Residuos agrícolas y costeros alimentan una investigación europea que combina biotecnología, diseño y producción regional para crear fibras textiles. El proyecto reunió materias primas inusuales, procesos industriales y decenas de prototipos, revelando caminos poco conocidos para reducir la dependencia de materiales convencionales.
Residuos de estiércol, paja de trigo y algas pasaron a integrar una investigación europea orientada a la producción de fibras textiles de origen biológico, mientras los investigadores buscaban alternativas capaces de reducir la dependencia industrial del algodón y del poliéster convencional.
Llamado HEREWEAR, el proyecto desarrolló procesos para extraer celulosa de diferentes flujos de biomasa, convertirla en filamentos e incorporarla a tejidos destinados tanto a ropa corporativa como a piezas usadas en el día a día.
Sin limitarse a la obtención de la materia prima, la iniciativa reunió investigadores y empresas en la producción de hilos, tejidos planos y de punto, además del desarrollo de técnicas de teñido, revestimiento y acabado basadas en componentes de origen biológico.
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Al final del trabajo, más de 70 prototipos de vestuario habían sido producidos, demostrando materiales, procesos industriales y modelos de fabricación regional concebidos por el consorcio para acercar innovación textil, circularidad y cadenas productivas locales.
Estiércol, paja de trigo y algas entran en la industria textil
En diferentes frentes de desarrollo, las tres fuentes de residuos fueron estudiadas para la obtención de fibras celulósicas, mientras los prototipos reunieron materiales y soluciones distintas elaboradas a lo largo de las etapas técnicas conducidas por HEREWEAR.
Entre las materias primas evaluadas, la paja de trigo presentó resultados prometedores durante la biorrefinería, avanzando posteriormente para procesos ajustados a las exigencias de la hilatura húmeda y a las características necesarias para la producción de filamentos continuos.
Según el CORDIS, servicio oficial de la Comisión Europea para resultados de investigación, el trabajo fue coordinado por el centro técnico de la industria textil de Bélgica e involucró organizaciones científicas, fabricantes, pequeñas empresas y especialistas en diseño.
Con un costo total cercano a 7 millones de euros, el proyecto recibió cerca de 6,16 millones de euros de la Unión Europea, destinados al desarrollo de materiales, procesos de fabricación, herramientas digitales y modelos de producción textil circular.
En el origen de la investigación había un problema estructural de la industria de la moda, cuya producción depende ampliamente del algodón y del poliéster, materiales capaces de atender a la escala comercial, pero asociados al consumo intensivo de recursos y al uso de materias primas fósiles.
Para ampliar las alternativas disponibles, HEREWEAR investigó residuos biológicos encontrados en cadenas agrícolas, industriales y costeras, buscando transformarlos en componentes con propiedades adecuadas a las diferentes etapas de fabricación utilizadas por el sector textil.
Cómo la celulosa recuperada se transforma en filamentos
Durante la etapa de biorrefinería, la biomasa recibió tratamientos destinados a separar la celulosa de los demás componentes, permitiendo que el material recuperado fuera preparado para enfrentar las exigencias técnicas involucradas en la producción de hilos y tejidos.
Como impurezas y variaciones naturales de los residuos alteran el comportamiento de la materia prima durante el hilado, los métodos de procesamiento necesitaron ser ajustados y ampliados hasta alcanzar especificaciones compatibles con las etapas industriales siguientes.
Después de la recuperación, la celulosa avanzó hacia el hilado húmedo, proceso en el cual el material es preparado en una solución específica y posteriormente convertido en filamentos continuos, adecuados para la producción de diferentes estructuras textiles.
Paralelamente, el consorcio trabajó con biopoliésteres procesados por hilado por fusión, tecnología que forma fibras a partir del calentamiento controlado de polímeros y permite combinar propiedades distintas en un mismo material.
Al probar diferentes combinaciones de filamentos, los equipos buscaron adaptar características como resistencia, durabilidad, confort y capacidad de procesamiento, factores necesarios para que las fibras soportaran operaciones similares a las practicadas por la industria convencional.
Los resultados avanzaron de la escala de laboratorio a la escala piloto, permitiendo la obtención de filamentos de celulosa y biopoliéster con desempeño adecuado para la continuidad de las pruebas, incluso en la fabricación de hilos híbridos y estructuras textiles.
Este paso entre escalas permitió verificar el comportamiento de los materiales en condiciones más cercanas a las operaciones industriales, reduciendo la distancia entre la investigación científica y las exigencias encontradas durante la fabricación de ropa.
