La OMM alerta que el calor de hasta 50°C puede volverse más frecuente en 2026, con riesgo para la salud, la energía y las ciudades sin preparación para noches calurosas.
En 2025, la Organización Meteorológica Mundial publicó un nuevo marco global para la gobernanza del calor extremo, acompañado de alertas directas sobre la intensificación de este fenómeno a escala mundial. Según la secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, las temperaturas superiores a 40°C y hasta 50°C ya han dejado de ser eventos raros en varias regiones del planeta, señalando un cambio estructural en el comportamiento climático.
Esta alerta cobra aún más peso al entrar en 2026, año que ya aparece en previsiones globales como parte de una secuencia de períodos con temperaturas elevadas. La OMM no trata el calor solo como un evento climático, sino como un riesgo sistémico que afecta la salud pública, la infraestructura urbana, la productividad y la seguridad energética.
La principal preocupación no está solo en los picos de temperatura, sino en la duración y repetición de los eventos, que pueden transformar episodios puntuales en crisis prolongadas.
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Temperaturas entre 40°C y 50°C pasan a integrar el nuevo patrón de extremos en varias regiones del planeta
Históricamente, las temperaturas superiores a 40°C eran consideradas eventos excepcionales, restringidos a regiones desérticas o a episodios aislados. Sin embargo, según la OMM, este escenario ha cambiado.
Hoy, estos niveles de calor están siendo registrados con mayor frecuencia en diferentes partes del mundo, incluyendo regiones urbanizadas y áreas que no tenían historial de extremos tan intensos.
El dato más crítico es la presencia de picos cercanos o superiores a 50°C en determinadas regiones durante eventos extremos, lo que representa un límite fisiológico peligroso para el cuerpo humano.
Este nuevo patrón climático aumenta la probabilidad de olas de calor más severas y más amplias, afectando simultáneamente diferentes continentes.
Olas de calor prolongadas aumentan el riesgo de colapso en sistemas de salud y atención de emergencia con calor de hasta 50°C
La OMM destaca que el calor extremo es una de las amenazas climáticas más mortales, aunque a menudo invisible. A diferencia de desastres naturales como inundaciones o huracanes, el calor causa impactos progresivos, afectando principalmente a poblaciones vulnerables.

Los hospitales y servicios de emergencia son directamente presionados durante olas de calor prolongadas, con aumento de casos de deshidratación, insolación, agravamiento de enfermedades cardiovasculares y respiratorias.
El riesgo se intensifica cuando:
- Las temperaturas permanecen elevadas durante varios días seguidos
- Las noches no ofrecen alivio térmico
- La población no tiene acceso adecuado a refrigeración
Este escenario puede llevar al aumento significativo de la mortalidad, especialmente entre ancianos, niños y personas con enfermedades crónicas.
Noches calurosas se convierten en un factor crítico e impiden la recuperación del cuerpo humano
Uno de los puntos más preocupantes destacados por la OMM es el aumento de las temperaturas mínimas durante la noche. En condiciones normales, el cuerpo humano se recupera del calor durante el período nocturno, cuando la temperatura ambiente tiende a bajar.
No obstante, en escenarios de calor extremo prolongado, las noches permanecen cálidas, impidiendo este proceso de recuperación fisiológica.
Este fenómeno se considera uno de los principales factores de riesgo en olas de calor, ya que:
- Aumenta el estrés térmico acumulado
- Reduce la calidad del sueño
- Compromete la capacidad del cuerpo para regular la temperatura
Sin alivio nocturno, el impacto del calor deja de ser puntual y pasa a ser continuo, elevando significativamente los riesgos para la salud.
Las redes eléctricas enfrentan sobrecarga con el aumento de la demanda de refrigeración
Otro efecto directo del calor extremo es la presión sobre los sistemas de energía. El aumento de las temperaturas lleva a una elevación significativa en el uso de aire acondicionado, ventiladores y sistemas de refrigeración.
Este aumento simultáneo de demanda puede sobrecargar redes eléctricas, especialmente en regiones con infraestructura limitada o ya operando cerca del límite. En casos extremos, esto puede resultar en:
- Cortes de energía
- Interrupciones en el suministro
- Compromiso de servicios esenciales
La situación se vuelve aún más crítica cuando ocurre en paralelo con temperaturas elevadas, creando un escenario de vulnerabilidad urbana.
Trabajadores expuestos al calor enfrentan riesgos directos a la salud y a la productividad
La OMM también alerta sobre el impacto del calor en los trabajadores, especialmente aquellos que laboran al aire libre o en ambientes sin climatización adecuada.
Sectores como la construcción, agricultura, logística e industria están entre los más vulnerables, con trabajadores expuestos a condiciones de calor intenso por largos períodos.
Los efectos incluyen:
- Reducción de la productividad
- Aumento del riesgo de accidentes
- Problemas de salud relacionados con el calor
A escala global, este impacto ya se trata como un problema económico relevante, afectando cadenas productivas y rendimiento de actividades esenciales.
Ciudades sin planificación térmica enfrentan riesgo ampliado con efecto de isla de calor urbano
Los entornos urbanos son particularmente vulnerables al calor extremo debido al llamado efecto de isla de calor. Materiales como el concreto y el asfalto absorben y retienen calor, elevando las temperaturas locales en relación a áreas rurales.
Este fenómeno puede intensificar aún más las olas de calor previstas para 2026, especialmente en ciudades con poca vegetación, alta densidad poblacional y baja ventilación natural. Además, las áreas urbanas concentran poblaciones mayores, lo que amplifica el impacto social del calor extremo.
Calor extremo ya es tratado como amenaza global con impactos económicos y sociales amplios
La OMM clasifica el calor extremo como una de las amenazas climáticas más peligrosas de la actualidad, con impactos que van más allá de la salud.
El fenómeno afecta directamente la economía, la infraestructura y la calidad de vida, creando desafíos para los gobiernos y los sistemas urbanos.
Entre los impactos observados están:
- Pérdida de productividad
- Aumento de costos de energía
- Presión sobre los sistemas de salud
- Riesgos para la seguridad alimentaria
Estos factores convierten el calor extremo en un problema complejo, que exige planificación y respuesta coordinada.
2026 entra en el radar como año de riesgo elevado dentro de una tendencia global de calentamiento
La alerta de la OMM para 2026 debe ser interpretada dentro de un contexto más amplio de calentamiento global. En los últimos años, el planeta ha registrado temperaturas elevadas de forma consistente, aumentando la probabilidad de eventos extremos.
Este historial reciente refuerza el escenario de riesgo para 2026, con mayor probabilidad de olas de calor más frecuentes e intensas. Aunque las previsiones climáticas no determinan eventos específicos, el patrón global apunta a un ambiente cada vez más propicio para el calor extremo.
¿Qué piensas sobre el riesgo de que el calor extremo se convierta en parte de la rutina global en los próximos años?
La alerta de la Organización Meteorológica Mundial coloca el calor extremo como uno de los principales desafíos climáticos actuales. Más que episodios aislados, el fenómeno pasa a ser visto como una tendencia con impacto directo en la vida cotidiana.
Ante este escenario, la cuestión central es directa: ¿está el mundo preparado para enfrentar un futuro en el que las temperaturas extremas y las olas de calor prolongadas se vuelven cada vez más frecuentes?

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