Sedimentos retirados de la Antártida revelaron un bosque de 90 millones de años cerca del Polo Sur, en un mundo sin hielo y con CO2 extremo.
Hoy cubierta por una capa de hielo que en algunos puntos supera los 4 kilómetros de espesor, la Antártida es el continente más frío, seco e inhóspito de la Tierra. Pero un núcleo de sedimentos extraído del fondo del mar reveló que este paisaje ya fue completamente diferente. Hace unos 90 millones de años, durante el período Cretácico, un bosque pantanoso prosperaba cerca del Polo Sur.
El descubrimiento fue realizado por un equipo internacional liderado por el Alfred Wegener Institute, de Alemania, tras el análisis de sedimentos recolectados en el Mar de Amundsen, en la Antártida Occidental. El material contenía raíces fosilizadas, polen, esporas y restos de suelo preservados de forma tan excepcional que los investigadores lograron reconstruir un ambiente similar a un bosque templado húmedo en una región que actualmente permanece congelada todo el año.
Raíces fosilizadas encontradas bajo el fondo del mar revelaron un bosque preservado cerca del Polo Sur durante el Cretácico
El descubrimiento ocurrió durante una expedición del barco de investigación Polarstern, que perforó sedimentos cerca del glaciar Pine Island, una de las áreas más vulnerables de la Antártida actual. Los investigadores recuperaron un núcleo de aproximadamente 30 metros de longitud.
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Lo que llamó la atención inmediatamente fue la coloración inusual de una capa ubicada en la parte inferior del testimonio. Cuando el material pasó por tomografías computarizadas, los científicos encontraron una red extremadamente densa de raíces fosilizadas esparcidas por todo el sedimento.
Además de las raíces, análisis microscópicos revelaron gran cantidad de polen, esporas y biomarcadores vegetales. Los vestigios confirmaron que aquella región albergaba un bosque pantanoso desarrollado, algo considerado prácticamente imposible para las condiciones actuales de la Antártida.
El bosque crecía a unos 900 kilómetros del Polo Sur y sobrevivía a meses de oscuridad continua
Durante el Cretácico medio, la Antártida ocupaba una posición similar a la actual y el área estudiada estaba ubicada a aproximadamente 900 kilómetros del Polo Sur. Esto significa que las plantas enfrentaban largos períodos sin luz solar durante el invierno polar.
Aun así, los datos indican que la región tenía una temperatura media anual cercana a 12°C, un valor sorprendentemente alto para un área polar. Según los investigadores, ríos, pantanos y vegetación densa dominaban el paisaje.

Los científicos creen que el bosque estaba compuesto principalmente por coníferas, helechos y otras plantas adaptadas a ambientes extremadamente húmedos. El escenario probablemente recordaba algunos bosques pantanosos modernos encontrados en regiones templadas.
Modelos climáticos mostraron que la Antártida necesitaba un efecto invernadero colosal para sostener árboles en esa latitud
Tras identificar los restos vegetales, el equipo utilizó modelos climáticos para entender cómo un bosque podría sobrevivir tan cerca del Polo Sur. Los resultados mostraron que las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono necesitaban ser mucho mayores que las estimaciones utilizadas anteriormente para el período.
Según los experimentos climáticos, serían necesarios niveles entre aproximadamente 1.120 y 1.680 partes por millón (ppm) de CO2 para reproducir las temperaturas encontradas por los investigadores.
Para comparación, la concentración actual de dióxido de carbono en la atmósfera supera 420 ppm. Aunque está muy por debajo de los valores estimados para aquel período, sigue siendo una de las más altas registradas en la historia reciente de la humanidad.
En la época del bosque polar, la Antártida no poseía capa de hielo y el planeta era radicalmente diferente
Los investigadores concluyeron que el bosque solo podría existir porque la Antártida aún no poseía una gran capa permanente de hielo. El continente formaba parte de un mundo conocido como “Tierra invernadero”, cuando el clima global era mucho más cálido que el actual.
Durante el Cretácico, los océanos presentaban niveles significativamente más elevados y vastas áreas continentales estaban cubiertas por mares poco profundos. Las regiones polares tenían temperaturas mucho más templadas y no existían casquetes polares similares a los actuales.
Los registros geológicos indican que la glaciación antártica solo comenzó decenas de millones de años después, entre aproximadamente 60 y 45 millones de años atrás, intensificándose alrededor de 34 millones de años atrás.
El bosque perdido de la Antártida se convirtió en una de las evidencias más impresionantes de un planeta capaz de funcionar en estados climáticos extremos
Para los investigadores, el núcleo extraído del Mar de Amundsen representa una de las evidencias directas más importantes ya encontradas sobre los ambientes polares del Cretácico. Antes de este descubrimiento, prácticamente no existían registros climáticos confiables de regiones tan cercanas al Polo Sur para ese período.
El hallazgo también mostró que bosques densos lograron sobrevivir en un lugar sometido a meses de oscuridad continua, algo que desafía la percepción moderna sobre los límites ecológicos de las plantas.
Hoy, bajo kilómetros de hielo, la Antártida guarda vestigios de un mundo que parece pertenecer a otro planeta: un paisaje de árboles, raíces, pantanos y vegetación exuberante creciendo cerca del Polo Sur en una época en que el continente blanco aún era verde.


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