El Hospital de la USC resistió al terremoto de Northridge usando aislamiento sísmico en la fundación, manteniéndose abierto mientras otras 11 unidades de salud tuvieron que cerrar.
Cuando el terremoto de Northridge golpeó Los Ángeles el 17 de enero de 1994, la ciudad enfrentó uno de sus escenarios más oscuros. El temblor no solo sacudió el suelo, sino que destruyó viaductos, rompió redes de gas y comprometió seriamente la infraestructura hospitalaria de la región.
El desastre dejó 57 muertos y miles de heridos que, en un momento de desesperación, buscaron auxilio médico. En ese escenario de caos, el Hospital Universitario de la USC (actualmente Keck Medicine of USC) se destacó como un milagro de la ingeniería, según el sitio EngSette.
El colapso de la red de salud en 1994
Mientras que 11 hospitales de la región tuvieron que ser parcial o totalmente evacuados debido a daños estructurales, la unidad de la USC permaneció con las luces encendidas, los equipos calibrados y los equipos listos para la atención.
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El secreto de esta resiliencia no estaba en la fuerza de las paredes, sino en una tecnología instalada silenciosamente bajo su fundación: el aislamiento sísmico de base. El sector de la salud fue uno de los más castigados por los temblores. La violencia del sismo en Northridge fue tal que transformó hospitales modernos en zonas de peligro.
Daños en tuberías, caída de techos y grietas en columnas forzaron la transferencia inmediata de cientos de pacientes. El hospital de la USC fue inaugurado en 1991, solo tres años antes del sismo.
¿Cómo «flotó» el edificio?
La ingeniería tradicional busca hacer que los edificios sean rígidos para que soporten el balanceo. El problema es que, en temblores violentos, esta rigidez hace que la estructura absorba toda la energía del suelo, resultando en rupturas.
El edificio fue construido sobre dispositivos llamados aisladores sísmicos, que son esencialmente sándwiches de capas de acero y goma de alta resistencia.
Estos dispositivos funcionan como amortiguadores gigantes con dos funciones críticas:
- Flexibilidad Horizontal: Permite que el suelo se mueva violentamente de un lado a otro mientras el edificio se desliza suavemente sobre los aisladores.
- Rigidez Vertical: Garantiza que, a pesar del movimiento lateral, la estructura soporte el peso masivo del concreto y de los equipos sin ceder.

Un detalle crucial para que esta tecnología funcione es el foso sísmico. Se trata de un espacio vacío dejado alrededor de todo el perímetro del hospital. Como los aisladores permiten que el edificio se desplace lateralmente por varios centímetros, el edificio necesita «espacio para balancearse».
Un nuevo estándar para la Ingeniería Civil
Durante el terremoto de 1994, los relatos de quienes estaban dentro del Hospital de USC fueron sorprendentes. Mientras que en otros edificios las personas apenas podían mantenerse en pie y los muebles eran lanzados, en el hospital de USC el movimiento fue descrito como un balanceo suave y controlado.
Hoy, grandes hitos arquitectónicos y gubernamentales, como el San Francisco City Hall y nuevos centros de comando de emergencia en zonas de riesgo, utilizan variaciones de este mismo sistema. El caso del hospital de USC en Los Ángeles sirve como ejemplo de que la ingeniería preventiva, aunque invisible bajo tierra, es la verdadera base de la seguridad pública en tiempos de crisis.
Fuente: EngSette

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