Con censura en internet y apagón de internet llegando a Moscú y San Petersburgo, el Kremlin amplía el bloqueo de Telegram, refuerza la caza de VPN y intenta atraer a la población a la aplicación Max preinstalada, mientras defiende la “seguridad” en la televisión estatal y enfrenta reacciones incluso dentro de su propia base.
Rusia está desconectando su propia internet, con apagones que, según informes de los residentes, han comenzado a interrumpir durante horas, días e incluso semanas la conexión e incluso servicios básicos como llamadas y envío de SMS en grandes ciudades como Moscú y San Petersburgo. El 23 de abril, Vladimir Putin apareció en la televisión estatal para defender la continuidad de los cortes, diciendo que la medida busca “proteger a la sociedad rusa” y priorizar la seguridad de los ciudadanos.
El movimiento va más allá de fallas puntuales: WhatsApp fue bloqueado en febrero, Telegram cayó a partir del 1 de abril, y las VPN están siendo cazadas una a una, mientras el gobierno incentiva la migración a Max, una aplicación estatal de mensajería que viene preinstalada en los dispositivos vendidos en el país y se describe como integrada a servicios gubernamentales. El telón de fondo es una escalada de control informacional en un país en guerra, con un alto costo económico y señales de desgaste político a pocos meses de las elecciones legislativas.
Internet en apagones: cómo los cortes salieron de la frontera y llegaron al corazón de las metrópolis
Hasta principios de 2026, los cortes de internet eran más comunes en regiones cercanas a la frontera con Ucrania, como Bélgorod, Briansk, Kirsky y áreas cercanas a bases militares estratégicas. La justificación operativa citada es que los drones ucranianos de largo alcance utilizan redes de telefonía móvil para la navegación sobre objetivos dentro de Rusia, y que cortar la señal en las regiones de riesgo dificultaría esa guía.
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A partir de marzo, sin embargo, el patrón cambió: los apagones comenzaron a afectar el centro de Moscú y el centro de San Petersburgo, ciudades a cientos de kilómetros de la frontera ucraniana más cercana. En esta fase, el impacto dejó de ser solo militar y se volvió cotidiano, con informes de residentes que no podían ni hacer llamadas ni enviar SMS durante días seguidos.
WhatsApp bloqueado y Telegram derribado: por qué el golpe fue mayor de lo que parece
El 12 de febrero, el portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, anunció el bloqueo completo de WhatsApp en territorio ruso. La justificación oficial fue que Meta, propietaria de la aplicación, no cumplió con las exigencias de la legislación rusa. Junto con el anuncio, el gobierno sugirió que los ciudadanos migraran a Max, el mensajero estatal.
El 1 de abril, llegó el bloqueo de Telegram, descrito como el golpe más duro para los rusos. Creado por el ruso Pavel Durov, Telegram era señalado como la aplicación de mensajería más utilizada en el país y tenía funciones prácticas y estratégicas: era un canal de comunicación entre soldados en el frente y sus familias, servía para que los ayuntamientos cercanos a la zona de conflicto emitieran alertas de ataque aéreo y sustentaba la “blogosfera militar” rusa, tanto pro-Kremlin como crítica.
Max preinstalado: qué es la aplicación estatal y por qué se convirtió en pieza central del plan
Max se describe como una aplicación de mensajería desarrollada por Roscon Nadzor, la agencia estatal rusa de telecomunicaciones. Viene preinstalado en todos los dispositivos vendidos en Rusia y está integrado con servicios gubernamentales, escolares y bancarios, lo que amplía el incentivo práctico para que la población lo use en el día a día.
Expertos en seguridad citados en el material señalan a Max como monitoreado por el FSB, el servicio de seguridad heredero de la KGB. Pavel Durov afirmó que Rusia estaría restringiendo Telegram para obligar a los ciudadanos a migrar a una aplicación controlada por el Estado, diseñada específicamente para la vigilancia y la censura política. Hay informes de que incluso altos funcionarios rusos mantienen dispositivos y chips separados para usar Max, precisamente porque no confían en la seguridad de la propia aplicación promovida por el gobierno.
Caza de VPN y presión sobre las tiendas de aplicaciones: cómo el Kremlin cierra las rutas de escape
Sumado a los bloqueos de mensajería, el Ministerio de Desarrollo Digital ruso confirmó en marzo que ejecuta una campaña sistémica para reducir el uso de VPN. El material afirma que más de 400 servicios de VPN ya fueron bloqueados hasta mediados de enero, indicando un esfuerzo continuo para cortar las herramientas que permitían eludir la censura.
