La USP y el Inpe advierten que el cambio climático en el Cerrado puede reducir la recarga subterránea hasta en 666 mm/año y debilitar los ríos antes de 2100.
Según el Instituto de Geociencias de la Universidad de São Paulo, un estudio realizado por científicos del IGc-USP y del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales, publicado en agosto de 2025 por la Agencia FAPESP, concluyó que la crisis climática puede comprometer significativamente la recarga natural de los acuíferos brasileños, reduciendo la oferta de aguas subterráneas en prácticamente todo el territorio nacional. El estudio utilizó un modelo de balance hídrico basado en geoprocesamiento y datos corregidos de proyecciones climáticas del CMIP6, el conjunto más reciente del Programa Mundial de Investigación Climática, que integra información de decenas de centros de investigación de todo el mundo. El análisis estimó cambios en la temperatura, precipitación, escorrentía superficial y recarga de acuíferos entre 2025 y 2100 en dos escenarios de emisiones.
El resultado más alarmante se identificó en el Sistema Acuífero Bauru-Caiuá, que abarca partes de Minas Gerais, São Paulo, Goiás y Mato Grosso do Sul. En este sistema, la recarga subterránea puede disminuir hasta 666 milímetros por año en las áreas más afectadas. Para un acuífero que abastece a municipios, sostiene la irrigación agrícola y mantiene ecosistemas fluviales en cuatro estados, esta reducción representa un cambio estructural en la disponibilidad hídrica, no solo una variación estadística.
Continúe la lectura para entender por qué el Cerrado está en el centro de este proceso y cómo los cambios en el régimen de lluvias están alterando la dinámica de recarga de los acuíferos en Brasil.
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El papel estratégico del Cerrado como principal zona de recarga hídrica y reservorio natural de agua subterránea en Brasil
El Cerrado es frecuentemente descrito como la sabana más biodiversa del mundo, con más de 12 mil especies de plantas, cerca del 40% de ellas endémicas. Esta definición, aunque correcta, no traduce su función más crítica: el bioma actúa como la principal caja de agua de Brasil.
El Cerrado alberga ocho de las doce mayores cuencas hidrográficas del país, incluyendo las cuencas Amazónica, del Plata, del São Francisco, del Araguaia-Tocantins, del Parnaíba y del Atlántico en diferentes regiones. Además, concentra tres de los principales sistemas acuíferos del continente: Guaraní, Urucuia y Bambuí.
Los manantiales que abastecen a ciudades como Brasilia, São Paulo, Goiânia, Campo Grande y Cuiabá están directamente conectados a este bioma. La producción agrícola del Centro-Oeste y de la región de MATOPIBA depende directamente del agua almacenada y recargada por el Cerrado, tanto en ríos como en acuíferos subterráneos.
Cómo la estructura del suelo y de las raíces profundas del Cerrado garantiza la infiltración y recarga eficiente de los acuíferos
La capacidad del Cerrado para funcionar como reservorio hídrico está directamente ligada a su estructura ecológica. La vegetación nativa posee raíces profundas que pueden alcanzar 15 metros o más de profundidad, creando canales naturales que facilitan la infiltración del agua de lluvia.
Estas raíces mantienen la porosidad del suelo y permiten que el agua atraviese diferentes capas hasta alcanzar los acuíferos. La litología del bioma refuerza este proceso: cerca del 57% del área del Cerrado se asienta sobre rocas sedimentarias porosas, con alta capacidad de almacenamiento de agua.
Este sistema funciona como un mecanismo natural de recarga lenta y continua, esencial para mantener el flujo base de los ríos durante períodos secos.
El impacto directo de la deforestación y la expansión agrícola en la pérdida de la capacidad de infiltración del suelo
Cuando la vegetación nativa del Cerrado es reemplazada por pastizales o monocultivos como la soja, ocurre una profunda transformación en el funcionamiento hidrológico del suelo.
Las raíces profundas desaparecen, el suelo sufre compactación debido al uso de maquinaria y al pisoteo del ganado, y los canales naturales de infiltración son destruidos. Como consecuencia, el agua de lluvia deja de penetrar en el suelo y pasa a escurrir superficialmente.

Este proceso genera dos efectos simultáneos. Durante los períodos lluviosos, aumenta el riesgo de inundaciones debido al escurrimiento acelerado. Durante la sequía, la ausencia de recarga reduce el nivel de los acuíferos y compromete el flujo de los ríos.
Un Cerrado degradado no solo pierde su función de recarga, sino que agrava los eventos extremos, intensificando tanto las inundaciones como la escasez hídrica.