Tras la producción de los hilos, los equipos desarrollaron tejidos planos y de punto con fibras de HEREWEAR, sometiendo los materiales a tratamientos enzimáticos, impresión, revestimientos, teñido y acabados producidos con componentes de origen biológico.
Por medio de estos procedimientos, fue posible evaluar no solo la apariencia de los tejidos, sino también propiedades técnicas necesarias para diferentes categorías de vestuario, incluyendo desempeño durante la fabricación y respuesta a los procesos de acabado.
Microfibras e impacto ambiental de los nuevos tejidos
Otro eje de la investigación acompañó la liberación de microfibras durante las etapas de fabricación y uso, considerando que la composición de los hilos, la construcción de los tejidos y los acabados interfieren directamente en la pérdida de partículas.
Esta evaluación ganó relevancia porque las fibras liberadas durante el lavado y el desgaste de la ropa pueden alcanzar sistemas de alcantarillado, suelos y ambientes acuáticos, ampliando la necesidad de considerar el ciclo completo de los nuevos materiales.
Más de 70 prototipos de ropa circular
Más de 70 prototipos fueron producidos en pequeñas series para ropa corporativa y streetwear, permitiendo que los equipos evaluaran rendimiento, circularidad y posibilidades de incorporar los materiales desarrollados a las decisiones de diseño.
Aunque el proyecto investigó estiércol, paja y algas, el número total de prototipos no significa que todas las piezas reunieron simultáneamente las tres materias primas, pues cada modelo presentó resultados de diferentes frentes técnicas.
Entre los ejemplos producidos, un vestido modular fue confeccionado con filamentos basados en celulosa de paja de trigo, combinando el color natural del material con una construcción planeada para permitir diferentes formas de uso.
Al relacionar el desarrollo de la fibra a elecciones orientadas al prolongamiento de la vida útil, la pieza mostró cómo decisiones de diseño pueden participar de la circularidad sin depender exclusivamente de la composición química de los materiales.
Fabricación regional y rastreabilidad de la ropa
Además de la investigación sobre fibras, la fabricación regional se convirtió en uno de los ejes del HEREWEAR, que conectó microfábricas y recursos productivos distribuidos en lugar de concentrar todas las etapas en una única instalación distante de los consumidores.
Este modelo permitió organizar pequeñas series y probar la coordinación entre producción de materiales, confección y acabado, acercando diferentes participantes de la cadena y creando rutas más cortas para determinadas etapas industriales.
Herramientas digitales también fueron incorporadas a la estructura, permitiendo registrar datos sobre composición, origen y opciones de tratamiento al final de la vida útil de los productos desarrollados a lo largo de la investigación.
A partir de estos registros, fabricantes, diseñadores y operadores pueden acceder a información relevante para reparación, reutilización y reciclaje, facilitando la identificación de los materiales cuando la ropa deja de cumplir su función original.
Muestras, herramientas y resultados del HEREWEAR
Según el informe del CORDIS, el HEREWEAR reunió aproximadamente 1.000 ítems en su colección de muestras, entre residuos biológicos, filamentos, tejidos y prototipos producidos en las diferentes etapas del proyecto.
Además de esta colección, la iniciativa puso a disposición más de 40 herramientas, modelos y guías en una plataforma creada para apoyar a empresas y profesionales interesados en el desarrollo de materiales textiles circulares y sistemas regionales de fabricación.
A lo largo del trabajo, la red formada por el proyecto llegó a 250 integrantes, de los cuales 40 recibieron preparación para actuar como mentores y apoyar la continuidad de las acciones desarrolladas por el consorcio.
También se produjeron ocho artículos académicos y trabajos presentados en conferencias, acompañados por orientaciones sobre fabricación, evaluación ambiental, diseño circular y ampliación de los procesos probados durante la investigación.
Realizadas entre octubre de 2020 y octubre de 2024, las actividades dejaron resultados disponibles para fabricantes, centros de investigación y diseñadores interesados en evaluar materiales, herramientas y métodos desarrollados por HEREWEAR.
En el informe, CORDIS señala la adopción comercial, el aumento de escala, la durabilidad de los materiales y la integración entre cadenas productivas como temas relacionados con el aprovechamiento de las demostraciones conducidas por el consorcio.
Si el estiércol, la paja de trigo y las algas ya pueden participar en el origen de nuevas fibras textiles, ¿qué otros residuos presentes en la vida cotidiana aún podrían transformarse en los materiales usados para fabricar ropa?
