En Cornell, en los Estados Unidos, el estudiante de pregrado Andrew James lideró un equipo que, en solo cuatro meses, montó un robot que mata malezas con descargas eléctricas, sin ningún veneno: el proyecto venció a 95 equipos, ganó US$ 50 mil y se convirtió en la startup Rootline.
En el campo, matar malezas casi siempre significa veneno o maquinaria pesada. Un estudiante de Cornell, en los Estados Unidos, decidió demostrar que se puede hacer diferente: con descargas eléctricas. Andrew James, aún en pregrado, lideró un equipo que en solo cuatro meses construyó un robot capaz de eliminar las malezas dando pequeñas descargas a las plantas, sin ningún herbicida. El resultado fue un robot que mata malezas con descargas eléctricas, que ganó una competencia mundial y le otorgó US$ 50 mil al equipo.
La historia fue divulgada por el Cornell Chronicle, el periódico oficial de la universidad. El grupo, bautizado como Rootline Robotics, ganó el gran premio de una de las mayores competencias de robótica agrícola del mundo y utilizó el dinero para abrir su propia startup. De proyecto universitario a empresa, el salto ocurrió en tiempo récord.
Descarga eléctrica en lugar de veneno

En lugar de pulverizar herbicida, el robot que mata malezas con descargas aplica pequeñas descargas eléctricas directamente en la planta invasora, friendo la maleza por dentro sin ninguna química.
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Es lo que los creadores llaman un enfoque electrobiológico: cada planta recibe aproximadamente 30 julios, energía suficiente para matarla sin remover el suelo. El método resuelve un problema antiguo de los productores, que es arrancar las malezas cerca del tronco de los árboles sin usar veneno ni dañar la planta buena.
Sin herbicida, sin desbroce pesado: solo una descarga certera. Para huertos y viñedos, donde las malezas crecen pegadas a las plantas, esto es oro.
No es láser: la diferencia del choque
Vale la pena separar bien este robot de los primos láser. Ya existen máquinas que queman la maleza con haces de láser, pero el invento de Cornell sigue otro camino, el del choque eléctrico de bajísima energía.
Mientras los robots eléctricos comerciales gastan decenas de kilovatios-hora en descargas continuas, el sistema de Rootline mantiene el consumo por debajo de 0,1 kWh incluso tratando 10 mil plantas. La diferencia está en la precisión: en lugar de potencia bruta, microchoques pulsados en la medida justa.
Es menos energía, menos costo y más sostenibilidad que las soluciones de fuerza. Este enfoque en eficiencia es lo que separa el proyecto de los robots láser y de los desmalezadores eléctricos pesados.
Cuatro meses para pasar de cero al prototipo

El equipo liderado por Andrew James, alumno de pregrado de Cornell, estudió la tecnología eléctrica existente, creó un sistema propio de baja energía y montó un prototipo funcional en solo cuatro meses.
Fueron cuatro meses intensos, del papel al robot funcionando, a un ritmo que muchas empresas tardarían años en alcanzar. El equipo reunió a especialistas en agricultura e ingeniería, todos aún en la universidad.
No era una multinacional con presupuesto infinito, sino estudiantes con una buena idea y mucha disposición. Así fue como Andrew James y el grupo transformaron teoría en máquina.
Cómo el robot ve y ataca la maleza
Detrás del choque hay bastante inteligencia. El robot usa visión computacional, aprendizaje automático y sensores de profundidad para identificar la maleza y calcular dónde aplicar la descarga.
Un brazo mecánico de dos ejes, con una especie de peine de electrodos, lleva el choque hasta la planta correcta, con precisión. El sistema fue montado como un accesorio acoplado a una plataforma agrícola autónoma ya existente, aprovechando una base robótica para enfocarse en lo que importa: la desmalezadora eléctrica.
Es tecnología de punta al servicio de una tarea antigua. El robot ve, decide y da el choque, todo solo.
La victoria y los US$ 50 mil
El reconocimiento vino en una competencia de peso. El robot que mata malezas con choque ganó el gran premio del Farm Robotics Challenge de 2026, una de las mayores competencias de robótica agrícola del planeta, superando a 95 equipos, según Agri-Pulse.
Por quedar en primer lugar, el equipo de Cornell se llevó a casa US$ 50 mil, el mayor premio del evento. No fue un premio de categoría, sino el tope general de la competencia, lo que da aún más valor a la conquista de Andrew James y el equipo.
Vencer a docenas de equipos universitarios de todo el mundo, aún en la graduación, es un logro raro. Y el dinero vino con un destino cierto.
Del premio a la startup Rootline
En lugar de dividir el cheque, el equipo apostó por el futuro. El equipo usó los US$ 50 mil para fundar la startup Rootline Robotics y continuar desarrollando el robot.
Transformar un proyecto de universidad en una startup es el tipo de paso que define carreras y, a veces, mercados enteros. Rootline apunta a huertos y viñedos, donde el deshierbe sin veneno cerca de las plantas es un problema caro y mal resuelto.
El plan es sacar el robot del prototipo y llevarlo al campo de verdad. De competencia estudiantil a empresa de tecnología agrícola, Rootline comenzó con el pie derecho.
Lo que el caso de Andrew James muestra
La mayor lección es sobre el poder de una buena idea bien ejecutada. Andrew James demostró que un estudiante de grado puede, en cuatro meses, crear un robot que mata malezas con choque capaz de vencer a profesionales y convertirse en negocio.
Vale, claro, mantener los pies en el suelo. El robot aún es un prototipo premiado, y transformar Rootline en una empresa que vende de hecho en el campo requerirá más desarrollo, pruebas e inversión.
Aún así, salir de un aula de Cornell para una startup con tecnología propia, sin herbicida, es el tipo de historia que muestra hacia dónde se dirige el agro. Del choque eléctrico en lugar del veneno a un premio de US$ 50 mil, Rootline apunta a un futuro más limpio para el cultivo, y prueba que la próxima gran innovación del campo puede estar en la cabeza de un universitario.
¿Y tú, cambiarías el veneno del cultivo por un robot de choque eléctrico? Cuéntanos en los comentarios qué piensas de este tipo de tecnología sin química en el campo.
