Proyecto muestra cómo baterías antiguas de notebook pueden ganar una segunda vida en sistemas solares, pero también enciende alerta sobre seguridad, desecho correcto y límites de iniciativas caseras
Un proyecto de energía solar residencial llamó la atención tras ser documentado en el foro Second Life Storage por un usuario conocido como Glubux, quien comenzó a relatar el montaje en noviembre de 2016. En ese momento, afirmó que ya producía parte de su propia electricidad con paneles solares en el techo, una batería antigua de montacargas, controladores de carga e inversor.
El diferencial del proyecto estaba en el banco de energía. En lugar de comprar baterías nuevas para almacenar la electricidad generada por los paneles solares, Glubux comenzó a desmontar baterías desechadas de notebook, probar las celdas internas y montar nuevos packs para uso residencial. Al principio, según el relato publicado por él, el acervo ya reunía cerca de 650 baterías de notebook.
Según New Energy Brasil, la idea nació a partir de equipos que probablemente irían a la basura electrónica. En lugar de desechar los packs de notebooks, el responsable del proyecto comenzó a separar celdas aún utilizables, combinándolas con paneles solares, controlador de carga e inversor.
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El caso llama la atención porque une dos temas cada vez más presentes en la transición energética: energía solar residencial y almacenamiento en baterías. El sistema no representa una solución lista para ser copiada por cualquier persona, pero ayuda a mostrar el potencial escondido en materiales que normalmente pierden valor cuando un notebook deja de funcionar.
Al mismo tiempo, los especialistas advierten que las baterías de iones de litio exigen conocimiento técnico, protección adecuada y desecho responsable. Cuando se manejan mal, se dañan o se conectan de forma incorrecta, pueden generar riesgos de calentamiento, cortocircuito e incendio.
Baterías de notebook se convierten en banco de energía para sistema solar
De acuerdo con la publicación, el proyecto comenzó en noviembre de 2016, cuando el responsable ya tenía alguna experiencia con energía solar. En la fase inicial, contaba con paneles fotovoltaicos, una batería antigua de montacargas, controlador de carga e inversor, pero aún buscaba una forma más robusta de almacenar la energía generada.

La solución encontrada fue aprovechar baterías de notebook desechadas. En muchos casos, un pack entero se tira cuando solo parte de las celdas internas ha perdido rendimiento. Esto significa que algunas unidades aún pueden retener carga y servir en aplicaciones de menor exigencia, siempre que pasen por evaluación técnica.
Al principio, el stock reunía cerca de 650 baterías de notebook. Con el tiempo, según el reportaje, el número habría pasado de 1.000 unidades, formando una especie de banco de energía construido poco a poco, celda por celda, para apoyar la alimentación eléctrica de la residencia.
El montaje fue instalado en un galpón separado de la casa, a aproximadamente 50 metros de la residencia. Este detalle es importante porque muestra una preocupación por la seguridad y organización del sistema, aunque la iniciativa sigue siendo una instalación artesanal y fuera del estándar comercial certificado.
Energía solar off-grid depende del almacenamiento para funcionar de noche
El punto central del proyecto es el almacenamiento. Los paneles solares generan electricidad durante el día, pero la casa también necesita energía por la noche, en días nublados o en momentos de baja generación. Es en este espacio donde entran las baterías.
De acuerdo con la UNIFAL-MG, los sistemas fotovoltaicos off-grid son aquellos que funcionan sin conexión directa con la red de distribución. En ellos, la energía generada por los paneles necesita ser guardada en una batería o banco de baterías, permitiendo el uso posterior.
Una investigación de maestría desarrollada en la universidad estudió precisamente el reaprovechamiento de celdas 18650 retiradas de baterías de notebook para sistemas solares residenciales fuera de la red. El trabajo evaluó celdas desechadas, midió capacidad residual y analizó la viabilidad económica de esta aplicación.
Según la UNIFAL-MG, cerca de 51% de las celdas analizadas en el estudio fueron consideradas adecuadas para reutilización. La investigación también señaló que una batería montada con celdas reaprovechadas podría sostener una residencia teórica por hasta cinco días sin luz solar, además de presentar un retorno financiero menor que una solución hecha solo con baterías nuevas.
Este tipo de resultado ayuda a explicar por qué proyectos como el del hombre que reunió más de 650 baterías despiertan curiosidad. Muestran que el desecho de electrónicos puede esconder componentes aún útiles, siempre que sean evaluados con método y seguridad.
La basura electrónica crece en el mundo y presiona el reciclaje
La historia también llama la atención por el lado ambiental. Los residuos electrónicos son uno de los frentes más difíciles de la economía circular, ya que involucran equipos con metales, plásticos, placas, baterías y componentes que requieren tratamiento adecuado.
El Global E-waste Monitor 2024, informe producido por organismos vinculados a la ONU, informó que el mundo generó 62 millones de toneladas de residuos electrónicos en 2022. El volumen creció un 82% en relación a 2010 y podría llegar a 82 millones de toneladas en 2030 si la tendencia continúa.

