La expansión del agua líquida sobre el hielo antártico preocupa a los científicos por aumentar la presión sobre plataformas que ayudan a contener glaciares continentales e influyen directamente en el nivel del mar, según proyecciones climáticas de alta resolución publicadas en un estudio internacional en la revista Nature Communications.
Investigadores descubrieron que el derretimiento superficial de la Antártida debería extenderse por una mayor área del continente a lo largo de este siglo y aumentar la presión sobre plataformas de hielo esenciales para contener el avance de glaciares hacia el océano, según un estudio publicado el 30 de marzo de 2026 en la revista Nature Communications.
Firmada por Yaowen Zheng, Nicholas R. Golledge, Alexandra Gossart y Shoujuan Shu, la investigación señala que la amenaza al hielo antártico no se limita al calentamiento del océano bajo las plataformas, ya que la formación de agua líquida en la superficie también puede debilitar estructuras flotantes y aumentar el riesgo de inestabilidad.
El derretimiento superficial debería avanzar en la Antártida
Para estimar cómo el derretimiento superficial puede evolucionar en diferentes trayectorias de emisiones, los autores utilizaron proyecciones climáticas con resolución de 1 kilómetro, señalando que, en el escenario SSP3-7.0, el área sujeta al fenómeno debería crecer más de un 10% hasta 2100.
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Aunque este avance no indica que toda la Antártida comenzará a derretirse de manera uniforme, los datos muestran que regiones actualmente menos expuestas al agua líquida pueden entrar en una franja de riesgo más elevada en las próximas décadas.
Entre los puntos considerados más sensibles están la Península Antártica Occidental y la Bahía del Mar de Amundsen, regiones donde el aumento del derretimiento en la superficie puede comprometer plataformas de hielo responsables de frenar el flujo de glaciares continentales hacia el mar.
El agua líquida puede ampliar fracturas en el hielo
Vinculadas al continente, las plataformas de hielo son extensiones flotantes que, a pesar de ya estar sobre el océano, funcionan como barreras naturales capaces de reducir la velocidad con que el hielo apoyado en tierra avanza hacia el mar.
A medida que estas estructuras pierden estabilidad, los glaciares ubicados detrás de ellas comienzan a fluir con más facilidad, un proceso considerado relevante porque el hielo continental, al alcanzar el océano, contribuye directamente a la elevación del nivel del mar.
Además, el agua líquida acumulada sobre las plataformas puede penetrar en grietas y desencadenar el mecanismo conocido como hidrofractura, que aumenta la presión dentro de las fisuras y profundiza fracturas ya existentes, reduciendo la resistencia del hielo en áreas vulnerables.
Cambio en el albedo acelera nuevas etapas de derretimiento
Otro punto destacado por el estudio involucra cambios en la capacidad de la superficie antártica de reflejar la luz solar, ya que la nieve y el hielo claros devuelven una parte importante de la radiación al espacio, mientras que las áreas húmedas u oscurecidas pasan a absorber más energía.
Conocida como reducción del albedo, esta alteración puede favorecer nuevas etapas de derretimiento, haciendo que la superficie deje de actuar solo como una capa pasiva y pase a participar en procesos capaces de ampliar la inestabilidad local.
Durante años, gran parte de la preocupación en relación con la Antártida estuvo concentrada en el derretimiento por la base de las plataformas, provocado por la interacción con aguas oceánicas más cálidas, pero la nueva investigación amplía ese escenario al mostrar que la atmósfera también puede actuar sobre el sistema glacial desde arriba.
Escenario de bajas emisiones reduce avance del fenómeno
Entre los escenarios evaluados por los investigadores, solo el SSP1-2.6, asociado a emisiones más bajas, logra estabilizar la tasa futura de expansión del derretimiento superficial en los niveles actuales, mientras que en los demás caminos analizados el área expuesta continúa avanzando a lo largo del siglo.
La diferencia entre los escenarios indica que la trayectoria de las emisiones influye directamente en el ritmo de transformación de la Antártida, ya que, en un contexto de calentamiento más controlado, el fenómeno no desaparece, pero deja de avanzar a la misma velocidad.
Ya en los escenarios de mayor calentamiento, la formación de agua líquida alcanza áreas más amplias e intensifica la presión sobre regiones en las que las plataformas ejercen un papel estructural, aunque el estudio no trata el proceso como un colapso inevitable, sino como un aumento de vulnerabilidad física.
Modelos climáticos detallados ayudan a identificar áreas vulnerables
Con resolución de 1 kilómetro, el estudio permitió a los investigadores observar contrastes que los modelos climáticos más amplios suelen suavizar, especialmente en regiones costeras y plataformas de hielo, donde pequeñas variaciones de relieve, temperatura y circulación atmosférica alteran el comportamiento del derretimiento.
Este nivel de detalle ayuda a identificar áreas donde la expansión del agua líquida requiere un seguimiento más cercano y también permite distinguir regiones con mayor probabilidad de hidrofractura, evitando tratar el continente antártico como un bloque homogéneo.
Según la investigación, el derretimiento superficial también puede afectar hábitats adaptados al frío extremo y alterar condiciones locales en áreas costeras, aunque la principal alerta continúa relacionada con la estabilidad de las plataformas de hielo y su conexión directa con el nivel del mar.
La Antártida concentra un volumen de hielo suficiente para influir en zonas costeras a escala global, razón por la cual los cambios regionales que involucran plataformas y glaciares tienen un impacto relevante para ciudades costeras, infraestructura costera y estrategias de planificación climática a largo plazo.
Con el avance del agua líquida sobre el hielo, crece la necesidad de monitorear la Antártida como un sistema influenciado por procesos simultáneos, ya que el océano puede calentar la base de las plataformas mientras la atmósfera amplía el derretimiento y favorece la aparición de fracturas.

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