Estudios demuestran que las turbinas eólicas no causan enfermedades, pero el efecto nocebo genera síntomas reales y ya impacta proyectos multimillonarios.
Según Science Feedback, no existen evidencias científicas de que el infrasonido emitido por las turbinas eólicas cause ningún daño a la salud humana. Estudios controlados no han identificado una relación entre las ondas sonoras de baja frecuencia y síntomas como trastornos del sueño, dolores de cabeza, náuseas o cualquier otro efecto frecuentemente reportado por residentes de zonas cercanas a parques eólicos.
Lo que la literatura científica ha encontrado, en diversos estudios de doble ciego realizados en diferentes países, es un fenómeno distinto: evidencias consistentes de que el miedo a enfermar, amplificado por la desinformación, puede generar síntomas físicos reales en individuos sanos.
El llamado “síndrome de la turbina eólica” no está reconocido por ninguna organización médica internacional. Sin embargo, sus efectos sociales y económicos son concretos: proyectos cancelados, inversiones interrumpidas y comunidades afectadas por síntomas inducidos por la expectativa.
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La diferencia entre sonido audible e infrasonido explica por qué las turbinas producen ruido sin causar impacto fisiológico
Las turbinas eólicas producen dos tipos distintos de sonido. El primero es el sonido audible, generado por el movimiento de las aspas. A distancias típicas de instalación, entre 300 y 500 metros, este ruido varía entre 35 y 45 decibelios, equivalente a una conversación en voz baja o al ambiente de una biblioteca. Este nivel sonoro está regulado por normativas internacionales y se considera seguro.
El segundo tipo es el infrasonido, compuesto por ondas de frecuencia inferior a 20 Hz, que no son percibidas por el oído humano.
Este tipo de sonido está presente en diversas situaciones cotidianas, como el viento, el tráfico, los sistemas de ventilación e incluso en procesos fisiológicos del cuerpo humano.
La cuestión central investigada por la ciencia es si este infrasonido, en las intensidades producidas por las turbinas, causa efectos medibles en el organismo. La respuesta encontrada en múltiples estudios es consistente: no los causa.
Experimento de doble ciego con exposición prolongada al infrasonido no identificó ningún efecto fisiológico relevante
En 2023, investigadores del Instituto Nacional de Investigación Acústica de Australia publicaron uno de los estudios más rigurosos jamás realizados sobre el tema.
El experimento utilizó un diseño de doble ciego aleatorizado, considerado el estándar de oro en la investigación científica.
Treinta y siete participantes fueron expuestos durante períodos de 72 horas a tres condiciones diferentes: infrasonido real de turbinas, infrasonido falso y ruido de tráfico.
Durante el experimento, se monitorearon parámetros como la calidad del sueño, la frecuencia cardíaca, la presión arterial, los niveles de cortisol, el rendimiento cognitivo y la percepción de síntomas.
El resultado fue inequívoco: el infrasonido no causó ninguna alteración significativa en ninguno de los indicadores evaluados. El único factor que impactó el sueño fue el ruido audible del tráfico, no el infrasonido.
Estudios independientes confirman la ausencia de impacto del infrasonido en la cognición, el estrés y el rendimiento mental
En 2025, un estudio realizado en Polonia con 45 voluntarios reforzó los resultados anteriores. Utilizando electroencefalografía y pruebas cognitivas, los investigadores no encontraron diferencias entre los individuos expuestos al infrasonido, al ruido urbano o al silencio.
Los resultados indican que no hay un impacto medible sobre el estrés, la atención o la capacidad de razonamiento. La ciencia identifica el efecto nocebo como el principal mecanismo detrás de los síntomas reportados.
El nocebo es lo opuesto al placebo: mientras que el placebo genera una mejora a partir de expectativas positivas, el nocebo genera síntomas a partir de la expectativa de daño.
Cuando una persona cree que está expuesta a algo perjudicial, el cuerpo puede responder con cambios fisiológicos reales.
Estas respuestas incluyen un aumento del cortisol, alteraciones cardíacas, trastornos del sueño y una mayor sensibilidad al dolor. Los síntomas son reales, pero su origen no está en el agente físico, sino en la expectativa.
Experimentos demuestran que la información previa sobre riesgos determina la aparición o ausencia de síntomas
Investigaciones realizadas por la Universidad de Auckland demostraron de forma controlada el efecto de la expectativa.
Los participantes expuestos al mismo sonido presentaron respuestas completamente diferentes dependiendo de la información recibida previamente.
Los individuos informados sobre posibles riesgos reportaron síntomas, mientras que aquellos que recibieron información neutra o explicaciones científicas no presentaron cambios.
Cuando se explicó el mecanismo del nocebo a los participantes, los síntomas disminuyeron de forma significativa.
El origen del “síndrome de la turbina eólica” se encuentra en una publicación sin revisión científica y sin metodología reconocida
El concepto de “síndrome de la turbina eólica” fue introducido en 2009 por una médica en un libro basado en entrevistas con 38 personas. El material no pasó por una revisión por pares y no siguió protocolos científicos estandarizados.
Aun así, el término se difundió en comunidades y debates públicos, siendo utilizado como argumento en procesos judiciales y campañas de oposición.

Investigaciones periodísticas identificaron la actuación de grupos organizados en la difusión de información distorsionada sobre la energía eólica.
Estos grupos utilizan materiales que aparentan tener base científica, pero presentan datos fuera de contexto o interpretaciones incorrectas. La repetición de estas narrativas crea la percepción de consenso, incluso sin respaldo científico.
La cancelación de proyectos y las pérdidas económicas muestran el impacto real de un fenómeno basado en la percepción
El impacto de la desinformación y del efecto nocebo es medible. Cientos de municipios han adoptado restricciones a proyectos de energía renovable, a menudo basadas en alegaciones de salud sin respaldo científico.
Los proyectos se retrasan o cancelan, resultando en la pérdida de inversiones, el aumento de los costos energéticos y el mantenimiento de fuentes de energía más contaminantes.
Las investigaciones muestran una caída en el apoyo a proyectos eólicos en regiones donde las campañas de oposición se han intensificado. Este movimiento ocurre incluso en contextos donde no hay evidencia de un impacto negativo en la salud.
La explicación del efecto nocebo puede reducir los síntomas y mejorar la relación entre las comunidades y los proyectos energéticos
Estudios indican que informar correctamente a la población sobre el efecto nocebo puede reducir los síntomas percibidos.
La comunicación transparente, basada en evidencias científicas, se señala como una estrategia eficaz para mitigar conflictos. La evidencia científica apunta a que el impacto físico de las turbinas es limitado, mientras que el impacto psicológico puede ser significativo.
En su opinión, ¿el desafío está en la tecnología o en la forma en que es percibida por la sociedad?

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