Estudios encomendados por el Consejo Nacional de Política Energética definirán si Angra 3 debe ser concluida, mantenida con capital privado o cerrada, tras R$ 12 mil millones ya invertidos y diez años de paralización, según O Globo
El futuro de Angra 3 volvió al centro del debate energético nacional. El gobierno decidió encargar nuevos estudios para evaluar tres escenarios: concluir la planta nuclear con apoyo de la iniciativa privada, finalizar el proyecto solo con recursos públicos o desistir de una vez de la obra, asumiendo la pérdida multimillonaria.
La decisión refleja el impasse sobre un emprendimiento que ya consumió cerca de R$ 12 mil millones, está parado desde 2015 y requeriría más R$ 23 mil millones para ser concluido. Entre presiones económicas, riesgos jurídicos y la promesa de energía limpia y firme, Angra 3 simboliza la dificultad de Brasil en equilibrar seguridad energética y gestión de grandes proyectos.
Tres escenarios en análisis
El Consejo Nacional de Política Energética (CNPE) determinó que Eletronuclear y el BNDES actualicen las proyecciones técnicas y financieras.
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Los equipos deben entregar tres alternativas claras: terminar la obra con inversores privados, concluir solo con dinero público o calcular los costos de cerrar el proyecto.
Según estimaciones ya divulgadas, abandonar Angra 3 podría generar pérdidas de hasta R$ 21 mil millones, valor cercano al necesario para finalizar la planta.
La elección, por lo tanto, no será solo técnica, sino también política y estratégica.
Importancia estratégica para el país
El ministro de Minas y Energía, Alexandre Silveira, defiende que la conclusión de la obra es esencial.
Para él, Angra 3 reforzaría la seguridad energética de Brasil al ofrecer energía limpia, estable y de base, algo especialmente relevante ante la intermitencia de las fuentes renovables como solar y eólica.
Actualmente, el país cuenta solo con Angra 1 y Angra 2, que juntas representan el 0,8% de la capacidad instalada de electricidad.
Si se concluyera, la tercera planta tendría capacidad para abastecer a cerca de 4,5 millones de personas, lo equivalente al 70% del consumo residencial del estado de Río de Janeiro.
Un proyecto marcado por retrasos y escándalos
Las obras de Angra 3 comenzaron aún en los años 1980, pero fueron interrumpidas diversas veces.
La paralización más reciente ocurrió en 2015, tras las denuncias de corrupción reveladas por la Operación Lava-Jato.
Desde entonces, el sitio de construcción permanece parado, con dos tercios de la construcción ya concluida.
Este historial hace que la decisión sea aún más compleja.
Retomar la obra significaría lidiar con contratos antiguos, revisiones técnicas y posibles cuestionamientos judiciales, además del desafío de atraer inversores en un sector de alto riesgo regulatorio.
El peso económico y político de la decisión
La elección sobre Angra 3 no involucra solo números.
Hay intereses regionales en Río de Janeiro, presiones internacionales en torno de la matriz energética y una agenda global de transición hacia fuentes limpias.
Mientras algunos expertos defienden la planta como una alternativa estratégica, otros argumentan que el costo es excesivo ante opciones renovables más baratas y rápidas de implementar.
El CNPE tendrá que evaluar si el país debe insistir en concluir una obra marcada por escándalos o redirigir recursos a otras fuentes energéticas.
El resultado puede definir no solo el destino de Angra 3, sino también el papel de la energía nuclear en la matriz brasileña en las próximas décadas.
El impasse en torno a Angra 3 expone el dilema entre preservar inversiones ya realizadas y apostar en fuentes alternativas de energía. Concluir la obra exigirá más R$ 23 mil millones, pero desistir de ella puede costar casi lo mismo en pérdidas.
Desde su perspectiva, ¿debería Brasil insistir en la conclusión de la planta nuclear o voltear la página e invertir en alternativas más baratas y rápidas? Deje su opinión en los comentarios — queremos escuchar a quienes siguen de cerca los impactos de la matriz energética en el país.
