Con inversiones que superan los US$ 14 mil millones y una estrategia basada en desalinización, energía renovable y grandes obras de infraestructura hídrica, el país africano busca enfrentar los efectos del cambio climático y reducir su dependencia de las lluvias en una de las regiones más vulnerables a la escasez de agua en el planeta.
A medida que el mundo enfrenta los impactos cada vez más severos del cambio climático, la búsqueda de soluciones para garantizar el abastecimiento de agua se ha convertido en una prioridad estratégica para diversos países. Entre ellos, Marruecos se destaca como uno de los ejemplos más ambiciosos de la actualidad al apostar por la desalinización del agua de mar como herramienta central para enfrentar la escasez hídrica.
Según información divulgada por la CNN, el gobierno marroquí pretende obtener cerca del 60% de toda su agua potable a partir del océano hasta 2030. La iniciativa integra un amplio plan nacional que busca aumentar la seguridad hídrica, fortalecer la agricultura y preparar al país para un futuro marcado por sequías más frecuentes y temperaturas más elevadas.
La estrategia ganó aún más relevancia después de que el país enfrentara una de las peores sequías de su historia reciente. Aunque el gobierno declaró en enero el fin de un período de sequía que duró siete años, gracias a las fuertes lluvias registradas durante el invierno, las autoridades consideran que la crisis hídrica dejó de ser un evento excepcional para convertirse en una realidad permanente.
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Para el ministro de Equipamientos y Agua de Marruecos, Nizar Baraka, depender exclusivamente de las lluvias y de los embalses ya no es suficiente ante la transformación estructural observada en el ciclo climático de la región.
Marruecos quiere transformar el Atlántico en fuente de agua potable
El plan marroquí consiste en utilizar el agua del Océano Atlántico para abastecer las ciudades costeras y parte del sector agrícola, mientras que el agua almacenada en presas y embalses continuará siendo dirigida a regiones del interior más vulnerables a la sequía.
En el centro de esta estrategia está una gigantesca planta de desalinización en construcción a aproximadamente 40 kilómetros al sur de Casablanca.
Valorado en cerca de US$ 650 millones, el emprendimiento deberá convertirse en la mayor planta de desalinización de África y, según sus desarrolladores, la mayor instalación del mundo alimentada íntegramente por fuentes renovables de energía.
La electricidad utilizada será proporcionada por un parque eólico con capacidad de 360 megavatios ubicado en el Sáhara Occidental. La primera fase del proyecto está prevista para entrar en operación en febrero de 2027, mientras que la segunda etapa deberá ser concluida en agosto de 2028.
Cuando alcance su capacidad máxima, la planta será capaz de proporcionar aproximadamente 79 mil millones de galones de agua potable por año. El volumen será suficiente para abastecer a cerca de 7,5 millones de personas en la región de Casablanca, además de irrigar aproximadamente 20 mil acres de áreas agrícolas.
El proyecto integra un programa mucho mayor. Actualmente, Marruecos ya opera 17 plantas de desalinización responsables de producir cerca de 108 mil millones de galones de agua por año, un volumen nueve veces superior al registrado en 2021. Otras 11 unidades están en construcción o en fase de planificación.
Además de las plantas, el país también invierte en la construcción de presas, reutilización de aguas residuales y creación de una amplia red de ductos conocida como «autopistas hídricas», destinada a transportar excedentes de agua de las regiones más húmedas a áreas más secas.
La energía renovable busca reducir costos e impactos ambientales
Aunque la desalinización se considera una solución prometedora para regiones áridas, la tecnología aún enfrenta desafíos importantes.
La mayoría de las instalaciones modernas utilizan el proceso de ósmosis inversa del agua de mar, conocido internacionalmente por la sigla SWRO. En este sistema, bombas de alta presión fuerzan el agua a través de membranas especiales que eliminan la sal y otras impurezas.
El principal problema es el elevado consumo de energía. En muchos países, las plantas funcionan utilizando combustibles fósiles, lo que aumenta las emisiones de carbono y genera críticas ambientales.
Para evitar este escenario, el gobierno marroquí decidió integrar los nuevos proyectos a sus parques solares y eólicos. La medida busca reducir los costos operativos a lo largo del tiempo y disminuir significativamente la huella de carbono asociada a la producción de agua potable.
