Vestigios escondidos en Acre revelan una amplia red de caminos antiguos, construida por poblaciones indígenas antes de la llegada de los europeos, con vías rectas, conexiones con ríos y acceso a geoglifos monumentales que aún desafían a los investigadores.
Una red de 955 carreteras y caminos precolombinos, con cerca de 350 km de extensión total, fue mapeada en Acre por investigadores de Brasil y Finlandia, revelando una ocupación indígena antigua más organizada y conectada de lo que el paisaje amazónico actual sugiere.
Además de la dimensión territorial, el levantamiento identificó 634 vías anchas y 321 estrechas en un área marcada por geoglifos, montículos y otras estructuras de tierra asociadas a sociedades indígenas anteriores a la llegada de los europeos al continente americano.
Publicado en abril de 2026 en la revista científica Latin American Antiquity, el estudio combinó imágenes de satélite y verificaciones en campo para reconocer trazados antiguos en el territorio acreano y evaluar su relación con ríos, aldeas y monumentos de tierra.
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El área analizada reúne aproximadamente 135 mil km² en el suroeste de la Amazonía, donde cientos de grandes dibujos geométricos en el suelo, como cuadrados, círculos y rombos, han comenzado a ser identificados con más frecuencia en las últimas décadas.
En muchos puntos, estas marcas aparecen rodeadas por zanjas o muros de tierra compactada, componiendo estructuras interpretadas por arqueólogos como posibles espacios de reunión, rituales y actividades colectivas, aunque parte de su función aún depende de nuevas investigaciones.
En el equipo responsable del mapeo están Alceu Ranzi, de la Universidad Federal de Acre, Antonia Damasceno Barbosa, del Instituto del Patrimonio Histórico y Artístico Nacional, Risto Kalliola, de la Universidad de Turku, y Martti Pärssinen, de la Universidad de Helsinki.
Al reunir investigadores brasileños y finlandeses, la investigación cruzó datos arqueológicos, geográficos y ambientales para comprender cómo poblaciones antiguas ocuparon, modificaron y conectaron diferentes áreas de Acre mucho antes de la formación de las actuales ciudades amazónicas.
Carreteras precolombinas tenían trazados rectos y planificación espacial
Por la regularidad de los trazados, las vías antiguas llaman la atención no solo por la cantidad, sino también por la forma en que fueron planificadas y distribuidas en un paisaje marcado por ríos, bosques y estructuras monumentales de tierra.
Gran parte de los caminos sigue líneas rectas, y algunas vías parecen obedecer a orientaciones ligadas a los puntos cardinales, lo que sugiere planificación espacial y posible uso de referencias astronómicas por los grupos que construyeron estas rutas.
Aunque muchas carreteras tienen menos de 500 metros, algunos ejemplos se extienden por varios kilómetros y alcanzan 5,5 km de extensión, dimensión que indica una circulación organizada entre áreas distintas del paisaje acreano.
Entre las estructuras mapeadas, predominan las vías anchas, que en varios casos superan 15 metros de ancho entre un borde y otro, medida poco común para simples senderos de circulación cotidiana en la selva.
Esta dimensión refuerza la interpretación de que parte de los caminos tenía una función simbólica, ceremonial o de organización del acceso a áreas monumentales, y no solo un papel práctico de desplazamiento entre puntos cercanos.
De acuerdo con el artículo científico, las carreteras aparecen con mayor frecuencia en las áreas más densas en estructuras de tierra, especialmente cerca de conjuntos de geoglifos, donde los caminos parecen organizar la circulación alrededor de los monumentos.
El levantamiento también indicó que complejos de tierra más elaborados tienden a reunir más caminos que estructuras simples, mientras que las formas cuadriláteras presentan una asociación más fuerte con carreteras que las formas redondeadas.
Otro aspecto importante es la relación con los ríos, ya que, en los casos en que fue posible identificar el probable destino de las vías, cerca de 40% de ellas se dirigían a las márgenes fluviales.
