Alerta científico reaviva el temor nuclear global, señala el deterioro de tratados, el aumento de tensiones entre potencias y el avance de la inteligencia artificial como factores de riesgo creciente para la humanidad en las próximas décadas.
El físico estadounidense David Gross, ganador del Premio Nobel de Física en 2004, afirmó que la humanidad podría no superar los próximos 50 años si se mantienen los riesgos actuales que implican la guerra nuclear, la carrera armamentista, la fragilidad de los tratados internacionales y el avance acelerado de las tecnologías militares automatizadas.
Al abordar el tema, Gross mencionó que una estimación anual del 2% de probabilidad de guerra nuclear implicaría una expectativa aproximada de 35 años hasta la ocurrencia de un evento de esa magnitud, considerando modelos probabilísticos similares a los utilizados en otras áreas científicas.
A pesar de ello, el propio científico ponderó que el cálculo no debe interpretarse como una predicción precisa, sino como un indicativo relevante del deterioro del escenario global, especialmente ante la combinación de inestabilidad política, conflictos regionales y la ausencia de nuevos acuerdos internacionales.
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“No creo que sea una estimación rigurosa”, dijo Gross al comparar el momento actual con el período posterior a la Guerra Fría, cuando las evaluaciones indicaban un riesgo anual en torno al 1%, considerado menor en relación con el ambiente geopolítico contemporáneo.
Según la lectura del físico, las últimas tres décadas estuvieron marcadas por transformaciones que ampliaron las tensiones entre potencias y redujeron los mecanismos de control, lo que contribuye a un ambiente más impredecible y potencialmente más peligroso que el observado a finales del siglo pasado.
Reconocido internacionalmente, Gross recibió el Nobel por contribuciones fundamentales a la comprensión de la fuerza nuclear fuerte, uno de los pilares del Modelo Estándar de la física de partículas, lo que refuerza el peso de sus declaraciones en el debate científico y político.
El riesgo de guerra nuclear vuelve al centro del debate global
En medio de este escenario, crece la atención internacional sobre el riesgo nuclear, que ha vuelto a ocupar un espacio relevante en las discusiones estratégicas después de un período de relativa reducción de tensiones entre las grandes potencias a lo largo de las décadas posteriores al fin de la Guerra Fría.
En este contexto, el **Reloj del Juicio Final** fue ajustado, en enero de 2026, a **85 segundos antes de la medianoche**, alcanzando el punto más cercano jamás registrado desde su creación en 1947, como indicador simbólico de amenazas globales.
A diferencia de una predicción literal, el reloj funciona como un parámetro que expresa el grado de vulnerabilidad de la humanidad ante los riesgos producidos por acciones humanas, incluyendo armas nucleares, cambios climáticos, biotecnología y sistemas basados en inteligencia artificial.
Según la entidad responsable, el reciente agravamiento refleja la postura más asertiva de las grandes potencias, el aumento de la competencia estratégica y la creciente dificultad de coordinación internacional en temas considerados críticos para la seguridad global.
El fin de los tratados nucleares amplía la incertidumbre entre potencias
Entre los factores destacados por los especialistas, la pérdida de acuerdos de control nuclear aparece como un elemento central para la elevación del riesgo percibido en el escenario internacional contemporáneo, especialmente por la ausencia de nuevos mecanismos de contención.
En este sentido, el tratado **New START** dejó de estar en vigor el **5 de febrero de 2026**, poniendo fin al último acuerdo bilateral relevante entre Estados Unidos y Rusia destinado a la limitación de arsenales nucleares estratégicos y al mantenimiento de la previsibilidad entre ambas potencias.
Mientras estuvo en vigor, el tratado establecía límites objetivos para ojivas y sistemas de lanzamiento, además de permitir cierto nivel de transparencia, factores considerados esenciales para reducir incertidumbres y evitar escaladas no intencionales.
Con el fin de este tipo de instrumento, aumenta la posibilidad de una nueva carrera armamentista, un escenario que preocupa a los analistas por ampliar la cantidad de armas disponibles y reducir los mecanismos de confianza mutua entre países con gran capacidad militar.
Además, Gross llamó la atención sobre la complejidad actual del sistema internacional, en el que múltiples países poseen armamento nuclear, lo que dificulta y fragmenta las negociaciones en comparación con el contexto bipolar que marcó la Guerra Fría.
La inteligencia artificial amplía los riesgos estratégicos militares
Otro punto relevante planteado por el físico involucra el papel creciente de la tecnología en decisiones militares, especialmente con la incorporación de sistemas automatizados en estructuras estratégicas sensibles y potencialmente decisivas.
Según esta evaluación, el uso de inteligencia artificial en comandos, monitoreo y respuestas puede introducir nuevos tipos de riesgo, sobre todo cuando las decisiones pasan a depender de algoritmos sujetos a fallas, interpretaciones equivocadas o limitaciones técnicas.
Expertos también advierten que la velocidad de desarrollo de estas herramientas supera, en muchos casos, la capacidad de regulación internacional, lo que amplía la incertidumbre sobre cómo estas tecnologías podrán ser utilizadas en escenarios de conflicto.
En este ambiente, crece la preocupación por posibles errores de cálculo, fallas de comunicación o respuestas automatizadas que podrían escalar crisis rápidamente, incluso en ausencia de intención directa de confrontación entre las partes involucradas.
La diplomacia y la disuasión aún limitan los conflictos directos
A pesar de la elevación de las tensiones, la lógica de la disuasión nuclear sigue siendo un elemento relevante en la contención de confrontaciones directas entre potencias que poseen arsenales capaces de causar destrucción a gran escala.
De esta forma, los países tienden a evitar enfrentamientos directos, optando por estrategias indirectas que incluyen apoyo a aliados, sanciones económicas, disputas regionales y otras formas de presión que no involucran un enfrentamiento nuclear inmediato.
Aun así, los analistas señalan que la creciente fragilidad del multilateralismo reduce los espacios de negociación y dificulta la construcción de consensos, lo que puede aumentar el riesgo de errores estratégicos en momentos de crisis.
Sin mecanismos sólidos de diálogo y control, la previsibilidad disminuye y el ambiente internacional se vuelve más susceptible a decisiones unilaterales con potencial de generar consecuencias amplias y difíciles de contener.
Al abordar este escenario, Gross defendió la reanudación de canales de diálogo entre países como forma de reducir riesgos, destacando que la cooperación internacional permanece como uno de los principales instrumentos disponibles para evitar escaladas peligrosas.
La alerta presentada refleja, por lo tanto, una lectura basada en probabilidades y en el análisis del contexto actual, caracterizado por la combinación de armamentos disponibles, avances tecnológicos rápidos y el debilitamiento de estructuras internacionales orientadas a la seguridad global.

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