La cueva Cova 338, en los Pirineos, fue utilizada por pueblos prehistóricos entre 5.500 y 3.000 años atrás para rituales funerarios y procesamiento de cobre. El hallazgo cambia la visión sobre la ocupación humana en regiones de alta montaña.
La antigua creencia de que las montañas servían solo como lugares de paso para pueblos prehistóricos fue desafiada por un descubrimiento en la cueva Cova 338, ubicada en la Cordillera de los Pirineos. Situada a 2.235 metros sobre el nivel del mar, la gruta reveló indicios de que fue utilizada de manera recurrente entre 5.500 y 3.000 años atrás.
El estudio, detallado en la revista Frontiers in Environmental Archaeology, destaca que el lugar albergaba actividades complejas, desde rituales funerarios hasta el procesamiento de minerales.
En un comunicado, el profesor Carlos Tornero, revela que “durante mucho tiempo, los ambientes de alta montaña fueron vistos como marginales, lugares por donde las comunidades prehistóricas pasaban ocasionalmente”.
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Sin embargo, el sitio presenta una secuencia arqueológica extremadamente rica. Aunque no existen pruebas de una morada permanente, las visitas planificadas demuestran que las comunidades antiguas poseían conocimientos técnicos avanzados para explorar ambientes de altitud extrema.
Se encuentra un colgante en la cueva
Además de la vertiente técnica, la cueva también reveló aspectos íntimos y sociales de las poblaciones pasadas. En la tercera capa de la excavación, los científicos encontraron un hueso de dedo y un diente de leche de un niño que tendría alrededor de 11 años.
Este descubrimiento plantea la hipótesis de que el lugar era utilizado para prácticas funerarias, aunque los arqueólogos aún necesitan más datos para confirmar dicha teoría.

Junto a los restos humanos, se encontraron dos colgantes que ofrecen pistas sobre la cultura de la época:
- Colgante de concha: Según Tornero, la pieza presenta paralelos en otros sitios de Cataluña, sugiriendo conexiones entre diferentes comunidades.
- Colgante de diente de oso: El profesor señala que este objeto es mucho menos común, pudiendo indicar algo más específico o simbólico.
Tecnología milenaria y el procesamiento de metales
Uno de los hallazgos más sorprendentes en la cueva involucra la exploración de recursos naturales para la producción de herramientas.
En las capas intermedias del suelo, los arqueólogos localizaron 23 hogares rodeados por fragmentos de minerales verdes, preliminarmente identificados como malaquita, que es la materia prima del cobre.

La investigación indica que el uso del fuego era estratégico y no accidental. Julia Montes-Landa explica que “Muchos de estos fragmentos sufrieron alteraciones térmicas, mientras que otros materiales en la cueva no, lo que sugiere claramente que el fuego desempeñó un papel importante en su procesamiento”.
Entre las observaciones técnicas, se destacan:
- Muchos de los minerales verdes recuperados presentan señales claras de alteraciones térmicas.
- Otros materiales presentes en la misma área de la cueva no fueron quemados, lo que refuerza la intencionalidad del procesamiento.
- Julia Montes-Landa complementa que los fragmentos “no fueron quemados por accidente”.
- Carlos Tornero recuerda, sin embargo, que “La identificación del mineral verde como malaquita aún debe ser confirmada”.
Futuras investigaciones en la cueva
Aunque los descubrimientos actuales ya han cambiado la percepción sobre la ocupación prehistórica en los Pirineos, el trabajo en la cueva está lejos de terminar. El profesor Tornero resalta que “la excavación aún no ha alcanzado la profundidad total del sitio”.
Nuevas excavaciones están programadas para ocurrir entre junio y septiembre, durante el próximo verano europeo. El objetivo de esta nueva fase es profundizar la investigación sobre el papel de estas comunidades en la explotación de recursos en ambientes extremos.

Con información de Revista Galileu

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