Otro punto citado es la participación de plataformas de distribución: Apple, atendiendo a una orden judicial rusa, retiró de la App Store las VPN que ayudaban a sortear las restricciones. Para los analistas mencionados, la estrategia no es solo impedir el acceso a sitios y aplicaciones, sino intentar “reeducar” a los rusos sobre cómo usar internet, limitando tanto las plataformas como los medios de evasión.
El argumento de los drones y la controversia técnica que debilita la justificación
Al defender los cortes el 23 de abril, Putin dijo apoyar las medidas cuando están ligadas a operaciones para prevenir ataques terroristas. El argumento presentado es que los drones ucranianos de medio y largo alcance, principalmente los que alcanzan refinerías y depósitos de combustible, usan en parte redes móviles 4G para guiado, y que derribar la señal en el área objetivo degradaría esa capacidad.
El material, sin embargo, señala un problema técnico en esa explicación: la mayor parte de los drones ucranianos de ataque profundo no dependería de internet móvil, usando navegación inercial combinada con GPS y, en algunos casos, imagen óptica a bordo para correcciones finales. Esta divergencia alimenta la crítica de que los apagones y bloqueos no se sostienen solo como medida militar y amplían un control que afecta a la población en masa.
Los números que explican la cuenta: 37 mil horas de apagones y perjuicio multimillonario
En 2025, Rusia fue descrita como, con diferencia, el país que más cortó internet en el mundo. Según un estudio del grupo Top 10 VPN citado en el material, hubo más de 37.000 horas de apagones a lo largo del año, con un perjuicio estimado en casi 12 mil millones de dólares para la economía rusa.
En el ámbito local, el impacto también se manifiesta en monedas y rutinas: solo en Moscú, las pérdidas estimadas rondarían los 5 mil millones de rublos en pocos días de apagón. Además del perjuicio directo para negocios y servicios, el relato de personas sin conexión, sin llamadas y sin SMS durante días seguidos da la dimensión del choque práctico cuando internet empieza a fallar como infraestructura básica.
Reacción desde dentro del sistema: cuando internet se convierte en desgaste político antes de las elecciones
La escalada es descrita como profundamente impopular, incluso entre la base de apoyo de Putin. Viaeslav Gladkov, gobernador de Belgorod, región bajo constantes ataques de drones ucranianos, fue a la televisión a preguntar en vivo quién respondería por las muertes de personas que no pudieron recibir alertas de ataque porque la internet móvil estaba cortada.
La reacción también provino de la esfera pro-guerra: el canal Two Majors, citado como uno de los más influyentes, afirmó que para los grupos responsables del combate a drones en el frente, Telegram era el único canal de comunicación operacional disponible y divulgó videos de soldados rusos enmascarados pidiendo que el Kremlin retrocediera. La Duma, descrita como históricamente sumisa, llegó a someter a votación una exigencia para que el gobierno justificara formalmente el bloqueo de Telegram.
Según el material, los sondeos indican la mayor caída de aprobación de Putin desde el inicio de la guerra en 2022. Y el partido del Kremlin, Rusia Unida, aparece con menos del 30% de las intenciones de voto a cinco meses de las elecciones legislativas, colocando la agenda de control de internet en el centro del riesgo político interno.
Qué significa esto: la construcción acelerada de un espacio digital cerrado
En conjunto, lo que está sucediendo no se describe como medidas técnicas aisladas para combatir drones, sino como la construcción acelerada de una arquitectura de control de información que recuerda el modelo chino, solo que improvisada bajo la presión de una guerra que no termina.
El material resume la estrategia en tres frentes simultáneos: desconectar a los rusos de plataformas globales donde circula información independiente sobre la guerra en Ucrania; empujar a la población hacia una aplicación doméstica en la que la comunicación sería monitoreada por el FSB; y degradar el acceso a herramientas de evasión como las VPN, que hasta hace poco serían el escape de más de un tercio de la población.
Ante el costo económico y el desgaste político, la resistencia dentro de la propia élite y de aliados del régimen sugiere que el Kremlin ve un riesgo interno que considera más urgente que mantener el espacio informacional abierto.
Y para ti: ¿hasta dónde puede un país “desconectar” internet de su propio pueblo antes de que el costo económico y político sea demasiado grande?

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