Con el apoyo de Emater-MG, dos hermanas obtienen el registro del Mapa para el Alambique Durvalina y profesionalizan la tradicional cachaça artesanal de la familia en Igarapé.
El Alambique Durvalina, ubicado en el área rural de Igarapé, en la Región Metropolitana de Belo Horizonte, logró su regularización oficial ante el Ministerio de Agricultura y Ganadería (Mapa) y expandió sus ventas a tres municipios de la región tras pasar por una reestructuración completa. El cambio ocurrió cuando las hermanas Aline y Renata Alves Pereira asumieron el control administrativo de la empresa, sucediendo a su padre, João Alves Pereira, de 74 años, quien fundó el negocio hace 43 años.
Con la ayuda técnica de Emater-MG, la propiedad pasó por reformas estructurales para adecuarse a las exigencias legales, garantizando también la emisión del Registro Nacional de Agricultura Familiar (CAF). Este nuevo arreglo gerencial unió la tradición de la cachaça artesanal con la gestión modernizada, permitiendo que el patriarca se concentre exclusivamente en el proceso de destilación.
Certificación legal y la conquista del sello federal
El proceso de adecuación a las normas sanitarias y gubernamentales fue el paso decisivo para el nuevo posicionamiento de la marca en el mercado. Bajo la coordinación de la extensionista Carolina Vilela Moreira, las unidades local y central de Emater-MG orientaron a los propietarios en la ejecución de obras en la infraestructura del Sítio João Durval.
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La obtención de la documentación exigida por el gobierno federal representó el punto culminante del esfuerzo familiar. Sobre la conclusión de esta etapa burocrática y la conquista del registro, la administradora Aline Alves Pereira declaró:
«La regularización es la concreción de todo el esfuerzo dedicado. Sería imposible sin la dedicación de todos. Es una mezcla de emociones: alivio, alegría y sensación de deber cumplido.»
El origen histórico y las variedades de la bebida
La creación de la destilería ocurrió hace más de cuatro décadas por necesidad financiera. Tras enfrentar pérdidas severas en el cultivo y comercio de hortalizas, João Alves Pereira decidió cambiar de ramo y apostar por la producción de destilados.
Contó con el soporte técnico y el paladar afinado de su padre, Durval, quien actuaba como degustador de cachaça. Para homenajear al abuelo de Aline y socio en la fundación de la empresa, el producto fue bautizado con el nombre de Durvalina.
Actualmente, el portafolio del alambique cuenta con dos tipos de bebidas destiladas bien definidas:
- Cachaça blanca: Producto mantenido en reposo y almacenado en toneles de madera de maní.
- Cachaça amarela: Versión que pasa por proceso de envejecimiento en barriles de amburana.

Nueva división de tareas y expansión comercial
La supervivencia del patrimonio familiar se consolidó cuando Aline Alves Pereira, tecnóloga en Gestión Ambiental, decidió abdicar de su carrera corporativa para regresar al campo. Se unió a su hermana, Renata Alves Pereira, dividiendo las funciones de oficina, finanzas y logística de distribución.
Esta organización administrativa permitió que el trabajo de campo quedara bajo la responsabilidad de un equipo enfocado en la producción. El fundador João monitorea diariamente las etapas de la destilación, contando con el apoyo operativo de un primo de la familia y de un empleado contratado, que gestionan los cultivos de caña de azúcar.
Este engranaje comercial abastece puntos de venta en tres ciudades integradas:
- Igarapé
- São Joaquim de Bicas
- Juatuba
La integración entre las diferentes generaciones de la familia trajo impactos directos para el negocio.
Según la evaluación de la extensionista Carolina Vilela Moreira, el entendimiento mutuo entre el padre y sus hijas generó transformaciones profundas en la rutina del alambique, optimizando la organización de los procesos de trabajo y elevando el estándar de calidad de la cachaça artesanal.
La técnica refuerza que el éxito del emprendimiento comprueba la consolidación del espacio femenino en las cadenas productivas del medio rural, trayendo nuevas perspectivas y dinamismo para el sector.
Fuente: Agro en Campo