El mismo estudio señala que menos de una cuarta parte de estos residuos electrónicos tuvo recolección y reciclaje documentados en 2022. Esto significa que gran parte de los materiales se destina a eliminación inadecuada, almacenamiento informal o cadenas sin rastreabilidad.
En Brasil, la Política Nacional de Residuos Sólidos prevé la logística inversa como instrumento para devolver productos al sector productivo, permitiendo reciclaje, reaprovechamiento o disposición ambientalmente adecuada. El Sistema Nacional de Información sobre la Gestión de Residuos Sólidos también orienta que pilas y baterías sean entregadas en puntos propios de recolección.
Por eso, el reaprovechamiento de baterías no debe confundirse con improvisación. El camino más seguro para los consumidores comunes sigue siendo llevar pilas, baterías y electrónicos a los puntos de entrega, mientras que las iniciativas técnicas deben seguir normas, protección eléctrica y seguimiento especializado.
El almacenamiento en baterías gana espacio en Brasil
El caso de las baterías de portátil aparece en un momento en que el almacenamiento de energía se ha convertido en un tema estratégico en el sector eléctrico brasileño. La energía solar creció rápidamente en los tejados, propiedades rurales y empresas, pero la capacidad de almacenar electricidad sigue siendo una de las piezas más caras y complejas de esta expansión.
ANEEL informó, en 2025, que Brasil ya contaba con millones de sistemas de micro y minigeneración distribuida conectados a la red. La mayor parte de estas unidades estaba en la clase residencial, mostrando cómo la generación propia dejó de ser un tema restringido a grandes empresas.
En junio de 2026, ANEEL aprobó reglas sobre sistemas de almacenamiento de energía, discutiendo modelos de explotación, cobro por el uso de la red y participación de estos equipos en el Sistema Interconectado Nacional. En la misma semana, el Ministerio de Minas y Energía publicó directrices para una subasta inédita de almacenamiento en baterías en el país.
Estas medidas tratan de proyectos profesionales y de gran escala, no de instalaciones caseras con baterías reutilizadas. Aun así, el movimiento refuerza que las baterías han ganado un papel central en la transición energética, ya sea para residencias aisladas, redes eléctricas o grandes emprendimientos.
Según la Empresa de Investigación Energética, las baterías electroquímicas tienen potencial para diferentes aplicaciones debido a la respuesta rápida, modularidad y flexibilidad de ubicación. El desafío está en reducir costos, definir reglas claras y garantizar seguridad técnica y ambiental.
La inspiración no elimina riesgos de incendio y fallas eléctricas
A pesar del atractivo sostenible, el proyecto con baterías antiguas de notebook exige cautela. Las baterías de iones de litio pueden ofrecer buena densidad de energía, pero también concentran riesgos cuando sufren daño físico, sobrecarga, descarga profunda o montaje inadecuado.
Organizaciones de seguridad contra incendios advierten que baterías de este tipo no deben ser desechadas en la basura común y necesitan mantenerse lejos de fuentes de calor, materiales inflamables y cargadores inadecuados. En sistemas más grandes, el riesgo aumenta porque cientos de celdas pasan a trabajar juntas.
En el caso relatado por New Energy Brasil, la instalación habría funcionado por años sin incidentes graves, pero eso no transforma la práctica en una recomendación doméstica. El resultado depende de una selección cuidadosa, monitoreo constante, protección eléctrica y conocimiento técnico.
Para la mayoría de las familias, la alternativa más segura es invertir en equipos certificados, contratar profesionales habilitados y desechar baterías antiguas en puntos de logística inversa. Ya para universidades, empresas y centros de investigación, la reutilización puede ser una línea prometedora de estudio, especialmente en aplicaciones controladas.
La principal lección de la historia no es que cualquier persona puede montar una batería residencial con chatarra. El mensaje más importante es que los residuos electrónicos tienen valor, la energía solar necesita almacenamiento y la economía circular depende de tecnología, seguridad y responsabilidad.

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