El reportaje de WION detalla el logro del reactor EAST, la inversión anual por encima de US$ 1,5 mil millones y el liderazgo chino en patentes en la disputa por la fusión nuclear
Científicos chinos crearon en laboratorio una temperatura 6 veces más caliente que el núcleo del propio Sol. Según WION, en un reportaje publicado en marzo de 2025, el reactor de fusión conocido como sol artificial de China alcanzó escaldantes 100 millones de grados Celsius, un hito en la carrera que puede redefinir la dinámica de poder global por siglos.
El nombre del protagonista es técnico, pero la ambición es simple. El logro pertenece al EAST, el tokamak superconductor avanzado experimental de China, diseñado para replicar en la Tierra el proceso natural de fusión que alimenta el Sol, según describe WION. Si tiene éxito, la humanidad desbloquea el Santo Grial de la producción de energía: potencia ilimitada, limpia y sin legado tóxico.
100 millones de grados: 6 veces el núcleo del Sol
La comparación astronómica da la medida del laboratorio. Según WION, las temperaturas alcanzadas por los científicos chinos rompen barreras antes consideradas imposibles: el núcleo del Sol trabaja en el orden de los 15 millones de grados, y el reactor chino sostuvo 100 millones.
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El motivo de tanto exceso es físico. En la Tierra no existe la presión colosal del interior de una estrella, por lo que la fusión necesita compensar con una temperatura mucho más alta para forzar a los núcleos de hidrógeno a unirse, una exigencia de la física que explica por qué cualquier sol artificial necesita ser más caliente que el Sol real. Es la versión de laboratorio de encender una estrella dentro de una botella magnética.
Qué es el sol artificial y cómo funciona el reactor

El apodo poético esconde una máquina de precisión. Según WION, el EAST se encuentra en Hefei, China, y busca reproducir el proceso de fusión del Sol en la Tierra, dentro de un tokamak: una cámara en forma de rosquilla donde campos magnéticos gigantes mantienen el plasma incandescente lejos de las paredes.
El principio es lo opuesto a lo que el mundo usa hoy. A diferencia de la fisión nuclear convencional, que rompe átomos, la fusión une núcleos de hidrógeno bajo condiciones extremas para liberar cantidades tremendas de energía, como explica WION. Es el mismo mecanismo que hace que las estrellas brillen durante miles de millones de años, domesticado por bobinas superconductoras y paredes de acero.
El adjetivo superconductor del nombre no es un adorno. Las bobinas del reactor operan enfriadas a temperaturas cercanas al cero absoluto para conducir electricidad sin resistencia, lo que permite mantener los campos magnéticos gigantes encendidos por largos períodos sin derretir el sistema. Es la paradoja de ingeniería que resume la fusión: en el mismo equipo conviven una de las cosas más calientes jamás creadas por el ser humano y una de las más frías, separadas por centímetros de vacío y precisión.
Fusión x fisión: por qué esta energía es considerada limpia
La diferencia entre las dos tecnologías nucleares define el premio de la carrera. Según WION, la fusión promete entregar energía limpia ilimitada sin huella de carbono y sin los desechos radiactivos peligrosos que las plantas actuales producen, los dos talones de Aquiles de la energía nuclear tradicional.
El combustible también cambia la cuenta geopolítica. El hidrógeno usado en la fusión es el elemento más abundante del universo, con isótopos extraíbles incluso del agua de mar, lo que haría la fuente prácticamente inagotable, un contraste notable con el uranio minado y enriquecido de la fisión. Sin riesgo de derretimiento del reactor, sin desechos de miles de años y sin chimenea de CO2: esa es la promesa que justifica miles de millones en investigación.
El desafío que separa el laboratorio del enchufe

Calentar plasma a 100 millones de grados es solo la mitad del problema. Según WION, el gran desafío de la fusión siempre ha sido mantener estas condiciones extremas el tiempo suficiente para extraer potencia utilizable, un obstáculo que los científicos chinos están superando rápidamente.
La física cobra caro por cada segundo. El plasma es inestable por naturaleza, y cualquier contacto con las paredes del reactor enfría todo instantáneamente, por lo que los imanes superconductores deben mantener la estrella embotellada en levitación magnética continua, el rompecabezas de ingeniería que separa el experimento exitoso de la planta comercial. Cada récord de duración del sol artificial acorta esta distancia.
Existe aún la barrera del saldo energético, la prueba final de cualquier proyecto de fusión. Una planta real necesita generar más energía de la que consume para calentar y confinar el plasma, una ecuación que ningún reactor en el mundo ha cerrado de forma comercial hasta hoy. Es por eso que cada grado adicional y cada instante adicional de confinamiento se convierten en titulares: son los ladrillos de la cuenta que algún día necesita cerrar positivamente a la escala de una ciudad entera.
US$ 1,5 mil millones por año y una montaña de patentes
El liderazgo chino no es accidente, es presupuesto. Según el canal WION en YouTube, con una inversión anual que supera los US$ 1,5 mil millones, China ha disparado en la carrera de la fusión y acumula más patentes en la tecnología que cualquier otra nación del planeta.
El contraste con los rivales aparece en la velocidad. Mientras Estados Unidos y países europeos persiguen tecnologías similares a través de iniciativas como el ITER, el enfoque centrado y las inversiones estratégicas chinas han acelerado el progreso a un ritmo sin precedentes, según analiza WION. El consorcio internacional ITER, que construye en Francia el mayor tokamak del mundo, se ha convertido en la medida contra la cual se evalúa el avance en solitario de China.
Qué tiene que ver la carrera del sol artificial con Brasil
La disputa parece distante, pero salpica en el sistema eléctrico de todo el mundo. Una fusión comercial viable cambiaría el precio de la energía global y el valor relativo de cada matriz, incluida la brasileña, hoy una de las más renovables del planeta gracias a las hidroeléctricas, al viento y al sol.
Brasil también tiene un asiento modesto en este laboratorio. La Universidad de São Paulo (USP) mantiene un tokamak de investigación en operación, el TCABR, que entrena a físicos brasileños de plasma en la misma ciencia que China escala en Hefei, un recordatorio notorio de que la fusión no es exclusividad de superpotencias. La distancia entre los proyectos es de presupuesto y escala, no de física: las ecuaciones son las mismas.
El tamaño del premio: energía sin fin
El cierre del reportaje dimensiona lo que está en juego. Según WION, el sol artificial dejó de ser un sueño distante: a medida que los ingenieros chinos perfeccionan sus proyectos de tokamak, se acercan a transformar la ciencia ficción en realidad y, potencialmente, a rediseñar el mapa de la influencia global del siglo 21 en adelante.
La conclusión vale como advertencia para Occidente. Quien domine primero la fusión controla la fuente definitiva de energía: sin carbono, sin residuos peligrosos y sin límite físico de combustible, según sintetiza WION. En la carrera que puede valer siglos de ventaja, Pekín ha tomado la delantera con un comando robusto: más dinero, más patentes y un reactor que ya es 6 veces más caliente que el Sol.
El reportaje muestra el reactor en operación y el contexto de la carrera global de la fusión nuclear.
El sol artificial de China condensa la próxima gran disputa tecnológica del mundo: quien encienda primero la estrella embotellada define el precio de la energía de todos. Cuéntanos en los comentarios: ¿apuestas que la fusión llegará a tu factura de luz en cuántas décadas?
