Huellas encontradas en una cueva en Italia revelan cómo humanos y un perro recorrieron 400 metros hace más de 14 mil años.
Un descubrimiento hecho en el interior de una cueva en el norte de Italia permitió a los científicos reconstruir una expedición realizada hace unos 14,400 años. A partir de huellas preservadas en el suelo de la Grotta della Bàsura, los investigadores identificaron que cinco individuos de la cultura Epigravetiense, entre ellos al menos un niño, avanzaron aproximadamente 400 metros por un entorno oscuro y potencialmente peligroso. Según información de Olhar Digital, el grupo no estaba solo: un perro los acompañaba durante toda la travesía.
El estudio también reveló detalles sobre la forma en que los exploradores enfrentaron la oscuridad, organizaron la caminata y planearon la jornada. Las conclusiones fueron publicadas en la revista científica Quaternary International.
Huellas ayudan a reconstruir una expedición prehistórica
Mucho antes del surgimiento de las primeras ciudades, un pequeño grupo decidió entrar en una cueva que presentaba señales de la presencia de osos. Miles de años después, las marcas dejadas por esta travesía continúan preservadas.
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Las evidencias encontradas muestran que los exploradores recorrieron el interior de la Grotta della Bàsura hasta alcanzar un área conocida actualmente como Salón de los Misterios. El trayecto fue realizado en condiciones desafiantes, ya que la cueva guarda vestigios de antiguos osos, incluyendo restos de esqueletos y pieles.
Según los investigadores, la presencia de estos animales sugiere que la incursión requería cautela y planificación.

Entre los vestigios analizados, uno de los elementos que más llamó la atención del equipo fue la identificación de las marcas dejadas por un perro.
Los científicos consideran este registro la evidencia más antigua conocida de un perro domesticado participando en una actividad humana de este tipo. La interpretación de los investigadores es que el animal podría haber desempeñado una función de protección durante la caminata.
La hipótesis gana fuerza porque había niños entre los integrantes de la expedición y el ambiente presentaba riesgos naturales considerables.
¿Cómo iluminaron los exploradores la cueva?
Entender de qué forma el grupo logró avanzar por pasajes totalmente oscuros fue uno de los desafíos del estudio.
La respuesta comenzó a surgir tras el análisis de granos de polen encontrados dentro de la gruta. El material indicó que, en esa región, existían tres especies de pinos hace unos 14,400 años.
Además, se localizaron 56 fragmentos de ramas parcialmente quemadas. La investigación mostró que esos pedazos de madera no habían sido recogidos del suelo del bosque. Por el contrario, todo indica que fueron retirados de árboles vivos y luego secados para ser utilizados como combustible.
Para verificar la teoría, los investigadores reprodujeron parte del recorrido utilizando ramas de pino silvestre similares a las encontradas en la cueva.
Los experimentos demostraron que pequeñas ramas, con longitud entre 20 y 30 centímetros, ofrecían la combinación ideal entre practicidad e iluminación.

Entre las ventajas observadas estaban:
- Facilidad de transporte;
- Luz suficiente para ver el camino;
- Posibilidad de ser llevados entre los dientes;
- Manos libres para apoyar la travesía en tramos difíciles.
Por otro lado, ramas más grandes se mostraron menos eficientes. Eran más pesadas y generaban luminosidad excesiva, dificultando la adaptación visual al ambiente oscuro.
Las huellas revelan la estrategia adoptada por el grupo
Las marcas dejadas en el suelo también permitieron comprender cómo la expedición se movía dentro de la cueva.
De acuerdo con el análisis, los cinco integrantes avanzaron en fila india durante todo el recorrido. El perro permaneció cerca de las paredes mientras acompañaba a la comitiva.
Los autores del estudio explicaron que este comportamiento representa una de las formas más seguras de desplazamiento en entornos subterráneos desconocidos. Según registraron en la investigación, el movimiento en fila es similar al adoptado por animales como osos y lobos cuando transitan por lugares oscuros.
El equipo destacó además que, en estas circunstancias, no era necesaria una iluminación intensa para garantizar seguridad al grupo.
¿Cuántas antorchas fueron necesarias para la travesía?
Las pruebas realizadas por los investigadores también permitieron calcular el consumo de combustible durante la jornada.
Según las estimaciones, cada antorcha quemaba aproximadamente 18 centímetros de madera en cerca de cuatro minutos y medio. Ese tiempo era suficiente para recorrer cerca de 100 metros.
Con base en estos números, los científicos concluyeron que los exploradores necesitaron reencender las fuentes de luz cuatro veces hasta llegar al destino.
La reconstrucción sugiere que solo dos antorchas encendidas simultáneamente bastaban para iluminar toda la fila. La posición más eficiente sería una luz cerca del inicio del grupo y otra en la retaguardia.
Los cálculos indican además que se utilizaron cerca de:
- Ocho ramas preparadas para la ida;
- Ocho ramas para el regreso;
- Dieciséis antorchas a lo largo de toda la expedición.
Este resultado refuerza la idea de que el grupo entró en la cueva ya equipado con material previamente organizado para enfrentar la travesía.
¿Qué revela el descubrimiento sobre los primeros exploradores?
Más que registrar una caminata antigua, las huellas preservadas en la Grotta della Bàsura ofrecen pistas importantes sobre el comportamiento humano en la prehistoria.
La investigación muestra que estos grupos eran capaces de planificar desplazamientos complejos, transportar recursos necesarios y adaptar estrategias de seguridad para entornos hostiles.
Además, el descubrimiento evidencia la relación entre humanos y perros en un período extremadamente remoto. La combinación de huellas, vestigios de iluminación y señales de organización colectiva permite reconstruir un episodio ocurrido hace más de 14 mil años con un nivel de detalle raro para estudios arqueológicos.
Con información de Olhar Digital

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