Este patrón sugiere conexión entre aldeas, monumentos y rutas de circulación por la cuenca amazónica, mientras que otros 10% de los caminos terminaban en geoglifos o en grandes estructuras de tierra excavada y compactada.
Geoglifos del Acre se conectaban a ríos, aldeas y áreas ceremoniales
En un área al noreste de Rio Branco, en el municipio de Boca do Acre, los investigadores destacaron la presencia de 12 carreteras asociadas a la región donde el río Acre encuentra el río Purus.
La ubicación tiene importancia arqueológica porque los ríos funcionaban como ejes de desplazamiento, contacto y circulación de recursos, conectando diferentes áreas de la Amazonía y ampliando el alcance de las poblaciones indígenas que vivieron en la región.
Al acercarse a los geoglifos, algunas vías se abren en forma de abanico, creando entradas más amplias y visualmente marcadas para quienes llegaban a los espacios monumentales usados en posibles actividades colectivas o ceremoniales.
Este diseño puede haber ampliado la percepción visual de los patios por quienes se acercaban a ellos, pero la función exacta permanece en estudio, ya que la arqueología trabaja con evidencias materiales y evita transformar hipótesis en certeza.
La baja presencia de cerámica doméstica en muchos geoglifos sostiene la idea de que estas estructuras no eran, en general, áreas residenciales permanentes, sino lugares destinados a otros usos sociales.
Entre las interpretaciones discutidas por investigadores, los espacios pueden haber funcionado como patios de encuentro, festividad o práctica ritual, usados por poblaciones indígenas que manejaban el paisaje de forma planificada y duradera.
Las dataciones disponibles asociadas a los geoglifos indican que esta tradición comenzó unos siglos antes de la Era Cristiana y se extendió hasta alrededor del año 1000 d.C., en diferentes fases de ocupación del territorio.
Después de este período, a partir del siglo 13, ganaron protagonismo los llamados mounds, pequeños montículos artificiales que funcionaban como núcleos de aldeas y puntos de irradiación de caminos en nuevas formas de organización territorial.
Lidar puede revelar nuevas estructuras escondidas por la selva
Casi la mitad de las carreteras identificadas aún no presentan un destino evidente en las imágenes analizadas, lo que mantiene abierta la función de muchos caminos e indica que la red antigua podría haber sido más compleja de lo que se sabe hoy.
Estas vías podrían haber llevado a áreas de cultivo, puntos de recolección o lugares actualmente cubiertos por la selva, pero esta función no ha sido confirmada con seguridad y sigue tratada como hipótesis dependiente de nuevas evidencias.
Por esta razón, el estudio presenta estos caminos como parte de una red aún incompleta, cuya interpretación exige el cruce entre imágenes, excavaciones, dataciones y nuevas tecnologías capaces de revelar marcas escondidas bajo la vegetación.
Alceu Ranzi afirmó a la Folha que “cuanto más avanzan la tecnología y las observaciones, más vamos percibiendo la presencia de carreteras y caminos y la conexión entre ellos y los monumentos”.
La declaración resume el papel de las herramientas de teledetección en la revisión de la idea de una Amazonía antigua poco modificada por sociedades humanas, especialmente en regiones donde la selva volvió a cubrir antiguas estructuras.
Entre los recursos más prometedores está el Lidar, tecnología basada en pulsos de láser capaces de atravesar la cobertura vegetal y revelar alteraciones en el relieve bajo la selva sin depender de la remoción de la vegetación.
Como parte de las estructuras conocidas solo apareció tras la deforestación, el método puede identificar caminos y geoglifos aún escondidos por el dosel, ampliando el mapa arqueológico del Acre sin exigir nuevas aperturas en la selva.
La investigación refuerza que el actual territorio acreano preserva marcas de sociedades indígenas capaces de planear caminos, erigir estructuras monumentales y conectar diferentes áreas por tierra y por ríos a lo largo de varios siglos.
Más que vestigios aislados, las carreteras precolombinas del Acre indican un paisaje construido en capas, en el cual circulación, ceremonia y organización territorial formaban parte de un mismo sistema social y ambiental.

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