El satélite Van Allen Probe A, de la NASA, debe caer en la Tierra tras casi 14 años en órbita. La misión estudió cinturones de radiación que rodean el planeta.
El satélite Van Allen Probe A, de la NASA, debe caer en la Tierra este martes (10), tras casi 14 años en órbita.
La nave espacial, que pesa cerca de 600 kilos, reingresará en la atmósfera terrestre tras permanecer años estudiando los cinturones de radiación del planeta.
Según previsiones de la Fuerza Espacial de los Estados Unidos, el evento debe ocurrir alrededor de las 20h45 (hora de Brasil).
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Lanzado en agosto de 2012, el satélite Van Allen Probe A formaba parte de una misión científica dedicada a entender mejor el ambiente espacial alrededor de la Tierra.
Operó junto a una sonda gemela, la Van Allen Probe B. Juntas, investigaron regiones conocidas como cinturones de Van Allen, áreas repletas de partículas energéticas atrapadas por el campo magnético terrestre.
Misión científica del satélite Van Allen Probe A
El objetivo de la misión de la NASA era estudiar cómo estas partículas de alta energía se comportan en el espacio cercano al planeta.
Estos cinturones son fuertemente influenciados por la actividad solar. Así, comprender su funcionamiento ayuda a los científicos a prever fenómenos que pueden afectar tecnologías modernas.
Además, las tormentas solares pueden interferir en sistemas de comunicación, navegación por satélite e incluso redes eléctricas en la Tierra.
Por este motivo, los datos recolectados por las sondas se volvieron extremadamente valiosos para investigaciones sobre clima espacial.
Inicialmente, la misión debía durar solo dos años. Sin embargo, el rendimiento de los equipos superó las expectativas.
La sonda B permaneció activa hasta julio de 2019, mientras que el satélite Van Allen Probe A continuó operando hasta octubre del mismo año.
¿Cómo va a caer el satélite Van Allen Probe A en la Tierra?
A pesar de haber sido desactivadas, las dos sondas continuaron orbitando el planeta. Con el tiempo, sin embargo, la órbita del satélite se deterioró naturalmente, lo que resultará ahora en su reentrada atmosférica.
Durante este proceso, la nave espacial enfrentará temperaturas extremadamente altas debido al roce con el aire.
Este calor intenso hará que gran parte de la estructura del satélite Van Allen Probe A se desintegre antes de alcanzar la superficie de la Tierra.

El riesgo de escombros se considera extremadamente bajo
Aunque algunos fragmentos pueden sobrevivir a la reentrada, los expertos afirman que el riesgo para la población es mínimo.
La propia NASA estima que la posibilidad de que alguien sea alcanzado por escombros es de aproximadamente 1 en 4.200.
Esto sucede porque alrededor del 70% de la superficie de la Tierra está cubierta por océanos. Por lo tanto, la mayor probabilidad es que eventuales pedazos del satélite caigan en el mar o en áreas remotas y poco habitadas.
Legado científico de la misión de la NASA
Aunque terminó la operación de las sondas, el impacto científico de la misión continúa. Los datos recolectados por el satélite Van Allen Probe A aún están siendo analizados por investigadores.
Esta información ayuda a los científicos a comprender mejor el comportamiento del ambiente espacial alrededor de la Tierra.
En consecuencia, este conocimiento contribuye a proteger satélites, astronautas y diversas tecnologías utilizadas diariamente en el planeta.
Con información de Olhar Digital

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