De invención rechazada a pieza clave en las investigaciones aéreas, la caja negra ha pasado por décadas de evolución hasta convertirse en indispensable para la seguridad de los vuelos comerciales
Pocas invenciones han tenido un impacto tan directo en la seguridad de los vuelos como la caja negra. Obligatoria en todas las aeronaves comerciales, se ha vuelto esencial para investigar accidentes y entender lo que ocurrió antes de las tragedias.
Los datos registrados por este dispositivo ayudan a los especialistas a explicar nueve de cada diez accidentes. Es por eso que, incluso después de la desaparición de una aeronave, las búsquedas por la caja negra continúan.
Los primeros registros: película y espejos
El concepto de grabar datos de vuelo no surgió de un único inventor. El primer prototipo conocido fue creado en 1939 por el ingeniero francés François Hussenot.
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Él diseñó una caja rudimentaria utilizando película fotográfica y espejos. El sistema funcionaba con sensores a bordo que lanzaban destellos en una película fotográfica, registrando así el historial del vuelo.
En ese momento, el mundo estaba en guerra. En junio de 1940, ante la amenaza de invasión, Hussenot habría enterrado su creación cerca de una playa del Atlántico para esconderla del Ejército alemán.
Después del final de la guerra, la tecnología fue perfeccionándose. Algunos modelos aún utilizaban la fotografía, mientras que otros registraban los datos en bobinas de aluminio.
La ausencia de audio y la solución australiana
A pesar de estos avances, faltaba un elemento crucial: el audio. Fue el ingeniero y químico australiano David Warren quien resolvió esta cuestión.
En 1953, fue llamado para investigar una serie de accidentes con aviones del modelo Comet. Las razones de las caídas eran desconocidas y ponían en duda la seguridad de los vuelos comerciales.
Al año siguiente, Warren propuso algo nuevo: instalar un equipo que grabara las conversaciones de la cabina del piloto. En 1958, presentó el primer prototipo funcional de la llamada «Unidad de Memoria de Vuelo».
Pequeño, con un tamaño aproximado de la mano de un adulto, el dispositivo grababa cuatro horas de audio de la cabina y también información de los instrumentos de a bordo. La grabación se realizaba en una bobina de acero magnetizada.
Rechazo inicial y reconocimiento internacional
Pero la idea no fue bien recibida. Las autoridades de aviación inicialmente rechazaron el proyecto, alegando que no ofrecía beneficios inmediatos. Algunos pilotos llegaron a decir que el aparato era como un «Gran Hermano» espiando sus acciones.
Warren entonces llevó su invento al Reino Unido, donde encontró una recepción más positiva. Después de un reportaje en la BBC, la invención comenzó a ganar visibilidad y atraer a fabricantes.
Mientras tanto, en Estados Unidos, las investigaciones sobre el uso de equipos similares ya estaban en marcha.
En 1960, comenzaron los movimientos para hacer obligatorio el uso del dispositivo. El cambio llegó a mediados de la década de 1960: los grabadores de datos y de voz pasaron a ser requeridos en vuelos comerciales.
La evolución tecnológica de las cajas negras
Con el tiempo, los dispositivos también evolucionaron. Las antiguas cintas magnéticas fueron reemplazadas por sistemas digitales. Los nuevos modelos graban muchos más datos y tienen más probabilidades de resistir a impactos severos.
A pesar de su nombre, la caja negra no es negra. Son, en realidad, dos dispositivos distintos: un grabador de datos de vuelo y otro de voz de la cabina.
Ambos suelen ser instalados en la parte trasera de la aeronave, en la cola. No necesitan tener la forma de una caja.
Reglamentos de la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos permiten diferentes formas, como esferas o cilindros, siempre que el aparato tenga un tamaño mínimo para facilitar su localización entre los desechos.
Nombre curioso, color vibrante y estructura resistente
Hoy en día, todas las cajas negras son naranjas, precisamente para ser más fáciles de localizar. El nombre «negra» puede tener varias orígenes.
Una hipótesis es que proviene del funcionamiento similar al de una cámara, cuyo interior necesita ser oscuro. Otra versión sugiere que el término surgió después de que un empleado británico, en 1958, usó una jerga de la Segunda Guerra para referirse al aparato.
El material de las cajas negras es altamente resistente. Suelen estar hechas de titanio y aisladas para soportar choques mucho superiores a la fuerza de gravedad, temperaturas superiores a 1000 °C durante hasta 30 minutos y presiones extremas en el fondo del mar.
Todo esto para garantizar que, incluso ante un accidente grave, sea posible recuperar los datos y entender lo que sucedió. La caja negra, al registrar los momentos finales de un vuelo, proporciona la información más valiosa para explicar el error y evitar nuevas tragedias de aeronaves.
Con información de la BBC.

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