Briquetas producidos a partir de residuos humanos queman por más tiempo y ayudan a sustituir leña y carbón
En Kenia, una empresa decidió atacar al mismo tiempo dos problemas estructurales: la falta de saneamiento seguro y la dependencia de combustibles sólidos para cocinar y calentar. Fundada en 2011, Sanivation desarrolló un modelo en el que residuos humanos recogidos en hogares son tratados con energía solar térmica y luego transformados en briquetas combustibles de bajo costo.
El sistema combina instalación de baños domiciliarios, cobro de una tarifa mensual por el servicio, recolección frecuente de los residuos y reutilización del material en una cadena de valor energética. En lugar de tratar las aguas residuales solo como un pasivo sanitario, la empresa comenzó a utilizarlas como materia prima para combustible sólido destinado a la cocción, al calentamiento y a usos industriales.
Energía solar térmica y saneamiento descentralizado transformaron residuos humanos en combustible en Kenia
De acuerdo con el CDC, Sanivation instala baños en residencias kenianas mediante una pequeña tarifa mensual de servicio.
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La recolección es realizada por representantes de la empresa, y el residuo se lleva para tratamiento con energía solar térmica, proceso utilizado para hacer el material seguro antes de la etapa de reutilización energética.
El modelo fue profundizado en documentos técnicos de la UNHCR, que describen un sistema de recolección realizado dos veces por semana y transporte hasta una unidad central de procesamiento.
En esta estructura, el lodo fecal es sometido a tratamiento térmico y luego combinado con un material complementario rico en carbono para convertirse en briqueta.
La propuesta ganó relevancia porque une saneamiento básico, tratamiento de residuos y reutilización energética en una única operación.
En lugar de depender solo de soluciones públicas convencionales, la empresa comenzó a trabajar con un formato que intenta financiar parte del propio sistema mediante la venta del combustible producido.
Briquetas producidas a partir de residuos humanos queman por más tiempo y ayudan a sustituir leña y carbón
Según las directrices técnicas de la UNHCR para el modelo aplicado en Kakuma, las briquetas de Sanivation presentan un valor energético de 22 MJ/kg.
En el mismo documento, la madera aparece con 15 MJ/kg, mientras que el carbón alcanza 29 MJ/kg, lo que coloca las briquetas por encima de la leña en rendimiento energético y como alternativa viable para usos domésticos y operacionales específicos.
El mismo material informa que el tiempo de combustión de las briquetas llega a cerca de 4,5 horas, contra 3 horas del carbón y 1 hora de la madera. Ya las emisiones de monóxido de carbono aparecen en 82 ppm para las briquetas, por debajo de los 118 ppm registrados para el carbón en la comparación técnica presentada en la guía.
Estos datos ayudan a explicar por qué la tecnología ha pasado a ser tratada como alternativa práctica en contextos de bajos ingresos y de presión sobre recursos forestales. Además de reutilizar el residuo, el sistema intenta entregar un combustible con rendimiento estable, quema más prolongada y menor contaminación en el uso cotidiano.
Tecnología de briquetas en Kenia reduce presión sobre bosques y ataca un problema crónico de saneamiento
El CDC afirma que las briquetas producidas por Sanivation ayudan a sustituir combustibles tradicionales y pueden preservar cerca de 88 árboles por tonelada vendida.
La estimación aparece como uno de los argumentos centrales del proyecto, que busca reducir la presión sobre bosques en regiones donde la producción de carbón y el consumo de leña siguen siendo parte importante de la matriz energética doméstica.

Al mismo tiempo, el modelo reduce la disposición inadecuada de residuos humanos en ambientes sin saneamiento seguro. En lugar de contaminar suelo y agua o permanecer en sistemas precarios, el material entra en una ruta de recolección, tratamiento y reutilización que transforma un pasivo sanitario en producto comercializable.
Esta combinación entre saneamiento, energía y economía circular ayudó a diferenciar la iniciativa en el debate internacional. El proyecto no actúa solo como solución de baño domiciliario, sino como infraestructura que intenta resolver la disposición final de los residuos y generar ingresos con el resultado de ese tratamiento.
Sanivation recibió US$ 3,3 millones para ampliar la planta de Naivasha y escalar la producción de briquetas
El 14 de enero de 2026, el Private Infrastructure Development Group, el PIDG, anunció una inversión de US$ 3,3 millones en participación para financiar la expansión de la operación de Sanivation en Naivasha, en Kenia. El paquete incluye además US$ 500 mil adicionales en asistencia técnica para apoyar la ampliación de la planta.
Según el PIDG, la expansión de la Naivasha Treatment Plant permitirá aumentar significativamente la capacidad de tratamiento de residuos y la producción de briquetas.
La expectativa divulgada por la institución es que la estructura ampliada trate residuos equivalentes a los generados por 100 mil a 130 mil residencias, reduciendo la presión sobre la infraestructura local de alcantarillado y ayudando a evitar la contaminación en los alrededores del Lago Naivasha.
El comunicado también informa que las briquetas producidas por la empresa arden por más tiempo y con mayor eficiencia que la leña tradicional, además de reducir los costos de energía de clientes industriales en un 10% a 30%.
Con esto, el proyecto deja de ser solo un experimento social y pasa a ser presentado como modelo con ambición clara de escala comercial.
Residuos humanos se convirtieron en combustible en una de las experiencias más inusuales de economía circular aplicada al saneamiento
La trayectoria de Sanivation muestra cómo un residuo normalmente asociado solo a riesgo sanitario puede ser insertado en una cadena productiva.
Lo que antes representaba un problema de recolección y tratamiento pasó a ser convertido en briquetas combustibles, conectando saneamiento descentralizado, tratamiento térmico con energía solar y generación de ingresos.
En el centro de la propuesta está el intento de hacer el saneamiento económicamente más sostenible. En lugar de depender exclusivamente de subsidios continuos, la empresa utiliza la venta del combustible para compensar parte de los costos operativos y fortalecer la viabilidad del sistema en ciudades con infraestructura insuficiente.
El caso keniano ganó destaque precisamente por mostrar que la innovación en energía e infraestructura no necesita surgir solo de tecnologías caras o de grandes redes centralizadas.
En Naivasha y en otros proyectos de Sanivation, la transformación de residuos humanos en combustible se consolidó como una de las experiencias más inusuales y más simbólicas de economía circular, saneamiento y reaprovechamiento energético en el continente africano.