Cómo el cambio climático y las lluvias intensas reducen la infiltración y comprometen la recarga de los acuíferos
El estudio también identifica un factor adicional que agrava el problema: el cambio en el régimen de lluvias. Incluso en regiones donde el volumen total de precipitación no debería sufrir grandes alteraciones, como el Sudeste, la distribución de las lluvias tiende a cambiar.
Según el investigador Ricardo Hirata, del IGc-USP, habrá períodos más largos de sequía intercalados con eventos de lluvia más intensos y concentrados. Este patrón favorece el escurrimiento superficial y reduce la infiltración.
La infiltración del agua en el suelo depende de la capacidad de absorción del terreno, de la cobertura vegetal y de la intensidad de la lluvia. Cuando la precipitación ocurre de forma muy intensa, el agua llega más rápido de lo que el suelo puede absorber, generando escurrimiento.
Incluso cuando hay infiltración, el proceso hasta el acuífero es lento. Los estudios indican que el agua puede tardar de dos a tres meses en atravesar de 10 a 15 metros de suelo. En eventos de lluvia rápida y concentrada, esta dinámica se interrumpe.
El resultado es un escenario paradójico: más eventos extremos de lluvia y, al mismo tiempo, menor recarga de los acuíferos.
Los acuíferos brasileños más vulnerables al cambio climático y a la degradación del Cerrado
El estudio identificó diferentes niveles de vulnerabilidad entre los principales sistemas acuíferos de Brasil. El Sistema Acuífero Bauru-Caiuá aparece como el más crítico, con proyecciones de reducción de hasta 666 milímetros por año en la recarga. Considerando que la precipitación anual en regiones del Cerrado varía entre 1.200 y 1.800 milímetros, esta pérdida representa una porción significativa del agua disponible.
El Acuífero Guaraní también enfrenta una presión creciente. Su zona de recarga, ubicada en áreas de intensa actividad agrícola, está siendo impactada por la deforestación y la alteración del régimen de lluvias.
Por su parte, el Acuífero Urucuia, fundamental para el mantenimiento del flujo del Río São Francisco, sufre con la expansión agrícola en el MATOPIBA. La reducción de la recarga en este sistema tiene un impacto directo en el abastecimiento de millones de personas en el semiárido.
Por qué la deforestación del Cerrado genera impactos hídricos invisibles y retardados en el abastecimiento de agua
El Cerrado ya ha perdido aproximadamente la mitad de su vegetación nativa. Actualmente, es responsable de más de la mitad de la deforestación registrada en Brasil, superando incluso a la Amazonía en proporción anual.
El impacto hídrico de este proceso es silencioso y ocurre con retraso. A diferencia de la pérdida de biodiversidad, que es inmediata, la reducción de la recarga de los acuíferos se manifiesta a lo largo de los años.
El agua deja de infiltrarse en el momento de la deforestación, pero los efectos aparecen después, cuando los niveles de los acuíferos bajan, los ríos pierden caudal y la captación de agua se vuelve más difícil. Este desajuste temporal dificulta la percepción del problema y reduce la capacidad de respuesta.
La recarga gestionada de acuíferos surge como una solución técnica ya existente, pero aún poco aplicada en Brasil
El estudio señala que la recarga gestionada de acuíferos, conocida como MAR, es una solución viable y ya utilizada en otros países.
Esta técnica consiste en inducir artificialmente la infiltración de agua en el suelo mediante estructuras como cuencas de infiltración, presas de retención y sistemas de inyección directa.
En países como Israel, Australia y Emiratos Árabes Unidos, estas tecnologías ya forman parte de la estrategia de seguridad hídrica.
Según los investigadores, el agua de lluvia o incluso las aguas residuales tratadas pueden dirigirse a estos sistemas, siendo filtradas naturalmente por el suelo antes de llegar a los acuíferos.
En Brasil, sin embargo, este enfoque aún es poco utilizado y no forma parte de una política nacional estructurada.
¿Qué revela este escenario sobre el futuro del agua en Brasil y la necesidad de decisiones estructurales?
El estudio del IGc-USP y del Inpe deja claro que el problema no reside en la falta de conocimiento científico. Los procesos están identificados, los impactos son conocidos y las soluciones ya han sido probadas.
El desafío radica en la implementación a escala. La recarga de acuíferos aún no ocupa una posición central en las políticas públicas de infraestructura hídrica.
Sin cambios estructurales, Brasil podría enfrentar un escenario en el que la disponibilidad de agua subterránea disminuya mientras la demanda crece, presionando a ciudades, agricultura y generación de energía.
Caruaru fue una advertencia en el pasado. El Cerrado y los acuíferos brasileños indican que el próximo desafío podría ser mucho más amplio y sistémico.

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