Nuevos datos de satélite de la NASA muestran que la Ciudad de México se hunde 24 cm por año. Entienda cómo el agotamiento de acuíferos está cambiando el paisaje de la metrópolis.
El suelo bajo una de las mayores metrópolis del mundo está cediendo a una velocidad que ya puede ser monitoreada con precisión milimétrica por radares espaciales. Datos recolectados entre finales de 2025 y principios de 2026 por el satélite NISAR, fruto de una cooperación entre la NASA e India (ISRO), revelan que la Ciudad de México se está hundiendo aproximadamente 2 centímetros cada 30 días en sus puntos más críticos.
El fenómeno, que ya acumula un descenso de más de 12 metros en menos de un siglo, es provocado por la compactación de las capas de tierra tras la extracción intensiva de agua de los reservorios subterráneos para abastecer a los 22 millones de habitantes de la región.
Tecnología espacial monitorea el hundimiento de la Ciudad de México
La gravedad del colapso del terreno fue mapeada por sensores avanzados de banda L y banda S, capaces de detectar variaciones en la superficie incluso a través de vegetación densa.
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Este nuevo mapa de subsidencia (término que designa el hundimiento del suelo) destaca manchas en azul oscuro sobre barrios donde el suelo desciende más de 24 centímetros anualmente.
Por otro lado, la misión NISAR no solo sirve para fines urbanos; también monitorea el deshielo de los casquetes polares y el estado de los bosques globales.
En el caso mexicano, la tecnología confirmó que el descenso no es uniforme, afectando con más fuerza áreas construidas sobre sedimentos blandos de antiguos lagos.
Así, el satélite se convirtió en una herramienta vital para identificar qué infraestructuras corren riesgo inminente de daños estructurales graves debido a la inestabilidad del terreno.

El paradoja de los escalones y la herencia lacustre
La arquitectura de la capital es el reflejo más evidente de que la Ciudad de México se está hundiendo de forma continua.
Un ejemplo emblemático es el monumento del Ángel de la Independencia, en el Paseo de la Reforma, inaugurado en 1910.
Mientras la columna permanece estable por estar fijada en capas profundas, el terreno circundante desciende tanto que, a lo largo de los años, fue necesario construir 14 escalones extras para que la población siguiera teniendo acceso a la base de la estructura.
Además, el escenario de crisis es un reflejo directo del pasado geográfico de la región:
- Fundación sobre el agua: La ciudad ocupa el antiguo lecho seco de lagos, como Texcoco y Chalco.
- Canales extintos: Calles del centro histórico ya fueron canales navegables en el pasado.
- Ecosistemas en riesgo: Regiones húmedas remanentes, como el Lago Nabor Carrillo, aún albergan al ajolote, especie amenazada por la degradación del suelo.
- Compactación irreversible: A medida que el agua es extraída del acuífero para consumo, el suelo se comprime y pierde su volumen original.
Monumentos históricos e infraestructura bajo amenaza
Los efectos del hundimiento no perdonan ni el patrimonio cultural ni los servicios esenciales.
La Catedral Metropolitana, cuya construcción se remonta al siglo XVI, ya exhibe inclinaciones que pueden ser notadas por cualquier visitante.
Además, puntos estratégicos para la economía y el transporte, como el aeropuerto principal de la ciudad, también figuran entre las áreas de mayor riesgo detectadas por los radares de la NASA.
La extracción de agua subterránea crea un ciclo peligroso: cuanto más crece la ciudad, mayor es la demanda hídrica y, consecuentemente, más rápido cede el suelo.
Por lo tanto, la crisis hídrica crónica que enfrentan los mexicanos no es solo una cuestión de desabastecimiento, sino una amenaza directa a la integridad física de edificios y sistemas de transporte.
Los datos más recientes del satélite NISAR, obtenidos entre octubre de 2025 y enero de 2026, sirven como una alerta final sobre la necesidad de cambios drásticos en la planificación urbana.
Además de exponer la fragilidad del suelo, las imágenes resaltan que la gestión hídrica actual es insostenible a largo plazo.
Mientras tanto, la tecnología sigue proporcionando herramientas para que ingenieros y geólogos intenten predecir dónde ocurrirán las próximas grietas en acueductos o vías de metro.
Con información de g1

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