En 2024, poco más de un cuarto de la electricidad consumida en el país ya provenía de fuentes renovables.
Sin embargo, la cuestión ambiental no se resume solo al consumo energético.
El proceso genera grandes cantidades de salmuera, una mezcla altamente concentrada de sal y residuos químicos que permanece tras la retirada del agua dulce. Por cada galón producido, pueden generarse entre uno y un galón y medio de salmuera.
Especialistas alertan que la eliminación inadecuada de este material puede causar daños significativos a los ecosistemas marinos, reduciendo niveles de oxígeno y afectando especies esenciales para el equilibrio de los océanos.
La nueva planta de Casablanca contará con un sistema de descarga diseñado para diluir la salmuera antes de su liberación en el mar, reduciendo los riesgos ambientales asociados a la operación.
La agricultura puede ser la principal beneficiada — pero hay desafíos
El sector agrícola es responsable de aproximadamente el 87% del consumo de agua en Marruecos y emplea casi un tercio de la fuerza laboral nacional.
Durante los siete años de sequía, la producción de cereales se redujo a la mitad en diversas regiones, provocando pérdidas económicas significativas y aumento del desempleo rural.
En este contexto, la desalinización surge como una alternativa para garantizar el suministro de agua para áreas agrícolas estratégicas.
En la región de Souss-Massa, responsable de cerca del 85% de las exportaciones marroquíes de frutas y vegetales, la planta de Chtouka Aït Baha ya abastece aproximadamente a 1.500 agricultores.
El impacto ha sido significativo. Agricultores locales reportan expansión de la producción y aumento de las exportaciones gracias al suministro continuo de agua desalinizada.
A pesar de ello, los especialistas alertan que los costos permanecen elevados.
Youssef Brouziyne, representante regional para Oriente Medio y Norte de África del Instituto Internacional de Gestión del Agua (IWMI), afirmó a CNN que la desalinización aún puede costar entre 1,5 y 4 veces más que las fuentes tradicionales de agua dulce.
Según él, la tecnología funciona especialmente bien para cultivos de alto valor agregado, como frutas y hortalizas destinadas a la exportación. Sin embargo, para cultivos básicos, como trigo y cereales, los costos aún representan un obstáculo importante.
Por esta razón, los especialistas defienden la adopción de subsidios dirigidos, sistemas híbridos que combinen diferentes fuentes de agua e inversiones continuas en innovación tecnológica para ampliar el acceso de los pequeños productores.
Modelo marroquí despierta interés en toda África
La experiencia de Marruecos ha llamado la atención de diversos países africanos que enfrentan desafíos similares.
Durante el Congreso Mundial del Agua realizado en Marrakech, en diciembre del año pasado, representantes del gobierno defendieron que la integración entre seguridad hídrica, seguridad energética y producción de alimentos puede servir como referencia para otras naciones.
La expansión de la desalinización ya es visible en diferentes partes del continente. Argelia opera uno de los mayores programas de desalinización del Mediterráneo, mientras que Egipto amplía rápidamente su capacidad instalada.
Senegal también firmó recientemente un contrato de aproximadamente US$ 800 millones para construir una nueva planta alimentada por energía renovable en las cercanías de Dakar.
Países como Namibia y Sudáfrica ya utilizan la tecnología desde hace más de una década y continúan desarrollando proyectos más pequeños impulsados por energía solar.
Los expertos creen que la combinación entre la reducción de los costos tecnológicos y la expansión de las energías renovables podría hacer que la desalinización sea cada vez más accesible en los próximos años.
Aun así, los desafíos permanecen.
Para Youssef Brouziyne, la verdadera seguridad hídrica no depende solo de la producción de más agua, sino de la capacidad de generar resiliencia económica, sostenibilidad ambiental y acceso equitativo a los recursos disponibles.
En otras palabras, la tecnología puede representar una parte importante de la solución, pero su éxito dependerá de cómo los gobiernos, empresas y agricultores logren equilibrar costos, impactos ambientales y beneficios sociales.
Ante el avance del cambio climático y la creciente presión sobre los recursos hídricos globales, la apuesta de Marruecos puede transformarse en uno de los mayores laboratorios mundiales para el futuro de la gestión del agua.
¿Y tú, crees que la desalinización podría convertirse en una solución viable para enfrentar la escasez de agua a gran escala en las próximas décadas?

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