El paciente presentó cefalea persistente y cambios de comportamiento, pero exámenes detallados revelaron neurocisticercosis causada por larvas de Taenia solium.
Un hombre de 60 años vivió momentos de gran aprensión tras recibir una fuerte sospecha de cáncer metastásico en el cerebro.
El paciente, residente en la comunidad de Valencia, en España, presentaba dolores de cabeza progresivos desde hacía dos semanas.
Familiares también percibieron alteraciones discretas en su comportamiento, lo que llevó a la realización de exámenes neurológicos.
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Las primeras imágenes mostraron múltiples lesiones cerebrales acompañadas por inflamación, escenario similar al observado en casos de metástasis.
Una investigación médica profunda, sin embargo, reveló que las lesiones no eran tumores.
Los puntos identificados en el cerebro eran, en realidad, quistes provocados por larvas de tenia alojadas en el sistema nervioso central.
Exámenes iniciales indicaron posible cáncer metastásico
La primera tomografía computarizada identificó diversas lesiones esparcidas por el cerebro del paciente.
El examen también reveló edema alrededor de las áreas afectadas, reforzando la hipótesis de una enfermedad oncológica grave.
El equipo médico inició, entonces, una amplia búsqueda de algún tumor localizado en otra parte del organismo.
El paciente fue sometido a diferentes procedimientos, incluyendo:
- Tomografía de cuerpo entero con contraste;
- Colonoscopia;
- Examen de PET/CT;
- Resonancia magnética cerebral.
No se encontró evidencia de cáncer en los demás órganos.
La ausencia de un tumor primario llevó a los especialistas a examinar nuevamente las estructuras cerebrales con imágenes más detalladas.
Resonancia magnética reveló quistes con escólices
La resonancia mostró lesiones sólidas y quísticas distribuidas por los dos hemisferios del cerebro.
Algunas de estas estructuras presentaban pequeños puntos internos conocidos como escólices.
Los escólices corresponden a la región de la cabeza de las larvas de Taenia solium.
La presencia de estas estructuras llevó a los médicos a considerar el diagnóstico de neurocisticercosis.
La enfermedad es una infección parasitaria que afecta el sistema nervioso central y puede producir diferentes síntomas neurológicos.
Exámenes de laboratorio identificaron anticuerpos relacionados con el parásito.
El diagnóstico fue confirmado por el Centro Nacional de Microbiología de España, ligado al Instituto de Salud Carlos III.
El paciente no tenía historial de viajes internacionales
El hombre nunca había viajado a otros países, según el relato médico.
Sus familiares tampoco presentaban historial de viajes a regiones donde la neurocisticercosis es más frecuente.
El paciente, sin embargo, había trabajado durante años en la construcción.
Durante ese período, compartía comidas e instalaciones sanitarias con trabajadores migrantes.
Los investigadores consideraron la posibilidad de una transmisión fecal-oral ocurrida muchos años antes.
El momento exacto y el lugar de la contaminación no pudieron ser determinados.
La neurocisticercosis no ocurre directamente por el consumo de carne de cerdo
La neurocisticercosis ocurre cuando una persona ingiere accidentalmente huevos de Taenia solium.
Las larvas pueden atravesar el organismo, alcanzar el torrente sanguíneo y migrar a órganos como el cerebro.
La formación de los quistes puede causar dolores de cabeza, convulsiones y otras alteraciones neurológicas.
La teniasis intestinal, por otro lado, está relacionada con el consumo de carne de cerdo contaminada y mal cocida.
Las dos condiciones involucran el mismo parásito, pero presentan formas diferentes de transmisión y manifestación.
Tratamiento antiparasitario llevó a la mejora del paciente
El hombre recibió tratamiento con albendazol, praziquantel y dexametasona tras la confirmación del diagnóstico.
Los síntomas presentaron rápida mejora durante el seguimiento médico.
El tratamiento fue concluido sin complicaciones importantes.
El caso clínico ocurrió en 2025 y fue publicado el 24 de junio de 2026 en la revista científica Emerging Infectious Diseases.
Los investigadores destacaron que la ausencia de viajes no debe eliminar la neurocisticercosis durante el análisis de múltiples lesiones cerebrales.
La identificación correcta evitó procedimientos oncológicos invasivos y permitió el inicio del tratamiento antiparasitario adecuado.
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