Mientras Brasil apuesta por el biocontrol aéreo con avispas y hongos, EE.UU. invierte en ingeniería genética para crear plantas resistentes. Conozca los dos frentes de la batalla contra una plaga devastadora.
El cultivo de maíz enfrenta un enemigo poderoso: la chicharrita Dalbulus maidis. Este pequeño insecto es vector de enfermedades llamadas «enfezamientos», capaces de generar pérdidas multimillonarias. En respuesta, una carrera tecnológica se ha intensificado. En el interior de São Paulo, la solución viene de los cielos, con drones que liberan enemigos naturales. En Estados Unidos, la apuesta es interna, modificando el ADN del maíz. Ambas enfoques revelan el futuro del agronegocio, profundamente moldeado por la tecnología.
¿Quién es la chicharrita del maíz y por qué preocupa tanto?
La chicharrita del maíz es un pequeño insecto chupador de savia. Mide de 3 a 4 mm y tiene dos manchas negras en la cabeza. Su verdadero poder destructivo no está en lo que come, sino en lo que transmite. La Dalbulus maidis es la principal transmisora de molicutes, microorganismos que causan enfezamientos pálido y rojo en el maíz.
El mecanismo de transmisión es del tipo persistente propagativo. Esto significa que, una vez infectada, la chicharrita dispersa la enfermedad durante toda su vida. El patógeno se multiplica dentro del insecto. Por lo tanto, no basta con reducir la población; es necesario eliminarla rápidamente. Las pérdidas de productividad son alarmantes y pueden llegar al 100% de la cosecha. Esta crisis reciente sorprendió a la industria, creando una demanda urgente por nuevas soluciones de control.
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Drones lanzan ‘ejércitos’ de avispas y hongos en el interior de SP

En Brasil, la respuesta a la crisis combina biotecnología y automatización. La estrategia es el control biológico aumentativo: la liberación planificada de enemigos naturales a través de drones. La imagen de «avispas mercenarias» es poderosa, pero la principal herramienta hoy son los hongos entomopatógenos. Especies como Beauveria bassiana e Isaria fumosorosea son los verdaderos «caballos de batalla». Empresas como Corteva y Koppert ya ofrecen productos comerciales. Cuando los esporos del hongo entran en contacto con la chicharrita, penetran su cuerpo y la matan en pocos días. El hongo Isaria fumosorosea ya ha demostrado un control de hasta 85% en campo.
La aplicación de esta tecnología biológica a gran escala solo es viable gracias a los drones. Estos vehículos aéreos no tripulados están equipados con GPS de precisión y dispensadores especiales. Las ventajas son claras, incluyendo agilidad, ya que un dron puede cubrir hasta 100 hectáreas por día, y precisión, con aplicaciones enfocadas en áreas de mayor infestación. Además, la aplicación aérea elimina el «aplastamiento» de las plantas causado por tractores y promueve un drástico ahorro de agua. Empresas brasileñas como Promip, Dronefy y BirdView lideran este mercado de «Dron-as-a-Service», convirtiendo el manejo integrado en una realidad logística y económica.
La tecnología de edición genética para crear un ‘super maíz’
En Estados Unidos, la vanguardia de la investigación se centra en una solución interna y preventiva: modificar el genoma del maíz. La herramienta principal es la tecnología CRISPR-Cas9, que funciona como un «bisturí molecular» de alta precisión. A diferencia de la transgenia tradicional, que inserta genes de otras especies, la edición genética permite «apagar» o editar genes ya existentes en la planta. El objetivo es crear híbridos con resistencia natural a la chicharrita o a los patógenos que ella transmite. Esta tecnología permite crear modificaciones indistinguibles de las que ocurren en la naturaleza, pero en tiempo récord.
Gigantes de la biotecnología como Bayer, Corteva y startups como Inari, lideran esta frente. El pipeline de desarrollo va más allá del control de plagas, buscando características como tolerancia a la sequía, aumento de productividad y el desarrollo de maíz de baja estatura, que es más resistente a vientos fuertes. La propuesta de valor es una protección continua, que ya viene «activada» en la semilla, simplificando el manejo y protegiendo la cosecha desde el inicio.
Las ventajas y desventajas de cada tecnología
Las dos estrategias poseen fuerzas y debilidades distintas, moldeadas por factores regulatorios, ambientales y sociales. En el campo de la regulación, Brasil, con la Resolución Normativa 16, y EE.UU. tienen un ambiente favorable a la edición genética, ya que consideran que los productos editados sin ADN externo no son transgénicos (no-OGM), acelerando su llegada al mercado.
En relación al impacto ambiental, el control biológico se ve como «verde», pero los hongos no selectivos pueden afectar a insectos benéficos. Por otro lado, la edición genética plantea cuestiones sobre la evolución de plagas resistentes. Finalmente, en la percepción pública, el biocontrol goza de una imagen positiva y «natural», mientras que la ingeniería genética aún enfrenta el estigma del «transgénico», especialmente en Brasil.
La convergencia de las tecnologías en el campo
El futuro del campo no será una elección entre un método u otro, sino una integración estratégica. El modelo más resiliente y rentable será híbrido. Imagine un productor que planta una semilla editada genéticamente para tener tolerancia basal a la enfermedad. Si, aun así, la plaga alcanza un nivel crítico, activa un dron para una aplicación de precisión con un agente biológico selectivo.
Grandes empresas ya se mueven en esta dirección, ofreciendo tanto semillas biotecnológicas como soluciones biológicas. La visión de futuro es vender un sistema de producción completo. La guerra contra la chicharrita del maíz es, hoy, uno de los principales campos de batalla donde la agricultura del siglo XXI, basada en la unión de la tecnología genética, biológica y digital, está siendo forjada.


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