Investigadores acompañaron una dorsal meso-oceánica en el Océano Índico abriéndose en abril de 2024, tras instalar más de 20 estaciones de medición en un área de 100 kilómetros. El evento alejó partes de la corteza oceánica, liberó lava y mostró cómo se forman nuevas rocas en las profundidades del planeta.
El fondo del océano fue observado abriéndose en tiempo real, por primera vez, durante un evento registrado en una dorsal meso-oceánica en el Océano Índico. El movimiento alejó partes de la corteza marina dos metros en pocos días.
De acuerdo con la revista Nature, el episodio liberó cerca de 160 millones de metros cúbicos de lava sobre el lecho marino. El descubrimiento fue descrito en la revista Nature y sorprendió a los investigadores por la escala del desplazamiento y por la intensidad de la actividad volcánica.
Fondo del océano se abrió frente a los instrumentos
La observación ocurrió en la Dorsal del Sureste Indio, una estructura submarina que corta el fondo del Océano Índico en dirección aproximada de este a oeste. Esta cadena separa la placa Antártica de la placa Australiana.
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Estas placas se alejan alrededor de seis centímetros por año. El movimiento está asociado principalmente al desplazamiento de la placa Australiana hacia el norte, pero no toda la corteza se mueve continuamente.
En algunos tramos, partes de la placa pueden permanecer casi inmóviles por un período y luego liberar movimiento, acompañadas por terremotos. Fue precisamente este tipo de evento que el equipo buscaba acompañar.
En febrero de 2024, los investigadores instalaron tres tipos de instrumentos a lo largo de una región de cerca de 100 kilómetros de la dorsal. La red incluía más de 20 estaciones de medición en el fondo del mar.
Señales sísmicas comenzaron en abril de 2024
Cinco hidrófonos fueron usados para captar ondas sonoras submarinas, incluidas aquellas producidas por temblores. El equipo también instaló 15 balizas acústicas, equipos alimentados por batería y posicionados sobre estructuras en el fondo del mar.
Estas balizas emiten y reciben señales sonoras. Cada cuatro horas, intercambiaban información entre sí y medían el tiempo necesario para que las señales fueran enviadas y regresaran.
Con esto, los investigadores acompañaron cambios de distancia entre los equipos. El 26 de abril de 2024, los hidrófonos comenzaron a registrar temblores en la región monitoreada.
En los días siguientes, los datos de las balizas mostraron que algunas estaciones se habían alejado al menos dos metros. El movimiento indicaba que la corteza oceánica se estaba expandiendo en ese tramo de la dorsal.
Lava, subsidencia y desplazamiento inesperado
Además del alejamiento lateral, un sensor de presión midió un cambio significativo en la profundidad del fondo marino. La lava subió desde debajo de la corteza y se extendió sobre el lecho oceánico.
Este volumen habría vaciado un reservorio de magma acumulado a lo largo de la zona de la dorsal. Con la pérdida de material en el interior, partes del fondo del mar se hundieron.
La expectativa era registrar solo unos pocos centímetros de desplazamiento vertical. Sin embargo, la medición indicó 4,2 metros, un valor mucho mayor de lo esperado por el equipo.
El movimiento liberó el equivalente a tres a seis décadas de tensión acumulada en ese segmento de la dorsal. Esta tensión provenía del estiramiento causado por el desplazamiento hacia el norte de la placa Australiana.
Proceso esencial de la Tierra fue visto en vivo
Las dorsales meso-oceánicas son responsables de la creación de la corteza oceánica, que cubre casi dos tercios del planeta. En ellas, el magma sube, se enfría y solidifica, formando nuevo fondo marino.
Este mecanismo ya se comprendía en líneas generales desde mediados del siglo XX. Aun así, aún no había sido observado directamente en tiempo real, con instrumentos registrando el alejamiento y la erupción.
La observación ofrece una visión rara de procesos que moldean la superficie de la Tierra lejos de los continentes. También ayuda a entender mejor la frecuencia, la magnitud y la dinámica de las erupciones submarinas.
El caso muestra que una parte importante de la actividad geológica del planeta ocurre lejos de la vista humana. En el fondo del océano, las placas se alejan, ocurren terremotos y se forman nuevas rocas continuamente.
