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Hombre en Brasil acumula casi 50 millones de litros de agua de lluvia en su propiedad y es condenado a 30 días de prisión y una multa de 7,8 mil reales.

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Escrito por Romário Pereira de Carvalho Publicado el 29/06/2026 a las 13:02 Actualizado el 29/06/2026 a las 13:03
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El caso de Gary Harrington se viralizó como prisión por recolectar agua de lluvia, pero involucraba tres represas, cursos de agua compartidos, falta de autorización estatal y incumplimiento de órdenes judiciales anteriores

Casi 50 millones de litros de agua de lluvia acumulados en tres represas llevaron a Gary Harrington, residente de Eagle Point, en Oregón, a ser condenado a 30 días de prisión y una multa de US$ 1.500. El caso se viralizó como castigo por “recolectar lluvia”, pero involucraba presas en cursos de agua compartidos. El caso ganó repercusión en 2012, cuando Gary Harrington fue condenado en Oregón por mantener tres reservorios ilegales en su propiedad.

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El caso no involucraba simple recolección de agua de lluvia

La historia ganó repercusión porque parecía, a primera vista, un caso extremo de burocracia: un hombre castigado por almacenar agua en su propia propiedad. Sin embargo, la situación descrita en el proceso era más amplia.

Gary Harrington mantenía tres grandes represas en un área de cerca de 69 hectáreas. Dos tenían aproximadamente 3 metros de altura, mientras que la tercera alcanzaba cerca de 6 metros.

Estas estructuras formaron reservorios que llegaron a acumular casi 50 millones de litros de agua. El volumen fue comparado con cerca de 20 piscinas olímpicas, una escala mucho mayor que la de barriles o cisternas domésticas.

Los lagos tampoco eran reservorios discretos. Harrington colocó peces en los lugares e instaló muelles y barcos. Él afirmaba usar el agua para consumo propio y para ayudar en la lucha contra incendios forestales.

Represas bloqueaban arroyos conectados a un río usado por una ciudad vecina

El punto central del caso estaba en el origen del agua almacenada. Según el material base, las represas no recogían solo lluvia caída sobre techos o estructuras simples de la propiedad.

Las presas interrumpían el flujo de arroyos que alimentan un río usado en el abastecimiento de una ciudad vecina. Por eso, el caso pasó a involucrar reglas estatales de uso del agua.

En Oregón, una ley de 1925 trata el agua del estado como recurso público. Según la lógica de prioridad de uso, quien represa o desvía cursos de agua necesita autorización para no perjudicar a los usuarios ubicados aguas abajo.

Harrington no tenía esa licencia. Esa diferencia es esencial para entender la condena: el problema señalado por las autoridades no era recolectar lluvia a pequeña escala, sino represar un curso de agua compartido.

Recolectar lluvia no era el punto prohibido en Oregón

La repercusión del caso simplificó la situación al sugerir que cualquier recolección de agua de lluvia sería ilegal. El propio material base diferencia las dos situaciones.

Recolectar agua del techo en barriles o cisternas está permitido sin licencia. Ya represar y desviar un curso de agua que abastece ríos y ciudades está prohibido sin autorización específica.

Esta distinción cambia la lectura del caso. El conflicto no involucraba un balde, un reservorio doméstico o una práctica común de aprovechamiento de lluvia.

La disputa estaba ligada al almacenamiento de casi 50 millones de litros en represas capaces de alterar el camino natural del agua antes de que siguiera hacia otros usuarios.

Historial judicial se prolongó por más de una década

El castigo tampoco ocurrió de forma inmediata. El historial citado en el material base muestra que el caso se extendió por más de diez años.

En 2002, el estado identificó las represas y llamó a la policía estatal. En 2007, Harrington se declaró culpable, recibió libertad condicional y fue obligado a vaciar los reservorios.

Poco después, volvió a cerrar las compuertas y llenó nuevamente los lagos. En 2012, fue condenado por nueve contravenciones, con 30 días de prisión y una multa de US$ 1.500.

La decisión también determinó que rompiera las presas y drenara los lagos. Así, la condena estuvo ligada no solo al uso del agua, sino al incumplimiento de órdenes anteriores.

Estado defendía autorización, Harrington hablaba de persecución

Para las autoridades, la exigencia de licencia existía para proteger un recurso de uso colectivo. Tom Paul, subdirector del Departamento de Recursos Hídricos de Oregón, afirmó que construir una presa de tierra, interrumpir el flujo y almacenar el agua requiere autorización de uso.

Harrington, por otro lado, calificó el caso como “persecución del gobierno”. Decía que el estado había aprobado sus licencias y luego se había retractado, además de defender el derecho sobre su propia tierra.

El caso se hizo conocido justamente por esa tensión entre propiedad privada y uso colectivo del agua. En la práctica, la controversia giró en torno a escala, autorización e impacto sobre cursos de agua compartidos.

Este artículo fue elaborado con base en información del material base proporcionado, con datos, cifras y declaraciones preservados conforme al contenido consultado.

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Romário Pereira de Carvalho

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