además de pagar caro para desmontar la estructura. A favor de la continuidad está también el argumento de la soberanía energética: la energía nuclear proporciona electricidad de forma constante, independiente de lluvia o viento, y ayudaría a diversificar la matriz brasileña, hoy muy dependiente de hidroeléctricas.
Sector de la industria nuclear sostienen además que el dominio de la tecnología tiene valor estratégico para el país, con aplicaciones que van más allá de la generación de energía, como la medicina y la investigación. Para este grupo, desistir de Angra 3 sería un retroceso en el programa nuclear brasileño, construido a lo largo de décadas con inversión pública.
Los argumentos para abandonar
Por otro lado, los críticos recuerdan que el costo de conclusión es altísimo e incierto, y que la energía generada por Angra 3 tiende a ser más cara que la de fuentes renovables como solar y eólica, que se han abaratado mucho en los últimos años. En esta visión, insistir en una planta nuclear cara tendría poco sentido económico en un momento en que Brasil instala capacidad renovable a ritmo récord.
Existen también preocupaciones ambientales y de seguridad asociadas a la energía nuclear, como la disposición de los residuos radiactivos y los riesgos de accidente, además del historial de irregularidades que rodeó los contratos de la obra. Para los defensores del abandono, sería mejor asumir la pérdida de una vez que invertir más decenas de miles de millones en un proyecto problemático.


La decisión en manos del gobierno
La elección final recaerá en el Consejo Nacional de Política Energética, que necesita evaluar los números, el impacto sobre Eletronuclear y el interés estratégico del país. Cualquiera que sea la decisión, tendrá consecuencias a largo plazo: concluir significa comprometer recursos por más años de obra, mientras que abandonar implica reconocer una pérdida millonaria y cerrar el programa de nuevas plantas nucleares en el horizonte cercano.
El caso de Angra 3 sintetiza el debate más amplio sobre el papel de la energía nuclear en Brasil. Estudios del sector eléctrico señalan que el país podría necesitar nuevas plantas hasta 2050 para garantizar energía firme, pero la experiencia turbulenta de Angra 3 sirve de alerta sobre los costos y plazos de este tipo de emprendimiento. Según Eletronuclear y la Agencia Brasil, la definición se espera para el primer semestre de 2026.
